- Palas Atenea fue una de las grandes divinidades del mundo griego. Diosa de la sabiduría, la estrategia, las artes y la justicia, su figura ha sobrevivido durante siglos en esculturas, edificios, pinturas y símbolos.
- En Valencia, puede que muchos estudiantes pasen junto a ella sin saber su significado o que cualquier persona desconozca su existencia en un lugar especialmente relacionado con el conocimiento: en la Avenida Blasco Ibáñez, junto a la antigua Ciudad Universitaria y rodeada de facultades y jardines.
Hay esculturas en Valencia que forman parte del paisaje cotidiano hasta tal punto que muchas veces dejamos de preguntarnos qué representan, quién las hizo o por qué están precisamente allí. Es el caso de Palas Atenea, una monumental figura que se encuentra en la avenida de Blasco Ibáñez, frente a los Jardines del Real (en el cruce con la calle del General Elio), en una zona especialmente vinculada al mundo universitario.
Con sus 4,40 metros de altura, a los que hay que sumar los 3,75 metros del pedestal, la escultura supera los ocho metros de altura y llama la atención cuando uno se detiene a contemplarla. Pero quizá lo más sorprendente no sea solamente su tamaño: está realizada en cerámica y material refractario, algo que convierte a esta obra en una pieza verdaderamente singular dentro del patrimonio escultórico de Valencia.
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Una Palas Atenea en plena zona universitaria:
La escultura representa a Palas Atenea, la diosa griega relacionada con la sabiduría, la estrategia militar, las artes, las ciencias y la justicia. Su presencia en este punto de Valencia no es casual.
La estatua se instaló originalmente en el entonces denominado Paseo de Valencia al Mar, en una zona conocida como Ciudad Universitaria. Quedó situada frente a los Viveros Municipales, entre cipreses y mirtos y junto a un estanque.
Precisamente de ese emplazamiento pudo surgir el lema que acompaña al monumento: «Patria y Estudio». La ubicación, cerca de facultades y espacios universitarios, parece especialmente apropiada para una representación de la diosa vinculada al conocimiento y la sabiduría.
Actualmente, el espacio que ocupaba aquel estanque ha cambiado y se encuentra integrado en una zona ajardinada. Aun así, la escultura conserva su posición y continúa presidiendo este rincón de la avenida de Blasco Ibáñez.
Una diosa de más de cuatro metros hecha en 84 piezas:
La historia de esta Palas Atenea resulta todavía más curiosa cuando se conoce cómo fue construida. Su autor fue Roberto Roca Cerdá, escultor y ceramista nacido en Ontinyent en 1892. El proyecto comenzó a gestarse en la década de 1960, aunque la historia de esta Atenea se remonta mucho más atrás.
Roca ya había realizado en los años veinte un modelo de una monumental Palas Atenea para presentarlo a un concurso relacionado con el remate del edificio del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Aquel proyecto no llegó a ejecutarse por falta de presupuesto.
Décadas después, en agosto de 1965, se convocó en Valencia un concurso para realizar una nueva escultura pública en refractario y cerámica. El único escultor cerámico especializado en material refractario que se presentó fue el propio Roberto Roca. En septiembre de aquel año comenzó a modelar la nueva estatua en escayola. Debido a sus enormes dimensiones, el modelo tuvo que realizarse en dos partes y posteriormente se preparó el molde para obtener las piezas definitivas.
El resultado fue una escultura formada por 84 piezas. Y ahí apareció uno de los grandes retos técnicos de la obra. Según explicó el propio Roca, las piezas debían calcularse teniendo en cuenta las dimensiones de las cajas de refractario y la cocción, que debía realizarse a unos 1.400 grados. Las piezas fueron finalmente cocidas en los hornos cerámicos de la fábrica Lladró, una intervención que quedó grabada en la propia base de la escultura.
Por eso merece la pena detenerse unos minutos cuando se visita: no solamente estamos ante una gran escultura clásica, sino ante una enorme construcción cerámica formada por decenas de piezas que tuvieron que ser modeladas, preparadas, cocidas y posteriormente trasladadas hasta su emplazamiento.
¿Qué lleva la Palas Atenea de Valencia?
La figura aparece de pie y vestida con un peplo azul y una túnica de tonalidad anacarada. Conserva buena parte de los atributos tradicionales asociados a la diosa. No es una Atenea representada como una figura frágil o distante. Su imagen transmite fuerza, seguridad y firmeza, características que encajan con el papel de la diosa como protectora y estratega.
Sobre su cabeza lleva un yelmo corintio dorado, coronado por una esfinge. En el pecho aparece la égida, vinculada tradicionalmente a la protección y decorada con la figura de la Gorgona.
En su mano derecha sostiene una pequeña Niké o Victoria alada, mientras que con la izquierda sujeta un escudo en el que aparece representada Medusa. Y a sus pies encontramos otro de los elementos característicos de la iconografía de Atenea: una serpiente, cuya cabeza se levanta junto al escudo.




También resulta llamativa la propia composición de la figura. Aunque se trata de una representación monumental y de inspiración clásica, Roca consigue mostrar una mujer de apariencia fuerte, atlética y serena. El pie derecho, adelantado y sobresaliendo ligeramente del pedestal, contribuye a darle movimiento y presencia.
El homenaje a Manuel González Martí:
La escultura fue inaugurada el 12 de noviembre de 1967 y formó parte de los actos de homenaje a Manuel González Martí, fundador del Museo Nacional de Cerámica, con motivo de la entrega del título de Hijo Predilecto de Valencia.
González Martí tuvo precisamente un papel fundamental en la gestación del proyecto. A raíz del legado de Milagros Gallego González, quien había dejado una finca cuya renta pasó a administrar la Diputación Provincial, el fundador del Museo Nacional de Cerámica planteó la posibilidad de levantar una nueva Minerva en memoria de la donante.
La escultura fue patrocinada por la Fundación Milagros Gallego González y posteriormente entregada a la ciudad de Valencia. El propio González Martí participó en el acto de inauguración, celebrado cuando tenía ya 90 años. La comitiva se trasladó hasta el Paseo de Valencia al Mar después de la entrega del título de Hijo Predilecto en el Ayuntamiento. Allí se presentó oficialmente la monumental obra de Roberto Roca, con la colaboración de Cerámicas Lladró en la cocción de las piezas.
Una obra de Roberto Roca, un artista que merece ser recordado:
Quizá uno de los aspectos más interesantes de esta escultura sea precisamente su autor. Roberto Roca Cerdá es hoy un nombre mucho menos conocido que otros artistas vinculados a la escultura y la cerámica valencianas, pese a que desarrolló una trayectoria considerable.
En 1925 participó en la ornamentación del Pabellón Español de la Exposición Internacional de las Artes Decorativas de París, donde realizó trabajos cerámicos entre los que se encontraban columnas con leones y elementos relacionados con la decoración del pabellón.
También dejó obras en Valencia. Entre ellas se encuentra una lápida de piedra situada en la fachada lateral del edificio de Correos de la calle Lauria, dedicada a Roger de Llúria, en la que aparecen un escudo de la Corona y un navío.
El propio Roca citaba además entre sus trabajos un león instalado en los Viveros de Valencia y diversas obras de decoración cerámica realizadas en Madrid.
La Palas Atenea de Blasco Ibáñez fue, sin embargo, una de sus obras más singulares por sus dimensiones y por la dificultad de ejecutar una escultura de inspiración clásica en cerámica y material refractario. Roca comenzó a trabajar en ella en 1965 y estuvo vinculado al proyecto hasta su instalación en 1967.
Una escultura que estuvo a punto de perder parte de su esplendor:
Los materiales utilizados para construir la Palas Atenea también han supuesto un reto para su conservación. Los estudios realizados sobre la obra documentaron que, décadas después de su instalación, había sufrido importantes pérdidas y desperfectos. Entre los elementos desaparecidos se encontraban la mano derecha, la égida y parte de la serpiente, además de la pérdida de la Niké original y otros daños en la estructura.
En 2002 se llevó a cabo una restauración de la escultura para recuperar parte de sus elementos y garantizar su conservación. La restauración permitió devolver presencia a una obra que llevaba décadas expuesta a la intemperie. Sin embargo, la comparación con fotografías antiguas permite comprobar que algunos elementos actuales no reproducen exactamente el acabado y la calidad de los originales, especialmente en el caso de la pequeña Victoria alada.
Por eso, es importante, eso sí, diferenciar esta información histórica del estado actual del monumento. Además, en nuestra visita realizada a principios de septiembre de 2026, la escultura puede contemplarse sin que el árbol situado junto a ella impida su visión, ya que se encuentra podado (algo que, en el pasado, muchos reclamaban).
Por desgracia, vimos signos que reclaman una nueva intervención en la escultura para que vuelva a recuperar todo su esplendor.
Lo que echamos en falta al visitarla:
Y aquí aparece una pequeña paradoja. Estamos ante una escultura monumental de más de ocho metros de altura contando su pedestal, con una historia relacionada con Manuel González Martí, con un escultor valenciano prácticamente desconocido para el gran público, con 84 piezas cocidas en los hornos de Lladró y con una iconografía cargada de referencias a la mitología clásica.
Pero si una persona pasea por la zona y se encuentra con ella, difícilmente podrá conocer toda esta historia simplemente mirando el monumento. Se echa en falta una placa, panel informativo o algún recurso interpretativo que explique al caminante qué representa esta figura, quién fue Roberto Roca, cuándo se construyó y por qué se encuentra allí.
Y hay otro detalle que puede pasar completamente desapercibido: en uno de los laterales de su pedestal, tal y como pudimos comprobar en su visita, todavía puede leerse una inscripción que recuerda quién hizo la obra y dónde fueron cocidas sus piezas:
«Realizado por su autor / Roberto Roca / en la Fábrica Lladró».

Es una pequeña frase, sí, pero cuenta una parte fundamental de la historia de la escultura que, seguramente, ya conoceréis ampliamente gracias a este artículo.
Puede que muchos estudiantes pasen junto a ella todos los días sin detenerse. Quizá otros ni siquiera sepan quién es la mujer que, desde lo alto de su pedestal, sostiene el escudo con Medusa y la pequeña Victoria alada.
Basta con detenerse unos minutos para que la escultura deje de ser simplemente «una estatua grande que hay en Blasco Ibáñez» y empiece a contar su historia: la de un artista de Ontinyent que dedicó miles de horas a una obra monumental; la de Manuel González Martí y su pasión por la cerámica; la de Milagros Gallego González y el legado que permitió financiarla; la de los hornos de Lladró donde fueron cocidas sus 84 piezas y la de una obra singular que lleva casi seis décadas formando parte del paisaje de Valencia.
Así que ya sabes: si pasas por la avenida de Blasco Ibáñez, merece la pena acercarse a verla. Y, sobre todo, mirar también su pedestal. Allí abajo está escrita una pequeña parte de su historia.
Fuentes del artículo:
- La estatua de Palas Atenea en Valencia
- LA ESCULTURA MONUMENTAL DE PALAS ATENEA, por ELENA DE LAS HERAS ESTEBAN
- Palas Atenea en Valencia, The Pagan Federation
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