• El refugio antiaéreo de Massarrojos está conformado por un pasillo alargado de 125 metros y dispone de una anchura media de 2 metros. Se accede a él a través de dos entradas con escaleras, una desde la plaza del Soñador y la otra desde la calle Benet Bosch.
  • Los trabajos de rehabilitación del refugio han sido promovidos por la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales, obras con una inversión de 205.625 euros y un plazo de ejecución de cuatro meses, por lo que a lo largo de 2020 se podrá visitar si la situación actual de la crisis sanitaria no lo impide. 
  • En la actualidad, en 2020, el pasado 14 de abril se dio a conocer que las obras que empezaron antes de la crisis de la COVID-19 y fueron suspendidas ante la declaración del Estado de Alarma se reanudaron, entre ellas los trabajos de la segunda fase de acondicionamiento de la pavimentación entre las plazas Llotgeta y Soñador en Massarrojos, por lo que a lo largo de 2020 el refugio será presentado ante la sociedad valenciana y contará, casi con toda seguridad, con visitas guiadas.
  • El proceso de rehabilitación comenzó en 2017 cuando se realizó, por entonces, el desescombró el conjunto, el alzamiento planimétrico con fotogrametría por escáner 3D, y el estudio arqueológico, recuperando, además, proyectiles, objetos personales y algunos utensilios empleados por personas que estuvieron el interior del refugio.

LA REHABILITACIÓN DEL REFUGIO ANTIAÉREO DE MASSARROJOS ACABARÁ EN JUNIO

La concejala de Patrimonio y Recursos Culturales, Glòria Tello, ha visitado el viernes 22 de mayo de 2020, los trabajos de rehabilitación del refugio antiaéreo de Massarrojos y ha explicado que “las obras avanzan a buen ritmo y está previsto que finalicen a finales del mes de junio”. Esta intervención tiene una inversión de 205.625 euros y “sacará a la luz después de 81 años esta obra civil excavada en la roca debajo del pueblo de Massarrojos, que forma parte de nuestra historia y nuestro patrimonio”, ha dicho Tello.

El refugio de Massarrojos fue construido en los últimos momentos de la Guerra Civil, excavado directamente en el subsuelo rocoso, como protección de los vecinos ante los ataques aéreos del bando rebelde. Durante décadas permaneció oculto en el subsuelo e incluso se tapiaron los accesos.

En octubre de 2016 se redescubrió de manera fortuita. Se tenían referencias sobre su existencia por vecinos y vecinas de la población, pero se desconocía el estado de conservación, así como la localización exacta de sus entradas, ya que fueron cegadas en los años 50 del siglo pasado y no quedó ningún resto visible.

El refugio está conformado por un pasillo alargado de 125 metros con una anchura media de dos metros y se accede a él a través de dos entradas con escaleras, una desde la plaza de El Soñador y la otra desde la calle Benet Bosch. Las paredes están lucidas y llevan adosado un banco corrido. Aunque estaba preparado para acoger el sistema de ventilación, la maquinaria nunca fue instalada.

“Las obras de rehabilitación y puesta en valor conllevan la instalación de alumbrado y ventilación en la sala subterránea, reposición de elementos desprendidos, restauración de bancos, tratamiento de paredes y suelo y la construcción de dos accesos desde la vía pública, debidamente señalizados”, ha explicado Tello.

La intervención se completará con paneles informativos que explicarán las características de la construcción y detalles de la Guerra Civil en Massarrojos. Se trata del único refugio recuperado en un pueblo de València ciudad. En el centro de la ciudad sí se han puesto en valor dos, el refugio escolar de la Casa Consistorial y el de la calle Serranos, rehabilitándolos y haciéndolos visitables para la ciudadanía.

“El refugio de Massarrojos tipológicamente es una construcción singular por estar excavado en la roca, y no construido con hormigón, como fue la norma habitual y como ocurre en los del centro de València. La razón es que en Massarrojos se desarrolló una importante actividad derivada de las canteras”, ha detallado Tello.

En 2017 se realizó una primera intervención a cargo de la Sección de Investigación Arqueológica Municipal (SIAM), en la que se desescombró el conjunto, se hizo el levantamiento planimétrico con fotogrametría por escáner 3D, y el estudio arqueológico, recuperando proyectiles, objetos personales y algunos utensilios empleados por las personas que, a veces, tenían que estar largos ratos en el interior del refugio.

El estudio arqueológico llevado a cabo en 2017 ha servido de base documental para redactar el proyecto de restauración y puesta en valor que ahora está ejecutándose.


El pasado mes de octubre de 2017, la concejala de Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de Valencia, Glòria Tello, anunció la conclusión de los trabajos arqueológicos en el refugio antiaéreo de la Guerra Civil que hay en Massarrojos, una intervención contemplada en los presupuestos participativos votados por el vecindario de los pueblos de la ciudad este año y que suponían un paso previo a la futura rehabilitación de este espacio.

Los trabajos, realizados durante el mes de septiembre de 2017 a cargo de la Sección de Investigación Arqueológica Municipal (SIAM), consistieron en documentar el refugio, especialmente en cuanto a las técnicas constructivas y de materiales, así como el alzamiento topográfico y planimétrico con fotogrametría mediante un escáner 3D. Como paso inicial, la intervención incluyó la limpieza y el desescombro del refugio, lo que permitió recuperar materiales constructivos que se han podido reutilizar en la rehabilitación, recuperándose dos balas y algunos utensilios que había sepultados bajo de los escombros.

Tello explicó por entonces que “el interés del refugio de Massarrojos es doble: por un lado, porque se construyó atravesando la roca natural, circunstancia que no se produce en el resto de refugios de la ciudad, donde el subsuelo es de arcilla, motivo por el cual obligaba a hacer las excavaciones de los refugios a cielo abierto; por otro, porque es un refugio inacabado dado que la guerra finalizó antes y algunos tramos se quedaron a medias. Sin embargo, tanto por las evidencias conservadas como por testimonios orales, fue igualmente utilizado por los vecinos y las vecinas de Massarrojos para resguardarse de los bombardeos y estuvo abierto hasta los años 50 del siglo pasado, cuando se clausuraron las entradas”.

Este refugio presenta unas características especiales al haber sido construido mediante la excavación de la roca directamente. Esto permitió abrir una larga galería de unos 125 metros de recorrido, en cuyos extremos se construyeron dos entradas con escaleras y cubierta de baldosa para poder acceder desde la calle (una, en la actual calle de Benet Bosch; la otra, en la plaza del Sonyador). La galería abierta tiene un ancho de 180 centímetros y una altitud de unos 210 centímetros, aunque va cambiando siguiendo los desniveles que marca la propia roca natural. Los laterales tienen un revestimiento de baldosas enlucidas con una capa de cemento coloreado y en la parte baja están los bancos donde la gente esperaba sentada el fin del bombardeo.

En el año 2016, en el mes de octubre, se redescubrió, de manera fortuita, el refugio antiaéreo de Massarrojos. De él se tenían referencias sobre su existencia por los vecinos de la población, aunque por desgracia, hasta el momento de su salida a la luz, se desconocía su estado de conservación y la localización exacta de sus entradas, entradas que fueron cegadas en los años 50 del siglo pasado sin tener rastro de ellas.

En el refugio hay varias columnas hechas de baldosa y vacías por dentro, que servían de chimeneas, para renovar el aire desde el exterior, y que se comunicaban entre sí por la conducción que hay por dentro de los bancos, creando una circulación forzada para poder respirar dentro de la galería. El piso del refugio está hecho con una capa de cemento gruesa para unificar la roca natural recortada de manera irregular.

Refugio de Massarrojos

En uno de los laterales se abren dos pequeñas habitaciones: una de ellas estaba pensada como enfermería para enfermos y heridos; la otra era la sala de máquinas, donde había un extractor para ayudar a la ventilación del refugio.

Todo apunta a que existía la intención de abrir una segunda galería que nunca se acabó de excavar, pero se aprecian las marcas que dejaron las herramientas de los picapedreros, así como las perforaciones para colocar los cartuchos de pólvora para ir abriendo el paso atravesando la roca.

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Al contrario de lo que pasa en otros refugios hechos en la ciudad, de este no se conservan los planos originales del momento de la construcción, posiblemente porque era muy difícil saber cómo se iba a poder excavar la galería. Lo que sí se conserva en el Archivo Municipal son las relaciones de los materiales y las nóminas de los trabajadores en la serie llamada “Nóminas por Administración”, que empiezan el 21 de mayo de 1938 y llegan hasta el 23 de marzo de 1939.

El refugio está conformado por un pasillo alargado de 125 metros con una anchura media de 2 metros y se accede a él a través de dos entradas con escaleras, una desde la plaza del Soñador y la otra desde la calle Benet Bosch. Las paredes están lucidas y llevan adosado un banco corrido. A pesar de que estaba preparado para acoger el sistema de ventilación, la maquinaría nunca fue instalada.

Las obras de rehabilitación y puesta en valor comportan la instalación de alumbrado y ventilación en la sala subterránea, reposición de elementos desprendidos, restauración de bancos, tratamiento de paredes y suelo y la construcción de dos accesos desde la vía pública, debidamente señalizados.

La intervención se completará con paneles informativos que explicarán las características de la construcción y detalles de la Guerra Civil a Massarrojos. Se trata del único refugio recuperado en las cercanías de la capital, donde ya se han puesto en valor dos más: el refugio escolar de la casa consistorial y el de la calle Serranos.

Además, tipológicamente es un construcción singular para estar excavada en la roca, y no construida con hormigón, como fue la norma habitual. La razón es que en Massarrojos se desarrolló una importante actividad derivada de las canteras.

 

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