Vila-real se reencontrará este próximo domingo 26 de noviembre (tan solo dura 24 horas) con una de sus tradiciones más arraigadas, declarada Fiesta de Interés Turístico Autonómico, y que demuestra, año tras año, su poder de convocatoria.
La Fira de Santa Caterina regresa a las calles de Vila-real con 230 puestos de venta de diferentes productos entre los que cobran especial protagonismo los típicos de la Navidad, como turrones, frutos secos, juguetes, decoración navideña, belenes, artesanía, además de productos artesanos de alimentación, entre muchos otros.
La feria, además, tiene una fuerte vocación solidaria, puesto que serán un total de 22 ONG y asociaciones sin ánimo de lucro las que participarán este año, todas ubicadas en la plaza Major, como es tradicional.
Los 230 puestos de venta se repartirán por el recinto habitual de calles, que incluye la plaza Major, calle Major Sant Doménec, Raval del Carme, calle Josep Ramon Batalla, calle Hospital y Cardenal Tarancón. También habrá una gran variedad de productos de alimentación, con 75 puestos, además de otros con juguetes, bisutería, libros, productos de papelería, productos personalizados, etc. Habrá una gran representación de comerciantes de la ciudad, con un total de 63 puestos, pero también atrae a muchos artesanos y vendedores de fuera, ya que participarán 76 vendedores de diferentes localidades de la provincia; otros 70 llegarán de diferentes puntos de la Comunitat Valenciana y, finalmente, 21 vendedores proceden de otros lugares de España como Barcelona, Murcia, Albacete, Asturias, etc.
Vila-real anima a la ciudadanía y visitantes a disfrutar el domingo de la feria. Además, el viernes, 24 de noviembre, se dará inicio ya a la campaña de Navidad con el encendido de las luces. Para ello, se han previsto diferentes actividades de animación en la plaza Major y las calles del centro a cargo de la compañía Scura Splats, en horario de 17.00 a 20.00 horas.
La Fira Santa Caterina es uno de los elementos característicos de Vila-real como población. Tras la fundación de la ciudad el 20 de febrero de 1274 por parte del rey Jaime I, una de las cuestiones que se otorgó a la localidad en la Carta Pobla fue la celebración de una feria anual. En la Edad Media este tipo de eventos eran una forma de generar riqueza y se funcionaba con el sistema del trueque.
Comerciantes de varios puntos del recién creado reino acudían con su ganado y sus enseres para intercambiarlos. Este hecho puso a la localidad en el mapa del siglo XIII y la feria duraba entorno a los diez días. En cambio, con el pasar de los años la feria se redujo a una única jornada y, además, se vinculó a la festividad religiosa de Santa Caterina.
Sólo el 30% de los puestos para Santa Caterina son de Vila-real (elmundo.es)
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