La Ermita de Nuestra Señora del Remedio de Titaguas se alza sobre un montículo al norte de la localidad, dominando visualmente el casco urbano y gran parte del valle del Alto Turia. Su ubicación no es casual: este enclave elevado ha funcionado históricamente como punto estratégico, religioso y defensivo, y hoy se ha consolidado como uno de los mejores miradores naturales del entorno.
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De ermita a fortín durante las Guerras Carlistas:
El edificio, con origen en el siglo XVII, ha sido testigo de numerosos episodios históricos. Durante las Guerras Carlistas llegó a convertirse en fortín militar en 1834, sufriendo importantes daños que obligaron a su reconstrucción en 1839.


Su aspecto actual responde en gran parte a la restauración realizada en 1942, aunque todavía conserva elementos que recuerdan claramente su pasado defensivo, como las saeteras abiertas en sus muros y la plataforma elevada que lo rodea, reforzada por un muro perimetral con apariencia de baluarte (junto a la puerta del templo se perciben mucho mejor, bajo dos paneles de oración y junto a una cruz en medio de estos, así como en los laterales).


Un mirador natural sobre Titaguas y el Alto Turia:
Más allá de su valor histórico y arquitectónico, la ermita destaca hoy por algo mucho más inmediato para el visitante: las vistas. Desde este punto se obtiene una panorámica abierta del valle y de Titaguas, convirtiéndose en un lugar perfecto tanto para la contemplación como para hacer una parada dentro de las rutas de senderismo del entorno.
Es también un lugar especialmente tranquilo, donde el silencio del entorno y la altura aportan una sensación de calma que refuerza su carácter de mirador natural.


La ermita como punto de visita dentro de un recorrido senderista:
La ermita forma parte de la ruta natural de Simón de Rojas, un proyecto senderista y paisajístico que conecta distintos puntos de interés del municipio como homenaje al titagüeno Simón de Rojas Clemente y Rubio, pionero de la botánica y defensor de la naturaleza del Alto Turia. Dentro de esta sencilla ruta, el enclave actúa como uno de los hitos principales del recorrido, enlazando con otros espacios como fuentes, miradores naturales y caminos que conducen hacia el entorno donde se encuentra el Abrigo del Corral del Tío Escribano, con sus pinturas rupestres neolíticas.
Esta conexión convierte a la ermita en algo más que un monumento aislado: es un nodo dentro de una ruta que combina naturaleza, patrimonio y paisaje, y que permite entender el territorio de Titaguas como un conjunto continuo de historia y geografía.
De las pinturas rupestres del Rincón del Tío Escribano ya os hablamos en nuestro artículo El abrigo con pinturas rupestres de hace miles de años que puedes visitar con un sencillo paseo en Titaguas, pudiendo visitarlo mediante una aproximación a este gran patrimonio histórico o también partiendo desde la propia ermita o realizando anterior ruta de Simón Rojas.
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