- El conjunto de islas volcánicas que forman las Islas Columbretes son un deleite para los sentidos y para los amantes de la naturaleza que buscan parajes de gran belleza natural en un marco incomparable y singular.
- Formadas durante el Pleistoceno, hace aproximadamente un millón de años como consecuencia de una serie de erupciones volcánicas subterráneas, estas islas albergan un tesoro natural gracias a la singularidad de su flora y fauna, su espectacular y compleja topografía, así como por su diversidad marina.
- Las islas, además de Reserva Natural, forman parte del Lugar de Interés Geológico denominado “Volcanismo Cuaternario de las Islas Columbretes” y son una de las visitas obligadas en Castellón.
- Se pueden visitar con embarcación propia siguiendo al pie de la letra toda la normativa y obligaciones que hay en Cómo llegar PN Illes Columbretes – gva.es (mucho ojo que si no hacéis caso, os puede caer un multazo y con razón); a través de las diferentes Empresas privadas con la marca Parcs Naturals que ofrecen viajes a la Reserva.
A tan solo 30 millas de la costa castellonense se encuentra uno de sus tesoros naturales mejor conservados: las Islas Columbretes. Se trata de un archipiélago formado por un conjunto de islotes de gran belleza natural que sabrán apreciar los amantes de la naturaleza en busca de lugares únicos en los que desconectar. Esta maravilla natural, a tan solo un par de horas en barco de la capital de la Plana,es perfecta para una escapada en el día durante vuestra estancia en la provincia de Castellón, ya que ofrece una gran diversidad de actividades y planes para todos los gustos.
Antiguamente llamadas Islas de las Serpientes, es un conjunto de cuatro islas volcánicas situadas al este del cabo de Oropesa, integradas en el término municipal de Castellón de la Plana. Al parecer, el nombre de las islas proviene de la impresión de los primeros navegantes, griegos y romanos, que las incluyeron en sus cartas con el nombre de Ophiusa o Colubraria, admirados por la abundancia de serpientes que allí encontraron.
Cada grupo de islotes que componen el archipiélago adquiere su nombre de la isla más grande: Illa Grossa, Ferrera, Foradada y Carallot, cada una de ellas especial por su singularidad (cabe resaltar que también existen numerosos escollos y bajos en el archipiélago. Además, algunos islotes que posee alrededor de todas estas islas, reciben diferentes nombres: Baluato, Cerquero, Churruca, las 3 rocas del Bergantín, Islote Bauzá, Islote Espinosa, Islote Lobo, Islote Menéndez Núñez, etc.
Illa Grosa, la más grande de todas, es la que alberga el Faro de Columbretes construido entre los años 1856 y 1860 bajo las órdenes de la reina Isabel II con la finalidad de reducir la cantidad de accidentes náuticos que se producían en la zona como consecuencia de su compleja topografía, especialmente submarina. Esta isla, originariamente con forma de anillo, surge de un volcán extinto hace miles de años. Con el paso del tiempo y la erosión del mar, tiene ahora forma de herradura y es la única isla habitada de todas las que forman el archipiélago. De hecho, es la única que se puede visitar en excursiones guiadas de entre 1 y 2 horas y que comienza con la llegada a la Bahía de Puerto Tofiño, refugio en el pasado de piratas y contrabandistas.
La Ferrera por su parte, ubicada más hacia el oeste, está formada por otros cuatro islotes y dos bancos, y recibe su nombre del color gris metálico de sus paredes naturales.
La Foradada está situada más hacia el suroeste, y es famosa por el gran arco natural que exhibe orgullosa; así como por las numerosas cavidades y agujeros que la caracterizan. Tres islotes (Lobo, Méndez Nuñez y La Piedra Joaquín) y el barco Jorge Juan, conforman este grupo de islotes de belleza singular.
Y, por último, El Carallot, el grupo más al sur de todos es una chimenea volcánica de 32 metros de altura que deja sin respiración. Dos islotes y 5 bancos cercanos componen esta espectacular formación natural a tan solo 56 km de Castellón de la Plana.


Llena de vida gracias a la rica fauna y vegetación que dispone, se ha enfrentado a numerosos peligros a lo largo de la historia, siempre provocados por el hombre. Ha servido como refugio para contrabandistas y piratas, aunque también como lugar de pesca, hasta principios del XIX (las actividades contrabandistas se extendieron durante el siglo XX, al punto que provocaron indirectamente la transformación de la Foradada, cuyo agujero era un excelente refugio natural para los barcos que se dedicaban a estas labores. En ese abrigo natural permanecían ocultos a los prismáticos de los servicios de vigilancia, que finalmente optaron por el expeditivo método de provocar una explosión de rocas que aterraron parcialmente el túnel marino); ha sido pasto de las llamas en el siglo XIX para mermar la población de reptiles; fue colonizada a mediados del siglo XIX con la construcción del faro de la isla (1856-1860); a finales de los años 70 el ejército español y el estadounidense, efectuaron bombardeos sobre las islas como prácticas militares. Después de protestas vecinales y estudiantiles, y tras la aprobación unánime de la moción de la Diputación de Castellón solicitando el cese de los bombardeos, el Ministerio de Defensa no objetó suspender las maniobras; incluso en nuestros días, en los últimos años, cabía la posibilidad de que se realizasen sondeos acústicos y prospecciones petrolíferas en el entorno de las islas Columbretes autorizados por el entonces gobierno de Mariano Rajoy.
Este enclave de gran belleza natural es, actualmente, una Reserva Natural protegida debido a su fragilidad y con la finalidad de proteger el rico patrimonio natural que alberga. De hecho, las Islas Columbres son el paraíso de los amantes del submarinismo, dada la diversidad de su fondo marino. Abrupto y rocoso, como toda zona volcánica, alberga una gran cantidad de especies y hábitats naturales que van desde la langosta roja a poblaciones únicas de gorgonias rojas, exclusivas del Mediterráneo. Hay también especies como nacras, meros, barracudas y salmonetes, entre otros, que comparten espacio con esponjas y mantas marinas, además de delfines mulares y peces lunas. En definitiva, un paraíso sumergido que puede ser descubierto gracias a la variedad de empresas especializadas que ofrecen inmersiones para todos los niveles.
Su conjunto está declarado Parque natural por el Decreto 15/1988, del 25 de enero, del Consejo de la Generalitat Valenciana (fue la primera figura de protección natural de la provincia de Castellón), además de ser reserva marina de 4.400 hectáreas (una de las mayores de España) por Orden del 19 de abril de 1990, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación También dispone de las figuras de protección de Reserva Natural por Ley 11/1994, del 27 de diciembre, de la Generalitat Valenciana; Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM); Lugar de Importancia Comunitaria (LIC); Zona de especial protección para las aves (ZEPA); y microrreserva de flora.
Pero no sólo el mar esconde impresionantes tesoros. Las Islas Columbretes albergan una apasionante historia. En su día, fueron refugio de piratas y contrabandistas, quienes recurrían a ellas para cobijarse tras sus incursiones en el mediterráneo, hasta la llegada de los fareros. De hecho, la llamada Cueva del Tabaco, refugio habitual de estos, fue dinamitada a mediados del siglo XX por los carabineros porque se consideraba que ahí guardaban la mercancía de contrabando. Un lugar de difícil acceso y lleno de peligros.
No en vano, las Islas Columbretes eran conocidas también por la importante colonia de serpientes que las habitaban, de ahí el origen de su nombre (Ophiusa o Colubraria) y que ha dejado su huella en el petroglifo con forma de serpiente que hay en Illa Grossa, declarado en 2019 Bien de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de España.
Cabe destacar que entre los visitantes que las frecuentaron destacan griegos y romanos, siendo los fareros sus únicos habitantes desde mediados del S. XIX hasta 1975. Estos habitaron la isla de manera prácticamente ininterrumpida durante más de un siglo, en condiciones precarias, como demuestran las tumbas del pequeño cementerio de la isla (la construcción del faro de la isla se realizó entre 1856-1860). Éstos aprovechaban intensamente todos los recursos que ofrecía un medio terrestre pobre y un fondo marino extraordinariamente rico. La pequeña colonia de fareros y sus familias abandonaron las islas finalmente en 1975, año en que se automatizó el faro.

En la actualidad, las islas están habitadas únicamente por guardas y técnicos que realizan labores de recuperación del medio natural (erradicación de especies introducidas, recuperación de la cubierta vegetal, protección de las aves que anidan), por lo que la normativa del parque solo permite la visita a la Illa Grossa siguiendo toda la normativa indicada en PN Illes Columbretes (gva.es) y siguiendo unas normas y recomendaciones (tal y como se indica en Parque Natural Illes Columbretes – PN Illes Columbretes – Generalitat Valenciana -gva.es) bajo la condición de no recolectar minerales, plantas o animales (entre otras medidas).
No se puede desembarcar por libre. Existe un cupo máximo diario de visitas a tierra -este cupo se puede consultar en https://parquesnaturales.gva.es/es/web/pn-illes-columbretes/como-llegar, página donde está toda la normativa, folletos, información, etc-. Para la visita, nosotros recomendamos las diferentes Empresas privadas con la marca Parcs Naturals que ofrecen viajes a la Reserva. Más información también en la web de Islas Columbretes | Castelló Turismo (castellonturismo.com).
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