En la vertiente más escarpada del Tossal de Santa Bàrbara de la localidad alicantina de Tàrbena, a 698 metros de altura, se alza Sa Caseta des Moros, el popular nombre del histórico castillo de esta villa de la Marina Baixa.
Desde este promontorio, los antiguos vigías podían divisar otros enclaves estratégicos como el Castillo de Garx y el Fort de Bèrnia, y coordinar señales a través de las montañas que conectan las dos comarcas de la Marina (Alta y Baixa). Hoy, caminando entre sus restos, es fácil imaginar cómo este lugar controlaba rutas y asentamientos durante más de mil años de historia.
Historia y contexto de Sa Caseta des Moros:
El castillo de Sa Caseta des Moros, conocido en época musulmana como Hisn Tarbana, formaba parte del Iqlim de al-Jibal, un distrito del norte de al-Ándalus vinculado a la ciudad de Dénia. Aunque algunos textos mencionan que se construyó en el siglo X, su planta y estructura se corresponden con un castillo defensivo de época de la conquista feudal (siglo XII o XIII, con restos más tardíos de conquista cristiana). La función principal de estos hisn era proteger a los pobladores cercanos, controlar pasos estratégicos y servir de refugio ante ataques.
El documento histórico más temprano lo sitúa en 1245, cuando al-Azraq, el caudillo árabe conocido como “el Azul”, lo entregó al príncipe Alfonso de Aragón, hijo del rey Jaime I, como parte del Pacto del Pouet, junto con otros siete castillos mayores de la región. Posteriormente, durante el primer periodo cristiano, el castillo fue gobernado por el mudéjar Muhammad ibn Ishaq, que recibió el lugar como especie de feudo hasta su expulsión en 1268. El rey Jaime I se lo concedió a sus concubinas sucesivamente y, en el siglo XV, pasó a manos de la nobleza catalana y mercantil valenciana, hasta ser vinculado a la baronía del Valle de Tàrbena por Guerau Bou.
Sa Caseta des Moros también fue testigo de revueltas: en 1276-77 fue uno de los focos de la sublevación mudéjar de Ibrahim, tras la cual sus habitantes musulmanes fueron expulsados y se concedió carta de poblamiento a cuarenta cristianos que debían residir dentro del recinto. Más tarde, durante la Guerra de Independencia (1808-1814), las tropas napoleónicas destruyeron gran parte de la estructura para impedir su uso por la resistencia local.
La fortaleza y su morfología:
El castillo se adapta a la topografía del cerro con planta irregular. Conserva pocos restos de murallas, almenas y dos aljibes comunicados, que posiblemente sustentaban la torre central o celoquia (el núcleo defensivo del castillo) y abastecían de agua a los bancales situados en las laderas inferiores, las cuales todavía hoy se pueden intuir.
En la vertiente sur, menos escarpada, se han documentado restos de cerámica ibérica, campaniense (usada en el mundo romano durante la etapa republicana) y medieval, lo que evidencia que el lugar estuvo habitado desde tiempos mucho más antiguos que en época de dominio musulmán hasta la Edad Media.


La celoquia, como residencia del alcaide, y la villa fortificada se situaban probablemente en el pequeño replano que rodea el aljibe exterior. La documentación medieval habla de cuarenta casas en la villa y de edificios de “singular personas”, hoy desaparecidos. La intervención humana posterior, con bancales para almendros, ha transformado parcialmente el recinto, confundiendo murallas y márgenes, pero aún es posible intuir la disposición original del castillo y su estratégica ubicación.
Lo que se puede ver hoy:
Actualmente, Sa Caseta des Moros se encuentra en ruinas y únicamente quedan restos de lo que fue, si bien su visita está más que recomendada por todo lo mencionado y por contar el lugar con varios miradores que ofrecen vistas a Bèrnia y la (para muchos) desconocida Serra de Ferrer u otras montañas cercanas, incluso los rascacielos de Benidorm en días claros, como nosotros pudimos apreciar.




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Los visitantes pueden recorrer el rudimentario camino de acceso hasta los aljibes y la plataforma superior, contemplar las paredes escarpadas que dominan la Marina Baixa y disfrutar de las vistas que conectan con otros castillos cercanos. Como ya hemos mencionado, pese a su estado el lugar conserva una atmósfera única que combina historia, arquitectura militar andalusí y paisaje montañoso mediterráneo.
Podéis ver a continuación un vídeo de nuestra visita, con tomas en dron para ver la espectacularidad de dónde se ubican los restos del castillo.
Cómo llegar:
Para quienes quieran explorar el castillo de Sa Caseta des Moros, existe una sencilla ruta circular ideal para senderistas de nivel básico que permite disfrutar del castillo y sus panorámicas sin esfuerzo excesivo.
Si bien la ruta es menor de 3 kilómetros, ida y vuelta incluida, en nuestro caso os planteamos un trazado circular de menos de 4 kilómetros paseando también por el pueblo para conocer algunos de sus puntos más emblemáticos, como la plaza y su iglesia dedicada a Santa Bárbara. Esta ruta la tenéis en Wikiloc | Ruta Sa Caseta des Moros, castillo de Tárbena.
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