• La historia de Gestalguinos comienza justo el año que muere Franco. Un pequeñito local con solera donde parece haberse detenido el tiempo. Durante 43 años años, ha sabido sobrevivir, y de qué manera, con sus propuestas culturales entre copas, con exposiciones, conciertos, jams -muy recomendadas- o noches de micro abierto.

En los bajos de un edificio de Valencia de 1900, en carrer del Poeta Liern nº33, muy cerquita de la plaça de Sant Bult, se encuentra un pequeñito y curioso local con solera y mucho encanto, casi escondido y desapercibido. Hablamos de la Sala Gestalguinos, un superviviente de la noche valenciana y de la época dorada de las tascas, un lugar donde parece haberse detenido el tiempo.

Para muchos, Gestalguinos está considerado como un punto imprescindible de reunión de artistas, uno de los mejores lugares para escuchar jazz, sobre todo, o flamenco en directo, y con una acústica envidiable. De obligada visita.


En nuestra cita para conocerlo, un miércoles, pudimos ver en directo el arte flamenco de diversos cantaores. Y que asistiéramos ese día fue gracias a Amaro -cantaor flamenco de Granada- y Marc Pérez -alias Tomateko-, quienes nos invitaron y recomendaron enormemente ir.

Tras disfrutar un rato de la música en directo, y de una cerveza mientras veíamos cómo se fusionaba la música con el arte de otras personas -como el de una mujer dibujando lo que allí estaba ocurriendo-, entrevistamos a los dueños.

La historia de este rincón, como tal, comienza en el año 75, momento en el que La Paca -su dueña, que amablemente nos cuenta con cariño los orígenes-, inicia su andadura en tiempos difíciles, el mismo año en que muere Franco y España comienza su camino hacia la Transición. Dos años después, en el 77, reforma por completo el local, el cual estaba al nivel de la calle antes de realizar las obras.

Allí pone todo su amor y cariño para sacar a su familia adelante, sobre todo en el bello tirador de cerveza que ahí sigue desde el 77 sirviendo cañas. Un rincón que ella define como lugar de encuentro, café-cultural y rincón donde expresar el arte, en todas sus facetas, de manera relajada, entre copas. Nos cuenta también que además de las jams, allí se hacen torneos de ajedrez, y que el local, como percibimos, es de un ambiente muy familiar y de calidad, donde se respira un buen rollo y donde la gente que acude lo hace para escuchar, respetando a los artistas. “Trato de hacer sentir a la gente como en su casa. Aquí los que vienen se saludan y se despiden, es un sitio muy casolà, ambiente muy familiar. Con el paso del tiempo, aquí se han mezclado culturas y diferentes generaciones, algo muy interesante bajo un mismo denominador común: el respeto”, nos comenta La Paca. “Hace no mucho me preguntaron qué decoración ponía en Navidad. Contesté que la misma que en Fallas: ninguna. La gente, cuando pasa esa puerta, se deja el mundo fuera”. Nos recomienda venir, enormemente, los jueves. Según ella la jam de jazz es única, donde te sientas mezclado entre los músicos, algo impagable. 

Gestalguinos, Valencia. Foto valenciabonita.es

Gestalguinos, Valencia. Foto valenciabonita.es

Nos enseña la parte de arriba, con vigas de mobila, la cual se dedica a todo tipo de exposiciones y charlas. La curiosidad nos invade tras ver cartelería de otras épocas al subir las escaleras, y, casi sonriente y orgullosa, nos comenta que allí nació -mejor dicho, se gestó-, “el Día de la Foto” en Valencia, en el año 92.

Sin ninguna duda de los mejores lugares de Valencia. La atención magnífica, el lugar te hace entrar en una burbuja con un halo un tanto montañero, ya que tienen una chimenea de categoría. Digno de un refugio de lujo en mitad de la montaña. Muy de vez en cuando te encuentras con exposiciones, conciertos, jams o micro abierto. Ir al Gestalguinos a tomar una cerveza, un vasito de vino, o aire siempre merece la pena. Simplemente, me encanta.

 

Claudia Chinoise

Antes de marcharnos y darle las gracias, nos habla de un curioso retablo cerámico junto a la chimenea, donde puede verse a Vicente Doménech El Palleter algo distinto: la pajuela inflamable que sostiene -palleter, oficio que daría nombre a su apodo-, es de color morado. Nos comenta que fue en el 77 cuando le pide a un señor de Tavernes Blanques que hace reproducciones de cerámica de otros siglos -el cual tiene un horno de cocción y a dos estudiantes de Bellas Artes en su casita en la huerta cercana a una acequia-, que le haga dicho retablo pero con mencionado color. Imaginaos el porqué de ese color en un contexto y momento tan difícil de la historia de España. Una gozada verlo y saber su historia.

Gestalguinos, Valencia. Foto valenciabonita.es

Tras salir a la calle, y caminar hacia nuestro vehículo aparcado, nos damos cuenta de que La Paca tenía razón: la gente, cuando pasa esa puerta, se deja el mundo fuera. Volveremos, sin duda. 

 

 

 

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