• Castelló de Rugat, cuna de la alfarería y puerta del Benicadell, es un pueblo de la Vall d’Albaida por descubrir, con naturaleza, cultura y patrimonio.

Castelló de Rugat, también conocido como Castelló de las del Duc o de les Gerres en la antigüedad por su secular tradición en manufactura alfarera, es una pequeña población de unos 2.300 habitantes situada en la comarca de la Vall d’Albaida, provincia de Valencia, que cuenta con numerosas joyas únicas que la hacen digna de visita, tal y como pudimos comprobar en nuestro recorrido.

Hablamos de la bella calle de la Canyeta; los restos del castillo medieval (s. XIV – XVII) de los Bellvís y los Romeu, que fue convertido en palacio por los Borja de Gandía; una mezquita morisca clandesita que fue descubierta en los sótanos de una casa-palacio del centro histórico-siendo una de las pocas mezquitas que se han conservado en la Comunidad Valenciana junto con la de Simat y Chelva-; un cercano aljibe o cisterna medieval que corona el núcleo islámico, tendido a los pies del cerro de la ermita de San Antón (s. XVIII); la Iglesia de la Asunción, del s. XVIII y de estilo barroco; una balsa, lavadero y Fuente Mayor (1881); o un horno cerámico, denominado de la Gerreta, del s. XVIII, cercano a los tres antes mencionados, conformando todos ellos el tesoro patrimonial de este bello pueblo, tal y como podemos ver en su web oficial.


En orígen, Castelló de Rugat fue una populosa alquería musulmana (árabe andalusí Qashtilyûn; del latín Castellione), al pie de un castillejo emplazado donde ahora vemos la ermita de Sant Antoni. Castelló y otras alquerías de su actual término (El Rafalet, Lauro, Haulén, Sarrient, Esperanxo y Marxillent), dependían de la guarnición militar del castillo de Rugat (término de Aielo de Rugat).

Tenía una mezquita muy importante, con escuela y corte judicial, que ocupaba el solar de la actual iglesia (no se ha de confundir con la mezquita clandestina de los moriscos, del siglo XVI, todavía visitable). Hasta la expulsión de los moriscos, en 1609, destacaron los musulmanes castellonenses por producir aceite y trigo en el secano (el llamado Alfàs), productos hortícolas y tinajas de barro, de cuya tinajería se conserva el aljibe medieval, restaurado, al pie del altozano de la Ermita.

Con la conquista feudal, Jaime I preservó la zona de Castelló poblada de moros –una mano de obra imprescindible-, pero les embargó las tierras y las otorgó a caballeros y peones asentados en Xàtiva (1248-1249). En 1257 Al-Ázraq se apoderó del castillo de Rugat y de otros, en respuesta a la fundación de Bocairent y Alcoy (1256). Luego, se ofreció a pactar con el rey, pero en realidad le puso una emboscada (el hecho de Rugat) en la que algunos cristianos cayeron presos en la torre de Castelló. Jaime I lanzó una ofensiva contra el moro traidor (hasta obligarle a exiliarse a Granada), y dio tierras y casas a los hermanos Romeu y Joan Martí, custodios de Castellón durante la guerra (1258) y después. Ambos guerreros se obligaron a mantener en la fortaleza un número determinado de soldados y de perros, como era costumbre.

Calle de la Canyeta, Castelló de Rugat. Foto valenciabonita.es

Vistas, desde la ermita, de Castelló de Rugat. Foto valenciabonita.es

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Si os preguntáis dónde comer bien en la población, nosotros lo hicimos por recomendación de los vecinos en el Raconet de Maite, en Camí Reial s/n, junto a la gasolinera.

 

 

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