• El único lugar de España donde se fabrican artesanalmente los abanicos es en Valencia.
  • Gran parte de los abanicos que existen y se distribuyen por el mundo están realizados de forma artesanal en Aldaia y el área metropolitana de Valencia, la única región de Europa donde todavía se conserva este oficio artesanal.
  • En la confección de los abanicos intervienen diversos artesanos (varillajero, calador, grabador, pintor, fondista, lacador, pulidor, entelador, puntillero, adornador y montador), bajo la coordinación del maestro abaniquero que proporciona el acabado final del producto.
  • En la actualidad existen cerca de 30 empresas de abanicos en activo, muchas de ellas integradas en la marca de calidad Abanicos Españoles Artesanos (AEA).
  • El sector productivo está agrupado en el Gremio de Maestros Abaniqueros de Valencia, con sede en Aldaia, que tiene más de 300 años de historia.

Existen numerosas referencias a la industria abaniquera valenciana, desde tiempos de Martín el Humano, quién pidió a la ciudad de Valencia que le enviase unos abanicos. Incluso se sabe que el abanico sería conocido en Valencia mucho antes de que naciera su industria abaniquera. Sus formas extravagantes y curiosas se ven reflejadas en ejemplos como los ventalls, unos abanicos de una sola pieza sin poderse abrir ni cerrar para, principalmente, avivar el fuego y que todavía a día de hoy pueden verse en numerosas casas que aún dispongan de chimenea, por ejemplo.

Pero antes de que naciera como industria en aquella Valencia antigua, la competencia extranjera y exportadora, principalmente la francesa e italiana, ya daba para pensar de que aquellos productos importados frenaban el comercio local y había que hacer algo, bien por medio de aranceles, tomar alguna decisión para empujar el arranque de una industria o de una posible regulación.


Sin duda fueron los abanicos procedentes de Italia y Francia los que obligaron a los Reinos de Castilla y Valencia a tomar medidas. Medidas como la de Carlos II “El hechizado” en 1679 a limitar la entrada de abanicos procedentes de estos países o como la impuesta en 1680 un 20 de diciembre en el Regne de Valencia.

De esto último se hace constar un escrito para los precios que se habían de estimar en la aduana (texto de Vicent Cabrera, 1681):

“Tarifa de les mercaderíes de transit.

Abanitos de tafetá, ab les cañetes de biombo a vint reals cada hú, dos lliures. Abanitos de cabritilla ab les cañetes de marfil  y concha, quatre lliures. Abanitos de espejuelos ab les cañetes de marfil, cinch lliures.”

Así pues, por diversos motivos, entre los que os hemos comentado, se buscó la manera de organizarse para facilitar el trabajo de un oficio que necesitaba regulación urgente para defender los intereses profesionales, en este caso de los maestros artesanales abaniqueros.

Nació, así, el Gremio de Maestros abaniqueros de Valencia en el año 1715. Hasta entonces, en el siglo XVII, tanto en Madrid como en Sevilla y otras ciudades españolas, se encontraban artesanos de abanicos. Gracias a este hecho, en el siglo XVIII, Valencia se consolida como centro productor de la península, donde la cultura y tradición que el sector del abanico estaban tomando forma desde la creación del gremio de artesanos abaniqueros.

Fue sin duda, con la llegada de la Revolución Industrial, un hecho el que impulsó a esta industria moderna. Fue en el año de 1802, año el que se creó la Real Fábrica de Abanicos de Valencia que estaba instalada en la Plaza de Cajeros. Fundada pocos años anteriores, en el siglo XVIII, le fue concedido en 1797 a Don Josep Erans y Nicolau el privilegio de ostentar el escudo real en la fábrica. Con esta denominación aparece en una relación de las fiestas que la ciudad de Valencia celebró en 1802, con motivo de la visita de Carlos IV de España y María Luisa de Parma.

La industria valenciana abaniquera fue sin duda alguna muy importante desde la creación de la Real Fábrica, destacando a nivel europeo. Es por ello que empresarios venidos desde el extranjero, dos en concreto, y de Francia, con la esperanza de hacerse con el mercado español, se establecen en el año 1825 en Valencia cabreando a los maestros artesanos de aquel entonces.

Aquellos franceses eran Simonet y Coustellier. Este último, Fernando Coustellier, fue un abaniquero francés que hacia 1830 fundó una fábrica en Valencia, importando de Francia los varillajes y las planchas para decorar y montar los abanicos. Sus abanicos eran muy demandados por la nobleza de aquella época, que tenía muy en cuenta la industria francesa. A día de hoy muchos de estos abanicos están expuestos en el Museo Nacional del Romanticismo en Madrid. Se dice que de aquellos abanicos de “estilo francés”, por la época en la que se establecieron los franceses, sus varillajes se realizaban en la localidad de Aldaia, mucho antes de que naciera la industria en esta población.

Por su parte, Simonet, era un empresario importador de abanicos de la casa francesa Colambert, que trataba sobre todo establecer, y ejercer, presión sobre el gremio local. Cuando el gremio, impulsado por la presión de importantes empresarios valencianos de la industria abaniquera (Mateu, Puchol, Baltasar Talamantes, Chafarandes, etc.), no tuvo más remedio que recurrir a Fernando VII para tratar de frenar a Simonet y Fernando Coustelier, los empresarios “hambrientos” franceses.

Pero lo que sin duda marcó un antes y un después de aquella guerra de competencias, fue la fabrica del alicantino José Colomina Arquer (1809-1875). Aquel hombre valenciano tuvo el “Real” honor de ser proveedor de la Casa Real a través de Isabel II, hecho que fue la culminación de, por fin, colocar a la industria valenciana del abanico donde se merecía.

La Reina Isabel II posando con un abanico. Fuente: mrsgofansgo.files.wordpress.com

La Reina Isabel II posando con un abanico de José Colomina Arquer. Fuente: mrsgofansgo.files.wordpress.com

Colomina Arquer recibió entre el 1871 y 1873 el título de Marqués de Colomina, que fue impuesto durante el corto reinado de Amadeo I de España. A día de hoy todavía perduran talleres importantes de aquella época de oro y Real, talleres como Tior, Montaignal o Martí, que sin embargo sigue siendo especial por las características de poseer la industria artesanal concentrada en nuestra Comunidad y de poseer el único museo del mundo dedicado a este noble arte, el del abanico.

Y antes de despedirnos, no podemos olvidarnos de la que es “la cuna del palmito”, que además posee el único museo del mundo dedicado de manera exclusiva al abanico: Aldaia.

No fue hasta finales del siglo XIX cuando en Aldaia nacería la industria importante que ahora dispone el honor de ser la “cuna del palmito”, y que a día de hoy concentra la importante producción del abanico valenciano. Fue gracias al trabajo, y experiencia, durante décadas de los maestros artesanales para otras empresas que habían ya en el Cap i Casal, como así se hace constar en los archivos de la actual fábrica de Abanicos Andrés Pascual.

Incluso en Aldaia se daría el hecho de ser pionera en la aplicación de la pistola aerográfica, un nuevo método aplicable con la llegada de las nuevas tecnologías y que fue gracias a Salomón Tàrrega. Y es que la historia del abanico ligada a este lugar da para mucho de qué hablar.

Así que cuando tengáis calor y “la suerte” de abanicaros, pensad que “muy probablemente”, a no ser de que sea chino, ese abanico sea de la terreta.

0009 (1)

Abaniqueros de Aldaia

0010 (2)

Abaniqueros de otros municipios valencianos

Para más estudio y detalles, consultar el siguiente libro.

Fuente: www.casadellibro.com

Fuente: www.casadellibro.com

 

Fuentes:

– La Industria Abaniquera en Valencia, libro escrito por Juan Reig y Flores

– todoabanicos.com

– Ruta dels palmiters d´Aldaia (MUPA).

– es.globedia.com

– L´invenció de l´economia a la ciutat de València (1680 – 1700). Joaquim E. López i Camps (Universitat de València)

– El abanico español. La colección del Marqués de Colomina. Museo Nacional de Cerámica de Artes Santurias González Martí.

– Anecdotario histórico valenciano, Mª Francisca Olmedo de Cerdá.

 

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