Vicente Ferrer O.P. (Valencia, 23 de enero de 1350 – Vannes 5 de abril de 1419), fue un dominico valenciano, taumaturgo, predicador, lógico y filósofo. Sus viajes de predicación le granjearon el aprecio de la población de distintas regiones de Europa.

El viernes 5 de abril de 2019 se cumplieron 600 años de la muerte del patrón de la Comunitat Valenciana, San Vicente Ferrer, en la localidad francesa de Vannes, donde recibió sepultura.

El santo dominico contaba 69 años cuando falleció. Después de 20 años de predicación itinerante continua por España, Italia, Francia y Suiza, se había desplazado en marzo de 1419, ya muy fatigado y enfermo, a esa zona de Francia, donde los duques de Bretaña le habían pedido que predicara y que se quedara en Vannes, según han indicado fuentes de la Orden de los dominicos.

Llegó san Vicente “agotado hasta el punto de que la duquesa le envió su propia litera para que entrara más descansado a la ciudad francesa”. A pesar de su fatiga, insistió San Vicente en predicar cada día, según las mismas fuentes.

Ante su falta de fuerzas, según la tradición, sus discípulos intentaron convencerle para que retornara a morir a Valencia, pero tras pensarlo e, incluso, planificar el retorno, terminó desistiendo recordando la visión que tuvo cuando estando muy enfermo, 20 años antes, Cristo le designó su apóstol y le profetizó que “moriría predicando en el Occidente, en tierras lejanas”.

Poco después le sobrevinieron al santo unas fiebre muy altas y grandes dolores y fue la primera vez en su vida que aceptó guardar cama.

El 3 de abril de 1419 san Vicente Ferrer llamó a un dominico para que le confesara, recibió poco después la Santa Unción. Al día siguiente, 4 de abril, sus discípulos cumplieron el encargo que les había hecho de que al entrar en la agonía le leyesen la Pasión de Jesús según los cuatro Evangelistas, tal y como lo hicieron san Francisco de Asís y san Franciso de Paula, y empezó a invocar los nombres de Jesús y de María, hasta que se quedó sin habla.

Así estuvo también en la mañana del 5 de abril, miércoles de Pasión, hasta que pasado el mediodía, mientras le seguían leyendo la Pasión, juntó como para orar las manos y elevándolas juntamente con los ojos al Cielo, expiró. Eran las tres y cuarto de la tarde, del miércoles 5 de abril de 1419.

Luego de su canonización, en 1455, se convirtió en el santo patrón principal de la ciudad y reino de Valencia:​ en su conmemoración se levantan, en las calles de Valencia, escenarios llamados “altares” donde los niños representan escenas de su vida y milagros.

De acuerdo con la leyenda popular, San Vicente Ferrer logró varios milagros alzando su dedo índice, razón por la cual se lo conoce cariñosamente como “Sant Vicent el del ditet”. En la iconografía se lo suele representar con el dedo índice alzado hacia el cielo y con un par de alas a sus espaldas.

Este último atributo es debido a su autodenominación como legatus a latere Christi (una especie de representante personal de Cristo) y al título de “ángel del Apocalipsis” que le valieron sus sermones, durante los cuales solía tocar el tema del Juicio Final e incluso anunciar la inminente llegada del Anticristo (tal como hizo durante sus predicaciones en la ciudad de Toledo en 1411).

Para conocer más sobre la Obra de San Vicente Ferrer:

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El Pleno del Ayuntamiento de Valencia aprobó en octubre del 2017 impulsar la creación de una comisión de trabajo multidisciplinar para coordinar la programación de las conmemoraciones de San Vicente Ferrer 2019, para divulgar y poner en valor la figura de una personalidad histórica como la de San Vicente Ferrer, uno de los patronos de la ciudad de Valencia a quien se le rinde culto, homenaje y devoción cada año, además de ser patrón principal de la Comunidad Valenciana.

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Durante los días de la Festividad de San Vicente Ferrer, se tiene por costumbre visitar la casa natalicia de Sant Vicent Ferrer, aquella que fue convertida en capilla y donde se encuentra “El Pouet de Sant Vicent”. Allá, por tradición, se da de beber a los niños “para que hablen pronto, no padezcan de anginas, no juren en falso ni sean blasfemos”.

La Casa Natalicia de San Vicente Ferrer

Los milagros de San Vicente Ferrer, conocidos popularmente por su nombre en lengua valenciana “milacres de Sant Vicent Ferrer”, son representaciones teatrales infantiles, obritas dramáticas, que se escenifican en la calle sobre unos escenarios decorados con temática religiosa y conocidos como altares de San Vicente, que pasaron de lo meramente plástico a constituirse en escenarios genuinamente dramáticos.

La representación de los milagros o milacres de Sant Vicent Ferrer constituyen una joya del teatro español y, en virtud de su pervivencia multisecular y el número de las piezas escritas, son una de las manifestaciones más significativas del teatro valenciano.

A pesar de que son diversos los actos en la festividad de San Vicente Ferrer, tienen especial importancia los “milacres”, una representación realizada en valenciano por niñ@s de los hechos prodigiosos del santo durante las fiestas patronales de San Vicente Ferrer. Estas representaciones, interpretadas únicamente por niños y niñas menores de 13 años vestidos con ropas de época, son llevadas a cabo por un total de catorce altares de la ciudad. Se realizan en verso, en nuestra lengua valenciana y tienen como texto piececillas cuyo núcleo argumental está relacionado con algún milagro atribuido al santo. Los milagros, tal como ahora los vemos, son auténtico teatro, tanto por su estructura literaria como por su desarrollo como espectáculo.

Quedan relacionados con aquellas actividades teatrales o parateatrales que se han tomado como antecedentes del teatro infantil en Europa. Pero mientras las citadas manifestaciones pre-dramáticas han desaparecido ya, o tan solo en raros casos perduran bajo las formas originales, los milagros son un hecho cultural vivo con arraigo popular, dentro del panorama del teatro infantil español y del teatro en general, tanto por su pervivencia como por el número de piezas.

Los Bultos de San Vicente Ferrer

 

 

 

 

 

Foto de portada:

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