Hay lugares que no necesitan grandes alardes para sorprender, y Carrícola es uno de ellos. Este pequeño pueblo de la Vall d’Albaida, con apenas un centenar de habitantes, esconde uno de esos planes que funcionan sin complicaciones: una ruta corta, sencilla y diferente, donde se mezclan arte al aire libre, paisaje y un castillo con siglos de historia.
En nuestra visita de abril de 2026 volvimos a Carrícola, pero esta vez con un objetivo claro: recorrer la senda que asciende hasta su castillo pasando por el barranco, una propuesta perfecta para quienes buscan una escapada tranquila, apta para prácticamente todos los públicos y con ese punto curioso que la hace especial.
Porque aquí no vienes solo a subir a un castillo. Vienes a caminar por un paisaje intervenido con inteligencia, donde cada tramo tiene algo que mirar, y donde el destino final es solo una excusa más.
Un pueblo pequeño con una idea muy grande: el proyecto Biodivers.
Antes de hablar de la ruta, hay que entender qué hace diferente a Carrícola. Desde 2010, el proyecto llamado Biodivers ha ido transformando el entorno con intervenciones artísticas que no buscan imponerse, sino justo lo contrario: integrarse.
Aquí no vas a encontrar esculturas “de museo”. Muchas de las obras están pensadas para desaparecer poco a poco, para que la naturaleza las absorba. Y esa idea, que sobre el papel puede sonar bien, en la práctica funciona mejor de lo que imaginas.
Durante el recorrido hacia el castillo irás encontrando algunas de estas intervenciones, sin necesidad de desviarte ni hacer rutas aparte. Eso hace que la caminata sea más entretenida, especialmente si vas en familia o con gente que no es muy de “hacer montaña por hacer”. Eso sí: tendrás que estar muy atento, porque muchas de estas esculturas se mimetizan con el entorno. Algunas están perfectamente camufladas entre árboles, piedras o incluso el propio sendero. Es un juego constante entre lo natural y lo creativo que hace que el paseo tenga otro ritmo, más pausado y más atento.



Así es la ruta al castillo de Carrícola: fácil, corta y bien señalizada:
La recomendación es clara: dejar el coche en el parking situado a la salida de Carrícola en dirección Otos, en la marca de Google Maps «Parking Carrícola. Es la mejor opción por espacio y, sobre todo, por respeto a los vecinos de esta pequeña localidad, porque es un pueblo muy pequeño donde todo está a dos pasos.
Desde allí, el recorrido arranca caminando por la carretera (el carrer de Dalt) hacia la entrada del pueblo, dirección Atzeneta d’Albaida (antes de llegar al famoso cartel al estilo Coca-Cola, donde pone “Carrícola, la Xispa de la Vall”). Junto al frontón, al inicio de la avenida del Calvario, comienza realmente la subida por la conocida Senda del Barranc en dirección al castillo, encontrando desde aquí al principio una ermita al poco y desde bien pronto numerosas intervenciones curiosas que acompañan la caminata hasta la fortaleza.
Al llegar al castillo, toca disfrutar de las vistas y, si tenéis suerte como nosotros, subir a lo alto de la torre si la puerta está abierta. Para que os hagáis una idea, podéis ver a continuación un vídeo desde lo alto de la torre subido a nuestra cuenta de YouTube que os recomendamos seguir para apoyar nuestro trabajo.


Después de la visita a este emblema de la comarca, toca regresar por la pista forestal conocida como Camí de Melero en honor a la fuente que podéis visitar, pasando después por el llamado Mirador del Castell, y descender por una senda en zigzag con una bella pinada en la partida de la Serra hasta llegar a la ermita y regresar finalmente al coche.

En total, hablamos de una ruta de unos 3,5 kilómetros con un desnivel positivo que no llega a los 200 metros. Es decir, un itinerario corto, sin dificultad técnica y perfecto para hacer con calma, parando las veces que haga falta. Y conviene hacerlo por todo lo mencionado. Podéis realizarla siguiendo nuestro track de Wikiloc | Ruta El Castell de Carrícola (abril 2026).
El atractivo principal de la ruta es el castillo de Carrícola, una torre islámica digna de visita:
El objetivo de la ruta es el conocido como “Castellet”, situado realmente en término de El Palomar, aunque a escasos metros de Carrícola, en plena sierra del Benicadell.
Lo que hoy vemos es una fortificación de origen islámico (siglos X-XII), levantada en época almohade y posteriormente transformada tras la conquista cristiana. Formaba parte de una red defensiva en la sierra del Benicadell que controlaba el paso hacia el interior, especialmente en dirección a Alicante o por zonas como Salem o Albaida.
No estamos ante un gran castillo, y es mejor ir con esa idea clara. Aquí lo interesante no es el tamaño, sino su ubicación y su función. La torre, de planta rectangular y adaptada al terreno, se alza sobre un saliente de roca caliza a unos 420 metros de altitud. Esa posición no es casual: desde aquí se dominaba visualmente el territorio y se protegían antiguas alquerías musulmanas como Carrícola y Muntis. Este punto permitía vigilar el territorio en un contexto de frontera marcado por los conflictos previos a la conquista cristiana de Jaume I.
Arquitectónicamente, conserva rasgos muy claros de este tipo de construcciones:
- Torre maciza de varios niveles (hasta cuatro plantas en su configuración original).
- Acceso elevado, a unos 2 metros del suelo, al que se accedía con escalera portátil.
- Restos de almenas en la parte superior.
- Recinto amurallado pequeño, posiblemente inacabado.
Hoy en día se aprecian restos del acceso en arco, parte de la estructura interior y la base de la torre, que en su momento alcanzaría una altura considerable (en torno a los 16 metros según algunas interpretaciones).
Cabe decir que la torre ha sido restaurada y puesta en valor este siglo por parte de los ayuntamientos de El Palomar (actual propietario) y el de Carrícola. Por todo lo mencionado, si accedéis a este monumento BIC (Bien de Interés Cultural) os pedimos que disfrutéis de este entorno realmente privilegiado pero que también lo respetéis. En manos de todos está preservarlo.
Una ruta sencilla que funciona (y mucho) perfecto para una escapada tranquila en familia:
Carrícola demuestra que no hace falta tener grandes infraestructuras ni paisajes espectaculares para crear una experiencia que merezca la pena. Aquí todo está en el equilibrio: un pueblo pequeño, una idea bien ejecutada y una ruta que, sin ser exigente, deja buen sabor de boca por todo lo que ofrece.
Es una de esas propuestas que encajan perfectamente en una mañana o una tarde, incluso en familia, combinando un paseo accesible con un entorno que tiene mucho más que ofrecer de lo que parece a simple vista.
Carrícola, con su apuesta por el arte, su tranquilidad y su entorno natural, demuestra que a veces los mejores planes están en los lugares más pequeños. Y este, sin duda, es uno de esos lugares que, sin hacer ruido, se ganan un hueco entre las rutas que merece la pena repetir.
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