Mientras el Castillo de Polop, situado sobre el cerro del casco histórico, acaba de recuperar protagonismo tras su reciente restauración en este primer semestre de 2026, existe otra fortaleza prácticamente desconocida en el mismo término municipal alicantino que permanece escondida entre montañas. Se trata de El Castellet de Polop, identificado por diversos estudios históricos y arqueológicos como el desaparecido Castillo de Aljubea, una antigua fortaleza almohade situada sobre un espolón rocoso en las faldas del Ponoig.
Apenas aparece señalizado, no figura claramente en Google Maps y son muy pocos los senderistas que llegan hasta sus restos por desconocimiento, pese a encontrarse en un enclave espectacular del paisaje protegido del Puig Campana y El Ponoig. Y, sin embargo, este pequeño recinto defensivo domina visualmente buena parte de la Marina Baixa desde hace más de ocho siglos.
Lo más llamativo es que durante mucho tiempo se conocieron referencias documentales al Castillo de Aljubea, citado en textos posteriores a la conquista cristiana, pero sin que se supiera con certeza dónde había estado (o seguía) situado. No fue hasta finales del siglo XX cuando varios investigadores comenzaron a relacionar aquellos documentos medievales con los restos conocidos popularmente como “El Castellet”.
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Un castillo roquero junto al barranc de Gulabdar:
El Castellet se levanta sobre un espolón rocoso situado al oeste de Polop, a unos 542 metros sobre el nivel del mar, en una posición absolutamente estratégica. Desde allí se controla el curso bajo del río Guadalest hacia Altea, además de buena parte de las poblaciones de la comarca y pasos naturales históricos como el Mascarat o la Serra de Bernia.
La sensación al llegar sorprende. Pese a la cercanía de Polop y de zonas muy frecuentadas por excursionistas, el lugar transmite aislamiento y cierta sensación de descubrimiento arqueológico. No hay paneles interpretativos, indicaciones ni infraestructura turística. Aquí, tal y como pudimos comprobar en nuestra visita (lo podéis ver en el siguiente vídeo), solo roca, monte mediterráneo con vistas al mar, silencio y los restos de una fortaleza casi olvidada.
Hoy en día, el nombre de “El Castellet” aparece asociado principalmente a una vía de escalada cercana y a una pequeña área recreativa situada en las inmediaciones, mientras que los restos del castillo continúan siendo prácticamente desconocidos para la mayoría de visitantes.


Una pequeña ruta para descubrir un gran enclave histórico:
Aunque el castillo permanece oculto para mucha gente, acceder hasta él es relativamente sencillo. La aproximación puede hacerse prácticamente a los pies de la peña donde se sitúan los restos, tomando el Camí de Gulabdar, una empinada carretera de montaña que recibe su nombre por el cercano barranco. Desde allí parte un breve ascenso a pie que enlaza con un pequeño desvío no señalizado del sendero homologado PR-CV 13.
La ruta completa apenas alcanza unos 820 metros entre ida y vuelta, con alrededor 4 metros de desnivel positivo, por lo que no puede considerarse una ruta senderista exigente. La principal dificultad está en algunos tramos de subida (con ligeras trepadas) y en el terreno irregular cercano al recinto.
La ruta que hicimos, y que asciende al Castell de Aljubea, la podéis ver y seguir en Wikiloc | Ruta El Castell de Aljubea, Polop
Precisamente ahí reside parte de su encanto: en muy poco tiempo se alcanza un lugar que parece completamente apartado del mundo, rodeado por algunas de las montañas más emblemáticas de Alicante.
El entorno es espectacular. Desde las faldas del Ponoig, el paisaje se abre hacia buena parte de la Marina Baixa, mientras el perfil de esta emblemática montaña domina el horizonte junto a la silueta del Puig Campana y las sierras cercanas.
Varios estudios han ayudado a confirmar que era el Castillo de Aljubea:
Una de las investigaciones más importantes sobre este enclave apareció en 1997 en la revista Castells, publicación de la sección provincial de Alicante. Bajo el título «El Castellet de Polop y el desaparecido Castillo de Aljubea» a cargo del investigador José Luis Menéndez Fueyo, se desarrolló la hipótesis ya planteada anteriormente por la arqueóloga Inmaculada Quiles: que los restos del Castellet correspondían realmente al histórico Castillo de Aljubea.
Hasta entonces, Aljubea aparecía citado en documentación medieval posterior a la conquista cristiana, pero su localización exacta seguía siendo desconocida. El estudio relacionó distintos documentos históricos de los siglos XIII y XIV con la posición estratégica del enclave y con los restos conservados. Entre las referencias analizadas aparecen documentos de 1249, 1265, 1278 y 1322 donde se menciona el Castillo de Aljubea en relación con otros territorios y fortificaciones de la zona como Polop, Guadalest, Callosa o el desaparecido castillo de Sanxet. Además de la documentación, la propia arquitectura reforzaba esa identificación.
Un recinto almohade levantado en tapial y mampostería:
Los restos conservados muestran las características típicas de una fortificación almohade adaptada a la abrupta orografía del terreno.
El recinto roquero presenta una planta alargada sobre la cresta rocosa, con muros levantados mediante tapial y una potente base de mampostería local dispuesta en hiladas horizontales. En el extremo sureste todavía se conserva parte de una torre rectangular, mientras que en el interior del recinto se encuentra un aljibe destinado a la captación y almacenamiento de agua.
La técnica constructiva, junto a diversos fragmentos cerámicos hallados en la zona, permitió fechar el conjunto entre la segunda mitad del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII, en plena época almohade.

El estudio también rechazaba otra hipótesis planteada años antes que atribuía el recinto a un pequeño fortín renacentista relacionado con las defensas de Felipe II y el Fortín de Bernia. Según Menéndez Fueyo e Inmaculada Quiles, ni la documentación histórica ni la arquitectura defensiva encajaban con construcciones militares del siglo XVI.
Junto al castillo todavía sobrevive un aljibe medieval:
Uno de los elementos más interesantes y mejor identificables junto al Castillo de Aljubea es su antiguo aljibe medieval, situado junto a los restos de la fortaleza.
Esta estructura, fundamental para garantizar el abastecimiento de agua en un enclave rocoso y aislado como este, presenta planta rectangular y unas dimensiones aproximadas de 5,70 metros de longitud por 2,40 metros de anchura. Fue construido con mampostería local desbastada y dispuesta en hiladas horizontales, trabadas mediante mortero de barro de tonalidad grisácea.
El aljibe todavía conserva parte de su cubierta original mediante bóveda de cañón de mampostería, aunque presenta una rotura en la zona central. En su interior aún pueden apreciarse restos del revestimiento realizado con mortero de cal y gravas, utilizado para impermeabilizar la estructura y facilitar la conservación del agua.
Aunque el origen exacto del topónimo “Aljubea” no aparece explicado en el estudio de 1997, el nombre podría guardar relación con la raíz árabe aljub, término vinculado a pozos o cisternas y del que deriva precisamente la palabra “aljibe”. La posibilidad resulta especialmente llamativa teniendo en cuenta que el recinto conserva todavía un antiguo depósito medieval de agua, uno de los elementos más destacados de la fortaleza.

Según recoge el estudio publicado en 1997 por José Luis Menéndez Fueyo, la intensa colmatación tanto del aljibe como de parte de las estructuras del castillo impedía conocer algunos detalles importantes del sistema hidráulico, como la salida del agua o el sistema exacto de captación. Sin embargo, sí se conservaba la entrada situada en el frente sur del depósito.
La presencia de este aljibe refuerza además la interpretación del Castellet como una auténtica fortaleza medieval de origen almohade, preparada para mantener una ocupación estable en un punto estratégico con gran dominio visual sobre la Marina Baixa.
Una fortaleza clave tras el Tratado de Almizra:
Mencionar, por último, que la importancia del castillo no residía en su valor estratégico. Tras la firma del Tratado de Almizra en 1244, que fijó las fronteras entre Castilla y la Corona de Aragón, esta zona se convirtió en un territorio especialmente sensible. Fortificaciones como Polop, Sanxet o la propia Aljubea actuaban como primeras defensas de la frontera meridional y como puntos de vigilancia sobre un territorio todavía inestable tras la conquista cristiana.
Desde la cima del Castellet se comprende perfectamente esa función. El dominio visual sobre valles, caminos y poblaciones es enorme, especialmente teniendo en cuenta los medios de vigilancia de la época.
Hoy, siglos después, apenas quedan algunos muros erosionados por el tiempo y los restos de un aljibe. Pero entre las rocas y pinares de las faldas del Ponoig todavía sobreviven los restos de una fortaleza que pasó de ser un castillo desaparecido en la documentación medieval a convertirse, gracias a la arqueología, en uno de los enclaves históricos más desconocidos y fascinantes de la Marina Baixa. No dudes en visitarlo.
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