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Inicio HISTORIA Y TRADICIONES

Cuando Ruzafa era un jardín: así describían los poetas árabes el barrio más de moda de Valencia

por ValenciaBonita
27 julio, 2026
en HISTORIA Y TRADICIONES
1
Cuando Ruzafa era un jardín: así describían los poetas árabes el barrio más de moda de Valencia

Recreación artística de cómo pudo ser la antigua Ruzafa andalusí, una almunia rodeada de jardines, huertas y acequias que inspiró a poetas y geógrafos de al-Ándalus durante siglos.

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Cuando cae la tarde, sobre todo si es fin de semana, el barrio cambia de ritmo. Las terrazas se llenan de conversaciones, el tintinear de las copas se mezcla con el ambiente y música que escapa de los locales, las bicicletas recorren sus calles, y vecinos y visitantes convierten cada rincón en un punto de encuentro. Cafeterías de especialidad, galerías de arte, pequeños comercios, restaurantes de medio mundo y un ambiente que no entiende de horarios han hecho de Ruzafa uno de los barrios con más personalidad y vida de Valencia.

Sin embargo, hace más de mil años, quienes paseaban por estas mismas tierras escuchaban sonidos muy distintos. Donde hoy hay bares y cafeterías, entonces corría el agua entre acequias, cantaban los pájaros y el aire se impregnaba del perfume de flores, árboles frutales y huertos. Los poetas andalusíes describieron aquel lugar como un pequeño paraíso. Y no hablaban de cualquier rincón: hablaban de Ruzafa.

Porque mucho antes de convertirse en el barrio de moda de Valencia, Ruzafa fue una almunia principesca rodeada de jardines, huertas y acequias que maravilló a viajeros, geógrafos y algunos de los mejores poetas de al-Ándalus durante siglos.

Un nombre que ya hablaba de jardines:

El origen de Ruzafa, oficialmente Russafa en valenciano, está escondido en su propio nombre. Procede del árabe «رُصَافَة» (Ruṣāfa), un término que hacía referencia a una finca o jardín de recreo, una almunia concebida para el descanso, rodeada de agua, vegetación y huertos. No era simplemente un jardín ornamental. Era un espacio donde la belleza y la agricultura convivían en perfecta armonía.

Aquella idea no nació en Valencia. Los omeyas ya habían levantado residencias conocidas como Ruzafa en las proximidades de Damasco, y más tarde Abd al-Rahmán I construyó otra célebre Ruzafa junto a Córdoba. Su hijo, Abd Allah al-Balansí, quiso hacer lo mismo en Valencia.

La primera gran Ruzafa valenciana:

El origen de Ruzafa se remonta a comienzos del siglo IX, cuando el príncipe omeya Abd Allah al-Balansí, hijo de Abderramán I, estableció en las afueras de la Balansiya islámica una almunia o residencia de recreo rodeada de jardines, huertas, estanques y acequias. Aquel espacio, inspirado en la célebre Ruzafa cordobesa construida por su padre, recibió el nombre de Ruṣāfa, un término árabe que hace referencia a una finca o jardín de recreo y que ya existía en otras ciudades del mundo islámico.

 

La ubicación no fue casual. La antigua Ruzafa se levantó al sur de la ciudad, en una de las zonas más fértiles de la huerta valenciana, regada por la acequia de Favara. Allí, naturaleza, agricultura y arquitectura convivían en un mismo paisaje que durante siglos fue admirado por poetas, viajeros y geógrafos de al-Ándalus, hasta el punto de convertirse en uno de los lugares más emblemáticos de la Valencia andalusí.

A comienzos del siglo IX, Abd Allah al-Balansí ordenó levantar, a unos dos kilómetros de la Balansiya amurallada, una residencia de recreo inspirada en las grandes almunias omeyas.

No fue solo un palacio, sino un paisaje cuidadosamente diseñado. Alrededor de la residencia se extendían jardines, huertos, árboles, estanques, caminos y acequias en un entorno que se prolongaba hacia la fértil huerta valenciana e incluso visualmente hacia la Albufera. Aquella Ruzafa no vivía de espaldas al territorio, sino que formaba parte de él.

La Ruzafa valenciana no fue un caso aislado. Formaba parte de una tradición omeya que había comenzado siglos antes en Oriente Próximo y que llegó a al-Ándalus a través de Córdoba. La residencia construida por Abd Allah al-Balansí se inspiraba directamente en la célebre Ruzafa cordobesa levantada por su padre, Abderramán I, heredera a su vez de las antiguas Ruṣāfas del mundo islámico.

Según explica la paisajista e investigadora M.ª Teresa Santamaría Villagrasa en Paredes de limonero. Paraísos valencianos del siglo XV. Una historia de jardines, fue precisamente en este lugar donde comenzó una forma muy valenciana de entender el paisaje. Aquí el jardín y el huerto dejaban de ser dos espacios distintos para fundirse en uno solo. Cultivar la tierra también era una manera de embellecerla. No en vano, el geógrafo andalusí al-Udzrí, en el siglo XI, citaba la Ruzafa entre los grandes jardines de la Valencia musulmana, junto a la almunia de Abd al-Aziz y la Vilanueva con sus regadíos, una prueba más del prestigio que alcanzaron estos espacios de recreo y cultivo.

Mucho más que un jardín:

Hoy solemos imaginar los jardines históricos como lugares destinados únicamente al paseo o la contemplación. La antigua Ruzafa era algo muy diferente.

Los andalusíes entendían el paisaje como una experiencia para los cinco sentidos. Importaban la luz, el sonido del agua, el perfume de las flores, el canto de los pájaros, las sombras proyectadas por los árboles y el cuidado casi artesanal de cada rincón.

La huerta no era únicamente un espacio productivo. También era un lugar bello, donde los agricultores eran, en cierto modo, jardineros. Cada acequia, cada árbol y cada sombra formaban parte de un mismo escenario pensado tanto para alimentar como para emocionar. Quizá por eso la antigua Ruzafa dejó una huella tan profunda en quienes la conocieron.

Los poetas que inmortalizaron la Ruzafa:

La residencia de Abd Allah desapareció relativamente pronto, pero el paisaje sobrevivió durante siglos. Los jardines siguieron siendo un lugar de recreo y encuentro hasta el punto de inspirar a numerosos autores de al-Ándalus. Gracias a ellos sabemos que la antigua Ruzafa no fue una simple finca desaparecida, sino un espacio que continuó despertando admiración generación tras generación.

Uno de los grandes nombres fue Ar-Rusafí, nacido precisamente en la Ruzafa valenciana durante el siglo XII. De hecho, el sobrenombre con el que pasó a la historia significa, literalmente, «el de Ruzafa», una muestra de la importancia que aquel lugar tenía ya en su época. En uno de sus poemas escribió:

«¡No hay morada cual la Rusafa!

Lluvias primaverales le dan las nubes…»

Pero quizá todavía resulte más emocionante otro de sus versos, escrito desde la nostalgia de quien recuerda el lugar donde nació:

«Amigos míos, deteneos conmigo y hablemos de ella…

pues su recuerdo es como el frescor del agua en las entrañas ardientes.

Deteneos de grado y calmad vuestra sed, pues es seguro que vendrá la lluvia y regará la Rusafa y el Puente.»

Resulta difícil no detenerse también hoy al leer estas palabras. Porque, de algún modo, eso mismo seguimos haciendo en Ruzafa: detenernos. Quizá ya no bajo la sombra de sus jardines y árboles ni junto al rumor de las acequias, pero sí alrededor de una mesa, paseando sin prisa por sus calles o compartiendo una conversación en cualquiera de sus terrazas.

El rumor del agua y el canto de los pájaros:

No solo los poetas quedaron fascinados. También los geógrafos musulmanes dejaron descripciones que permiten imaginar cómo era aquel paisaje. Al-Adjubí escribió sobre Valencia:

«La envuelven huertas y acequias y solo se escucha el rumor de la corriente de agua, que se extiende por todo y se ramifica en una infinidad de cursos. Cerca del mar Mediterráneo se encuentra la Albufera… Al salir de la ciudad hay deliciosos lugares de gran amenidad y esparcimiento: la Russafa…»

La escena parece casi imposible de imaginar desde la Ruzafa actual. Y, sin embargo, el lugar era exactamente el mismo. Las acequias recorrían la huerta, el agua era la protagonista del paisaje y el canto de los pájaros acompañaba a quienes caminaban por aquellos jardines. La propia luz de Valencia, elogiada ya por los cronistas andalusíes, contribuía a crear una atmósfera que muchos consideraban única en al-Ándalus.

Del jardín al barrio:

Tras la conquista cristiana de 1238, los jardines fueron transformándose poco a poco en tierras de cultivo y las antiguas construcciones andalusíes dieron paso a alquerías. El paisaje agrícola vinculado a la antigua Ruzafa se prolongaba hacia la Albufera.

Con la conquista cristiana de Valencia en 1238, la antigua almunia fue transformándose poco a poco. Los jardines dieron paso a tierras de cultivo y las construcciones musulmanas se convirtieron en alquerías. Durante siglos, Ruzafa mantuvo un marcado carácter agrícola y llegó incluso a constituirse como municipio independiente hasta su anexión a la ciudad de Valencia en 1877.

Con la construcción de la muralla cristiana en los siglos XIV y XV, Ruzafa quedó extramuros y fue creciendo alrededor de la iglesia de San Valero. Conservó su independencia municipal hasta 1877, cuando fue anexionada a Valencia. A finales del siglo XIX, el segundo Ensanche transformó definitivamente su fisonomía con un nuevo trazado urbano impulsado por los arquitectos José Calvo, Luis Ferreres y Joaquín María Arnau.

 

Durante buena parte del siglo XX el barrio atravesó un proceso de degradación urbana, pero en las últimas décadas ha experimentado una profunda revitalización. Hoy, Ruzafa es uno de los barrios más dinámicos de Valencia, conocido por su intensa vida cultural, sus galerías de arte, sus comercios, su oferta gastronómica y el ambiente que lo ha convertido en uno de los lugares más visitados y con mayor personalidad de la ciudad.

El crecimiento urbano acabó sustituyendo los huertos por calles, edificios y plazas, dando lugar al barrio que hoy conocemos. Sin embargo, su nombre nunca cambió. Y quizá tampoco lo hizo del todo su esencia.

Hoy ya no queda nada visible de aquella Ruzafa que enamoró a los poetas, ni tampoco de aquella Ruzafa que, como curiosidad, hace 100 años era también lugar de barracas y cultivo del arroz. Los jardines desaparecieron hace siglos, las acequias quedaron ocultas bajo el crecimiento de la ciudad y la antigua almunia dio paso al barrio que conocemos.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado. Hace casi nueve siglos, Ar-Rusafí pedía a sus amigos que se detuvieran para hablar de la Ruzafa que le vio nacer. Hoy miles de personas siguen haciendo exactamente eso, aunque de otra manera. Se detienen para tomar un café, compartir una comida, descubrir una galería de arte, perderse entre sus calles o simplemente disfrutar del ambiente.

Quizá ese sea el verdadero milagro de Ruzafa. Ha cambiado su paisaje, pero no su esencia. Sigue siendo un lugar al que uno acude para disfrutar de la vida. Y tal vez por eso, más de mil años después, su nombre continúa teniendo el mismo sentido.

 

 

 

 

 


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Comentarios 1

  1. Antonio Marín Segovia says:
    7 horas atras

    Ar-Rusafi de Valencia – Poemas

    Ar-Rusafi de Valencia

    Poemas

    Traducción e introducción de Teresa Gárrulo

    Poesía Hiperión (Colección dirigida por Jesús Munárriz)

    Ediciones Peralta

    San Fermín, 65. Pamplona

    Apartado de Correos, 33.010 – Madrid.

    ISBN: 84-852/2-57-9

    Depósito legal: M-8.532-1980

    Para los árabes antiguos el poeta estaba dotado de conocimientos sobrenaturales, recibía su inspiración del mundo invisible y era una especie de mago aliado con los genios o los demonios. Por eso gozaba de una posición influyente; era el oráculo de la tribu, su guía en la paz y su campeón en la guerra. Una de las funciones principales del poeta era preservar la memoria colectiva del pasado, dando un elemento de continuidad y de valor a las realidades, fugitivas e insustanciales del presente. La poesía dio vida a un ideal de virtud árabe, basado en la comunidad tribal, que acabó convirtiéndose en un lazo entre clanes y formó, a la larga, un sentimiento de comunidad nacional. Así, en los dos principales temas de la poesía, el panegírico y la sátira, el poeta señalaba las antítesis y las sanciones morales que regulaban esta existencia colectiva. Los poetas de las casidas, con relativamente pocas excepciones, expresan e incluso prescriben un elevado tipo de moralidad tribal y evitan toda referencia a los rasgos más humildes y rudos de la vida y circunstancias beduinas. Esto entronca con la afición por el retrato modélico tan característico de la historia árabe, presente sobre todo en las biografías, donde la conducta real del príncipe, educado generalmente según un «espejo de príncipes», aparece entreverada con la conducta modélica vigente, pero que se refleja igualmente en esta poesía panegírica, cuyo convencionalismo queda patente desde el primer momento al observarse una absoluta falta de escala: el príncipe más importante y el último reyezuelo están elevados a la misma estatura ideal; con frecuencia no hay alusiones concretas que permitan individualizar al personaje elogiado, porque el elogio es el reflejo de lo que debería ser el príncipe, no del príncipe tal como realmente es.

    Una significación especial se liga a la sátira, en la cual sobrevivió hasta mucho más tarde, la concepción primitiva del poeta portavoz de fuerzas sobrenaturales. La poesía era una fuente de orgullo y de rivalidad; y el poeta que, por una hábil ordenación de imágenes vivas, de frases ricamente matizadas, podía jugar con las emociones de su auditorio, no sólo era alabado en cuanto artista, sino también venerado como protector del honor de la tribu y como arma poderosa contra sus enemigos. De ahí que los conflictos tribales se desarrollaran tanto o más en las invectivas de sus poetas respectivos que en el campo de batalla; costumbre tan profundamente arraigada que Mahoma, hostil a los poetas, a los que condena en el Corán, XXVI, 221-228, no pudo prescindir de ellos en su vida política. La alianza, en épocas posteriores, de la poesía con el poder es la consecuencia natural del desplazamiento de la civilización árabe desde el desierto a las ciudades y herencia de la importancia política que la poesía tuvo en el mundo beduino. Los poetas se convierten en una especie de propagandistas del poder político y se ponen al servicio de los poderosos que los recompensan e incluso llegan a fijarles una pensión, por los elogios que componen de ellos y de sus familias. Otras veces, los poetas, en busca de protectores dispuestos a pagar por ser alabados, llevan una vida itinerante y recorren las cortes de los príncipes o los palacios de los poderosos recitando sus panegíricos.

    Si hago hincapié de estas características de la poesía árabe preislamica y del poeta y sus funciones se debe a que tuvieron una importancia capital en el desarrollo posterior de la poesía árabe, en la que subyacen siempre, incluso en los momentos de mayor tensión renovadora, hasta llegar a la época de petrificación y fijación. Sin tenerlas en cuenta no se entendería bien la poesía de al-Andalus, siempre a la zaga de las modas y reacciones orientales, y, en particular, la poesía arcaizante de ar-Rusafi, con sus elogios y sus arrogancias al estilo beduino, como confiesa en algunos de sus poemas.

    Ar-Rusafi (Abu ´Ab d Allah ibn Galib) nace en la Rusafaf de Valencia y muere en Málaga en el año 1177 (572 de la hégira). Toda su vida, pues, transcurre dentro del siglo XII, en una época particularmente agitada de la historia de los musulmanes de Al-Andalus.

    Recordemos que después de que los almorávides acaben con los reinos de taifas, y tras una temporada de relativa calma en que los conquistadores mantienen su poder frente a los cristianos (salvo frente a Aragón, cuyo rey Alfonso el Batallador conquista Zaragoza en 1118) en campañas nunca definitivas, en el año 519/1125-6 se desencadena la campaña almohade que hará tambalearse al imperio almorávide.

    Al lado de la aparición del movimiento almohade, los reinos de Portugal y Castilla, con la subida al trono, respectivamente, de Alfonso Enríquez y del emperador Alfonso VII, están ya en condiciones, para estas mismas fechas, de enfrentarse con éxito a los musulmanes, por los que toman la iniciativa contra un poder que entra en franca decadencia y pronto ha de llegar a la ruina. Los almorávides, ocupados en luchar contra el Mahdi Ibn Tumart y después contra Abd al-Mu´min, no pueden proteger a los musulmanes españoles de los ataques cristianos.

    A la muerte del segundo califa almorávide, ´Ali ibn Tasfin, en 1143, se inicia un largo período de anarquía en que revive una nueva época de taifas, con numerosos jefes hispanoárabes, rebeldes al poder almorávide, que defienden su independencia frente al nuevo invasor beréber, los almohades. Van a transcurrir treinta años de luchas antes de que estos últimos consigan dominar la rebelión hispanoárbe. El último rebelde, Ibn Mardanis –el Rey Lobo de las crónicas cristianas-, muere en 1172 y recomienda a su hijo que se someta a los almohades.

    Ninguno de los acontecimientos de la época que tienen por escenario su tierra natal, salvo la llegada de Ábd al-Mu´min a Gibraltar, pretexto para su elogio, se refleja en el diwan de ar-Rusafi; quizá también sean reflejo de la política los panegíricos a otros señores poderosos de la época, como los dedicados a al-Waqqasi, visir de Ibn Hamusk, el suegro de Ibn Mardanis, al gobernador de Granada, o las alusiones a muertes violentas que aparecen en algunas elegías.

    No se sabe en que fecha nació ar-Rusafi ni a que edad abandonó Valencia, por la que siempre sintió nostalgia, sentimiento que le inspiró encendidos poemas de amor donde describe los lugares más notables de la región, como la Rusaza, el Puente Ma´am o la Albufera.

    Si hemos de creer a al-Marrakusi, cuando recitó el elogio de ´Abd al Mu´min en Gibraltar no tenía aún veinte años; esto fecharía su nacimiento hacia el 536 (1141-42), y al morir en 1177 no tendría más de treinta y tantos años. Pero ninguna fuente árabe se hace eco de esta muerte temprana y parece lógico descartarla.

    Tampoco se sabe en qué fecha, ni a qué edad (cuando era niño, dicen las fuentes árabes), ni por qué razón se trasladó su familia a Málaga, ciudad que fue su residencia habitual hasta su muerte, aunque pasase temporadas en Granada, cuyos lugares de recreo menciona en sus poemas (por ejemplo Nayd aparece citado en los poemas 30, 36 y 38); al parecer hizo además algunos otros viajes a Sevilla y al otro lado del Estrecho. Apenas hay datos sobre su vida, salvo que nunca se casó y que era sastre de arreglos, oficio que le permitía prescindir de mecenas y de tener que recurrir a elogiar a los poderosos para ganarse la vida. Fue amigo de los poetas contemporáneos suyos y parece haber disfrutado con las excursiones y tertulias literarias en los jardines y lugares de recreo de Málaga y de Granada.

    Desde muy joven mostró notables aptitudes poéticas que merecieron el aplauso de sus maestros. La primera actuación en público de ar-Rusafi que conocemos tuvo por marco la recepción dada a los poetas por ´Abd al-Mu´min en Gibraltar. El hecho de haber sido convocado por los demás poetas parece indicar que su fama había traspasado los límites de Málaga para legar hasta el califa almohade.

    Ar-Rusafi no quiere llevar la vida de los poetas asalariados, siempre detrás de un mecenas dispuesto a pagarles sus panegíricos. Esto no significa que no haga elogios siempre que le parezca conveniente, pero se enorgullecerá de su independencia frente a los poderosos; de que éstos, movidos por su fama, acudan a él para encargarle sus panegíricos (como sucede por ejemplo, con el elogio de al-Waqqasi, número 47); orgullo que hace pensar en la conciencia crítica de algunos poetas cuando meditan sobre los elogios que han compuesto, por ejemplo, al-Mutanabbi, el poeta que más influencia ejerció sobre los andaluces, y, en la época almorávide inmediatamente anterior, Ibn Baqi. Además, ar-rusafi es consciente de que los poderosos necesitan a los poetas para ser eternizados.

    Esta postura crítica ante la vida cortesana de los poetas puede quizá entenderse teniendo en cuenta el carácter de ar-Rusafi tal como nos lo pintan las fuentes árabes: tímido, retraído, paciente, con una gran tendencia al ascetismo y un planteamiento ético ante la vida, postura que se encuentra en alguna de sus epístolas poéticas (poemas 58 y 59).

    Ar-Rusafi tuvo fama de ser el mejor poeta de su tiempo: sus poemas descriptivos y báquicos eran bastante apreciados y aparecen recogidos en diversas antologías. El lector español puede encontrar algunos editados y traducidos por E. García Gómez en El libro de las banderas de los campeones de Ibn Sa´id al-Magribí, Madrid, 1942, que Seix Barral, Barcelona, 1977, ha vuelto a publicar recientemente, y en Poemas árbigoandaluces, Madrid, 1940.

    Los críticos árabes contemporáneos, siempre pensando en las grandes figuras de Oriente, lo comparan con frecuencia con el abbasí Ibn ar-Rumi por sus intentos de renovar las metáforas y de crear nuevas imágenes, si bien hay que advertir que en ar-Rusafi domina la imagen visual sobre el concepto intelectual.

    Ar-Rusafi corregía y retocaba sus poemas hasta conseguir la perfección deseada; esto quizá se refleja en la artificiosidad de algunos poemas, especialmente en los más largos, por ejemplo, el elogio de ´Abd al-Mu´min, que oscurece bastante su comprensión.

    Los poemas breves se prestan mejor a la ligereza, a la gracia de la imagen y es en ellos donde ar-Rusafi sobresale, acumulando metáforas y comparaciones más o menos originales. Se siente el heredero legítimo de la escuela levantina de Ibn Jafaya y de Ibn az-Zaqqaq. Ya hemos comentado cómo sigue el ejemplo de Ibn Jafaya y cómo su poesía está presente en nuestro poeta.

    Ar-Rusafi, sin ser uno de los grandes poetas hispanoárabes, es un personaje hasta cierto punto singular. Ya hemos hablado de una de sus peculiaridades frente al modo de vida de los poetas árabes de cualquier época y de cualquier región: el orgullo de tener un oficio con que cubrir sus necesidades vitales y de no verse obligado a poner en venta sus poemas.

    Otra sería, en una poesía tan convencional como a menudo es la árabe, el ardiente tono nostálgico en que canta a su tierra natal, Valencia, y el acento personal de sus elegías: la insistencia en escribir poemas a la muerte de un tal Yusuf, desconocido para nosotros, deja sentir un pálpito humano poco frecuente en la poesía hispanoárabe en lengua clásica; lo mismo puede decirse de la elegía que en esta traducción lleva el número 44.

    El texto original de esta traducción es el Diwan ar-Rusafi, editado por Ihsan Abbas en Beirut, Dar at-Taqafa, 1960. No contiene todos los poemas del poeta, pues si bien en su época circulaban recogidos en diwan, éste no ha llegado hasta nosotros; la edición de I. Abbas recoge poemas espigados en diversas fuentes árabes, tanto editadas como manuscritas. Dada la inmensa cantidad de obras que se han perdido y de manuscritos árabes de difícil acceso, es probable que aparezcan más poemas de ar-Rusafi en obras no estudiadas por el editor. Así en el manuscrito de Ihata fi ajbar Garnata de Ibn al-Jatib, que figura en la Biblioteca de El Escorial con el número 1773, en las páginas 59-63, dedicadas a la biografía de ar-Rusafi, se encuentran algunos poemas que no aparecen en el Diwan ar-Rusafi (poemas números 27 y 28), y se completan los poemas números 16, 26, 45 y 46; en la edición de la Ihata de M. A. Enan, estos poemas figuran en el t. II, El Cairo, 1974, páginas 505-515.

    Se encuentran también poemas inéditos en al-Ikmal wa-l-l`lam fi silat al l´ lam hi- mahasin al- a´ lam min ahl Malaqa al Kiram (conocida como Historia de Málaga), de Ibn ´Askar (m. 1239), manuscrito de una biblioteca particular de Marruecos, que, fotocopiado, obra en poder de doña Soledad Gilbert y don Joaquín Vallvé, que, amablemente han puesto a mi disposición los folios en que Ibn ´Askar se ocupa de la biografía de ar-Rusafi. De esta biografía, a la cual le falta el principio, y donde se completan los poemas números 12, 15 y 16, he tomado dos poemas descriptivos, los números 9 y 11.

    Esta traducción fue en su día el trabajo que presenté como Memoria de Licenciatura en 1972, bajo la dirección de don Fernando de la Granja. Pasados los años, fue María Jesús Viguera quien me convenció y animó a revisar, retocar y casi rehacer la traducción con vistas a publicarla. Mahmud Sobh me ayudó en algunas dificultades; antes lo había hecho Yusuf Salem. Y Mercedes García Arenal me puso en contacto con Jesús Munárriz, que publica estos poemas. Sean estas líneas el testimonio de mi cordial gratitud a todos ellos.

    Teresa Gárrulo

    Selección de poemas descriptivos y báquicos

    3

    EL GUADALQUIVIR ENTRE ÁRBOLES

    Entre orillas pendientes, se diría

    Que nace de una perla por su pureza.

    A la tarde, las grandes arboledas

    Lo cubren con su sombra

    Que da a las aguas un color de herrumbre.

    Azul, con la túnica oscura,

    Es como un guerrero tendido

    A la sombra de su bandera

    7

    LA NORIA

    Gime con tal tristeza

    Que cautiva a las almas.

    Al verla entre los arriates

    La tierra seca dice: No me toques.

    Las flores sonríen cuando llora

    Con lágrimas que ignoran las desgracias,

    Y de sus párpados sale una espada

    Cuya vaina es también su empuñadura

    8

    EL BAÑO

    Mira mis hermosísimos adornos

    Que te hacen olvidar la primavera

    Si el mar pudiera hacerse de jardines

    Habría recogido este vergel admirable.

    Me riega Dios con lágrimas de mis ojos

    Y el fuego de mi pecho no me protege;

    El dolor no lo siento sólo en el pecho

    Cuando soy desgraciado todo yo.

    ¿Qué opinión te merezco,

    A Ti que estás en mi interior seguro?

    ¿No soy acaso el más hermoso albergue?

    9

    LA MANZANA

    Le han regalado una manzana roja,

    Del color de sus mejillas.

    Ha querido besarla y la manzana

    Su boca ha visitado

    En contra del deseo de los ojos.

    ¡Flores de sus pupilas,

    Permitid que me acerque a sus mejillas!

    ¿Por qué viene la manzana

    Hasta la margarita de su boca

    A llamar a la puerta del deseo?

    Acaso había tomado su fragancia

    Del aroma de sus labios

    Y ahora llega, avergonzada

    A devolverles su perfume.

    10

    EL JOVEN DORMIDO

    Delgado como una rama,

    La gracia de su cuerpo robada por el sueño

    Dormía, la mejilla

    Rezumando sudor, y pensé al verlo:

    Estas rosas se riegan con su propio rocío.

    11

    EL JOVEN ESBELTO

    Alegre sobre el arenal, esbelto,

    Su propio aire lo cimbrea

    En el jardín de la juventud.

    La noche es tan oscura como sus rizos,

    ¡ojalá su presencia disipase

    Las tinieblas de la oscuridad!

    Les digo: Ha cometido un crimen contra mí,

    Mas, ¿dónde está mi sangre? ¿dónde sus armas?

    12

    EL CARPINTERO

    Me dijeron un día al verlo, esquivo

    Como una gacela jugando con su manada:

    «Es carpintero.» Y repliqué:

    Quizá su oficio haya aprendido

    Aserrando corazones con los ojos.

    ¡Desgraciadas las maderas que va a tallar!

    Corta unas veces y otras golpea.

    La madera recibe ahora el castigo

    De robarle, cuando es rama,

    La esbeltez de su talle.

    13

    EL CALDERERO

    Me dijeron un día que lo vieron

    Manejando el cincel ensimismado:

    «Es un orfebre.» Y repliqué:

    Del amor es metáfora su oficio

    Desde aquella mañana en que la miró arrobado.

    Convierte el cobre rojo en oro fino

    Al fundirlo, extenderlo y golpearlo:

    Su rubor es indicio de vergüenza,

    Su palidez, del temor al reproche.

    15

    EL QUE TRABAJA LA SEDA

    Aquel a quien sólo nombro

    Con alusiones e indirectas

    Es igual en belleza a las gacelas;

    Con él pueden usarse las metáforas

    Que con ellas usamos:

    Es un joven esbelto

    Que con la boca coge la seda

    Igual que la gacela muerde la hierba.

    Mi pecho envuelve, como un manto,

    El ascua de pasión que hay en mi alma.

    Mi corazón es su morada

    Por más que viva en otra casa.

    ¡Bendiga Dios cualquier lugar que habite!

    16

    EL TEJEDOR

    Dicen y me censuran porque lo amo:

    «Ojalá no quisieses a ese joven

    De condición humilde!» Y yo respondo:

    Si tuvieses poder sobre el amor

    Así lo haría, mas no lo tengo.

    Los instintos se humillan ante la hermosura,

    La belleza es un rey que reina donde hace alto.

    Lo amo por las perlas de su boca fragante,

    Por su tez nacarada y por sus negras pupilas.

    Te dirige, al volverse, si lo observas

    Sus miradas de tímida gacela.

    Lejos de mí querer sustituirlo,

    ¿por quién lo cambiaría?

    Y si se le reprocha el quehacer de su mano,

    Nadie es mejor que él cuando descansa.

    Es una gacelilla cuyos dedos

    Tejen cual si siguieran

    Del amoroso pensamiento el hilo;

    Alegres, juguetean

    Con el telar sus dedos,

    Como juegan los días con los reinos

    Y si sus dedos se cansan,

    Yo le rescataré de su fatiga.

    La trama oprime con las manos

    O pisa con los pies, como gacela

    Que lucha entre los lazos del cazador.

    17

    EL JOVEN GUERRERO

    Con la loriga de batido hierro,

    Orgulloso, en la mano la espada,

    En medio del combate parecía

    Untar que vierte en arroyos

    La sangre de los valientes.

    18

    UNA RAMA DE SAUCE

    Una rama de sauce contemplaba

    Los movimientos de su talle.

    ¡Cuánto se esfuerza la brisa

    Por imitar su gracia sin lograrlo!

    19

    EL NECTAR DE SU BOCA

    El néctar de su boca

    Se escancia en copas de perlas.

    El Can ladra envidioso y, deslumbrado,

    Acusa al sol cuando amanece:

    Con la saliva aún brillan más las perlas

    Y su fulgor aumenta las tinieblas.

    El que no entiende ignora que su rostro

    Es un jardín con arrayanes y amapolas;

    Con estas flores, se diría, lo apedreo

    Y me sonríe apartando las mejillas.

    21

    EL SUEÑO

    Marchando por la noche presurosos,

    Unos a otros, sin copas, se pasaron

    El vino del letargo;

    Doblados sobre el lomo del camello,

    Parecían besar sus patas.

    Rechazaron el sueño que era dulce,

    Hasta que como el vino

    Se les subió a la cabeza.

    22

    DEL ALMENDRO LA FLOR

    Del almendro la flor cogió un etíope

    Cuando el vino llenaba nuestras copas,

    «Descríbelo»,me dijo un compañero.

    Y respondí: «La noche

    De estrellas se ha cubierto.»

    24

    TARDE EN LOS JARDINES DE MUSA IBN RIZQ. II

    No hay lugar como tu huerto, Ibn Rizq:

    Jardín brillante, arroyo presuroso,

    Es una página escrita por tu mano,

    Pues la belleza brota de su suelo.

    La tarde viste su pálido manto,

    Se envuelve el cielo en delicadas nubes,

    Y nos colma de una íntima alegría

    Mientras la noche intenta separarnos.

    Escancia en esta tarde la última copa

    Pues se ha cumplido el destino del sol:

    Se ha puesto, y tu derecha no puede devolverlo.

    Y ahora me gustaría, Musa,

    Que tú fueses Josué.

    25

    ERA UNA TARDE CLARA

    Era una tarde clara que pasamos

    Entre copas de vino;

    Al descender, el sol

    Unía su mejilla con la tierra,

    Alzaba el céfiro los mantos de las colinas

    Y el cielo era una espada refulgente.

    ¡Qué buen lugar para beber,

    Donde sólo nos ven esas palomas,

    Las aves que gorjean

    Y una rama cimbreante,

    Mientras la oscuridad se bebe

    El licor rojo del crepúsculo.

    26

    UN AMIGO TE INVITA

    Un amigo te invita,

    Cuando el crepúsculo es como un enfermo

    Cuya vida se acaba,

    A la vera de un río de aguas rápidas,

    Cual tu conciencia, límpidas,

    Y como un carácter dulces.

    Del céfiro la alada brisa unge

    Las colinas, y oculta, palpitante,

    Sus plumones y plumas.

    Se habían reunido, como estrellas

    Desde distintos horizontes

    Y signos del Zodíaco, generosos mancebos.

    En el momento mismo en que el relámpago

    En la vaina del cielo penetraba

    Y en sus ojos brotaban lágrimas de lluvia,

    Al jardín dirigí una mirada

    Y por verlo aparté mi copa del copero.

    Te recuerdo en las líneas de alhelíes

    Que inclinan sus cabezas para verte;

    Detente cual si fueras el amado:

    Éstas son las señales de un aman te

    Que sufre por tu ausencia;

    Acércate a sus flores, amarillas,

    Que parecen, mojadas por la lluvia,

    Ojos de enamorado.

    27

    ¡VUELVE A LLENAR LAS COPAS!

    ¡Vuelve a llenar las copas!

    La nube muestra la espada del relámpago

    En los mechones de los torrentes;

    Sereno como un bello pavo real

    Está el jardín sobre el que sopla el viento

    Diciendo, cuando el arco iris se dobla

    Bajo el negro ropaje de las nubes:

    «Tomad vuestras provisiones

    Hasta que el tiempo se serene,

    Pues he prestado mis alas a la lluvia»

    Poemas de amor

    ERA UNA NOCHE CUYA NEGRA SOMBRA

    Era una noche cuya negra sombra

    Cubría la tierra

    Y el cielo azul ardía en luminarias.

    …Nos despedimos entonces,

    Las entrañas ardientes de deseo.

    …No he vuelto a disfrutar, después de separarnos,

    Y la vida me deja indiferente.

    QUE NUESTRO AMOR RIEGUE CON LLANTO

    ¡Qué nuestro amor riegue con llanto

    Los lugares de Nayd,

    Con lágrimas que suplan a la lluvia!

    …¡Arboleda del arenal!

    Nada ha cambiado entre nosotros

    Salvo el Destino; vuelve,

    Quejémonos juntos del Hado.

    No queda en mi vivir más que un aliento

    Que cuando busca unirse a ti siento de nuevo.

    ¡Cuántos jardines hay en an-Naqa,

    Agobiados del peso de las flores,

    Donde los vientos se ungen de perfume!

    ¡Cuántas fuentes que juegan con el eco

    Cuando la sombra se cierne sobre ellas!

    …La frescura del céfiro

    Al recordarlo se deshace en ayes

    Que parte un ardiente corazón.

    Son tantos los anhelos de mi pecho

    Que el alma está angustiada.

    AQUÍ EN MI PECHO

    ¡Qué buen albergue tienes

    Aquí en mi pecho!

    ¡Ojalá se pudiera

    Prescindir del adiós!

    CELOS

    El crepúsculo tuvo celos

    Al verme con mi amado

    Y envió al agua para separarnos

    Y al viento como espía.

    PALOMA, AGITA TUS ALAS

    Paloma, agita tus alas

    Igual que corazones palpitantes;

    Pósate suavemente en estos árboles

    Como lágrimas que caen incontenibles

    Y pregunta, en la rama

    Más fina de su copa frondosa,

    Si es posible disfrutar tras mi partida

    Bajo su noble sombra.

    Cuando saludes al amigo añorante,

    Cuida, hermana del aire,

    De ese enfermo de amor hasta que sane,

    Y su hospitalidad de amante insomne

    Te ofrecerá sus rojas lágrimas.

    TÚ QUE CABALGAS

    Tú que cabalgas, a tu izquierda dunas

    Y a la derecha tamarindos,

    Hacia Nayd, un camino que atraviesan

    Los ojos del céfiro,

    Saluda de mi parte, cuando llegues

    A un amigo cuyos ojos

    Son las espadas más penetrantes,

    Y di en un valle, junto a un bosque

    En cuyas ramas las palomas zurean:

    ¡Ay bosque, las palomas padecen

    Los sentimientos del que triste añora;

    Si las palomas sintiesen

    Lo que mi pecho siente

    Quemarían la rama ñeque se posan.»

    Elegías

    ELEGÍA A LA MUERTE DE YUSUF. I

    Reciba lluvia, vida eterna y saludos

    La sangre rociada en el sendero.

    Gota a gota se derramó

    Y con ella se han ungido la tierra.

    …Nadad hay más triste que mi llanto por Yusuf

    Y las lágrimas que vierto sobre su tumba

    ELEGÍA A LA MUERTE DE YUSUF. II

    No preguntes por mí tras la muerte de Yusuf.

    Mi corazón está mellado, como sus armas.

    Si hubieses contemplado mis ojos

    El día en que pereció

    Habrías pensado que lloraba

    Por una de sus heridas.

    TRAS LA MUERTE DE YUSUF

    Rosa, don generoso de su mano,

    Por ti corren mis lágrimas

    Y crece mi tristeza.

    Roja, perfumada como la brisa,

    Me pareces robada de la suave

    Mejilla de una joven en sazón.

    A recordarme vienes

    La sangre de un amigo que este mundo

    Bebió como si fuera las primicias del vino.

    Con pasión la he besado diciéndole a mis lágrimas:

    Es la sangre de Yusuf que devuelve la tierra.

    EN MI SUEÑO AGITADO

    En mi sueño agitado dije a su espectro:

    «Esta noche has pasado de la tumba

    A un corazón, ¿cómo has podido

    Desgarrar estas tres oscuridades?»

    La tumba, la noche y el corazón.

    ELOGIO DE IBN MANSUR

    Si yo no pronunciase tu alabanza

    Perdería tu amparo y tu favor,

    La mano de Ibn Mansur y yo somos,

    Como suele decirse

    La nube y el jardín;

    Sobre sus verdes beneficios

    Canta mi gratitud como palomas

    Posada en las ramas

    …Entre los dones, con tu amor me basta,

    Él es la auténtica riqueza,

    No lo que ven las gentes.

    RESPUESTA A UN AMIGO QUE LE HABÍA ENVIADO UN CUCHILLO

    Está claro el augurio

    Del cuchillo que me envías;

    Mis presagios y agüeros

    Me dicen la verdad:

    En el cuchillo leo

    Que vives en mi alma

    Y porque corta temo

    Una separación y un abandono.

    FOTOGRAFÍAS, TRANSCRIPCIÓN Y RECOPILACIÓN DE ANTONIO MARÍN SEGOVIA

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