En término municipal de Sot de Ferrer (provincia de Castellón), ubicado en el llamado Alto de los Moros a 279 metros sobre el nivel del mar (en la partida de Marines y controlando el paso del río Palancia sobre una vía de penetración natural que desde bien antiguo conectaba Sagunto con tierras de Aragón), se encuentra un rincón de obligada visita por ser un espacio patrimonial único y por las vistas que ofrece.
Hablamos de la Rochina (lugar también llamado Cerro de Marines y Castillo o Alto de los Moros), un poblado íbero fortificado, comprendido entre los siglos III y I a.C. (periodo Ibérico tardío), que, tal y como afirman José Vicente Llop Gil y Guillermo Guimaraens Igual a través del trabajo PATRONES COMPOSITIVOS EN LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO ÍBERO: EL CASO DE LA ROCHINA, sigue las pautas íberas empleadas desde los siglos V y IV a. de C. tanto en estructura urbanística como en técnicas constructivas.
El mejor documento que describe la historia y excavaciones del yacimiento está escrito por María de las Mercedes Fuentes Albero y Luis Lozano Pérez. Este se puede leer en «Reexcavando Rochina (Sot de Ferrer, Castellón). Intervenciones de 2018 y 2019«, habiendo sido publicado 2022 en el volumen 40 de Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló que edita la Diputació de Castelló. Recientemente, en 2023 y 2024, se han realizado intervenciones arqueológicas que han conseguido que el poblado tenga un aspecto inmejorable de recuperación para interpretar sus restos.
Lo interesante de la Rochina, además de poder visitar vestigios milenarios de origen íbero recuperados, es que desde lo alto del poblado (en concreto desde el mirador construido) se divisa gran parte de la comarca y el valle fluvial de la localidad, la cual está ubicada entre tierras de cultivo donde el olivo y los bosques de pinos forman parte del paisaje de este lugar de la comarca del Alto Palancia. Es espectacular, podéis ver unas fotos a continuación.




Tal y como hemos podido comprobar en nuestra visita, existen dos maneras para visitar el poblado íbero de la Rochina. La primera es iniciando desde la misma localidad de Sot de Ferrer una ruta que bordea el río Palancia. El itinerario comienza justo a la entrada del pueblo, en una zona de parking, donde tendréis que avanzar en dirección el puente viejo de Sot (del siglo XVIII y destruido tras la riada del 1957) para poder ver el panel de indicaciones (esta ruta cuenta unos 6 kilómetros de recorrido ida y vuelta incluida, pudiendo ver la propuesta en mapa ruta poblado íbero la Rochina (sotdeferrer.es) o en Wikiloc | Ruta Poblado ibérico de la Rochina desde Sot de Ferrer).
La segunda opción, por si hacéis más rutas en la zona y queréis abarcar un poco más además de esta visita, es una aproximación a un punto más cercano con el coche para hacer un recorrido de un kilómetro (ida y vuelta incluida). La ruta podéis ver en Wikiloc | Ruta Aproximación poblado ibérico de la Rochina, Sot de Ferrer.
Por favor: este lugar, si bien se puede visitar de manera libre en cualquier momento, necesita de vuestro máximo respeto, por lo que no debéis dañar el poblado, subiros encima de los muros ni realizar ningún acto incívico en él o el entorno (el yacimiento tiene la máxima figura de protección al estar declarado Bien de Interés Cultural por la Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo de la Generalitat Valenciana).



Sobre su historia, la primera intervención en el yacimiento, tal y como afirma el arqueólogo Luis Lozano (uno de los responsables de las intervenciones arqueológicas realizadas en 2018 y 2019), tuvo lugar a principios del siglo XX, en concreto entre los años 1913 y 1916 a cargo de Herminio Fornés, constituyendo por entonces la tercera excavación de cronología ibérica realizada en todo el territorio valenciano tras las excavaciones en 1905 del yacimiento de l´Alcúdia de Elx (espacio donde se encontró la Dama de Elche) en 1905 y el poblado de la Covalta (Albaida) entre 1906 y 1918. Fue este quien presentó las correspondientes memorias a la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades.
Años más tarde, Domingo Fletcher Valls, un arqueólogo valenciano dedicado a la investigación de las culturas prehistóricas de las tierras valencianas, publicaba en 1940 su estudio sobre el poblado íberico que nos corresponde (Al año siguiente de finalizar la Guerra Cvil española, Fletcher, tras haber participado en la Secció Històrico-Arqueològica del Institut d’Estudis Valencians en 1937 y ser movilizado por el Ejército después, se une a la Universidad de Madrid como profesor ayudante de la cátedra de Historia Primitiva del Hombre dirigida por Julio Martínez Santa Olalla). Tras realizar consulta de dichas excavaciones en la Comisaría General de Excavaciones y publicar los resultados recogidos, Fletcher escribió entre las páginas 126 y 128 de su trabajo de 1940 que “El poblado es de reducidas dimensiones. Su extensión es de 35 metros y su anchura máxima de 19 metros. El total de departamentos o habitaciones es de 17. Un muro exterior de 1 metro de espesor defendía el caserío. Los sillarejos, sin desbastar y unidos por arcilla, llegaban a los 2 metros de altura; desde ésta, el muro sería de adobes, puesto que aparecen éstos entre los escombros. Los muros interiores que forman los distintos departamentos tienen un espesor que oscila de los 0,40 a los 0,60 metros, estando formados de piedra tosca. Su planta está constituida por un corredor central, que tal vez estaría empedrado con 10 departamentos al NE y siete al SO, todos ellos construidos sin nivelar la superficie del cerro. Una puerta al SE daba acceso a la población. Tal vez hubo otra al NO (cosa dudosa por lo reducido del caserío); pero las excavaciones no dieron muestras claras de su existencia… Los departamentos I y X tienen acceso a través de otros dos, el II y IX. Los restantes tienen comunicación directa con el corredor central, el desnivel del cual respecto a ellos se salva con peldaños, dos para subir al departamento II, un escalón corrido para subir a los VI, VII y VIII y uno o dos peldaños para bajar a todas las habitaciones del lado SO… El suelo de los departamentos es un sencillo relleno de tierra apisonada. El XIII tiene un tosco banco adosado al muro NE. El IV, un pilar adosado al muro y un semicírculo de losas verticales en el centro del recinto… La cubierta se verificaría por medio de cañizos, como parecen atestiguar los fragmentos de arcilla que conservan fielmente las impresiones de aquéllos” (Estudio sobre el poblado ibérico de Rochina, Fletcher, 1940: pág. 126‐128).
Descubre más desde Valenciabonita
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
















