En un lugar cercano al Mercado de Ruzafa, rodeado de comercios de barrio y locales de restauración (entre las calles Arzobispo Melo, Pintor Salvador Abril, Músico Padilla y del General Prim), se encuentra uno de los rincones, quizás, más secretos del Barrio de Ruzafa. Y decimos «secreto» porque es bien seguro que la gran mayoría de los vecinos de este barrio de Valencia, incluso podemos extendernos a toda la ciudad, desconoce su interior y nunca ha visitado por dentro el llamado Convento de Nuestra Señora de los Ángeles, también conocido como “Convent dels Àngels de Russafa”.
El exterior del convento sí que es de sobra reconocido por su fachada, la cual llama poderosamente la atención al caminante desentonar bellamente entre edificios del pasado siglo XX y alguno que otro de este siglo. Y es que el espacio protagonista de este artículo, por supuesto, es mucho más antiguo, si bien cabe matizar que su actual aspecto es posterior a la Guerra Civil española tras una reconstrucción al ser asaltado durante la contienda que enfrentó a nuestros antepasados (el 27 de noviembre de 1944, bajo proyecto del arquitecto Salvador Pascual Gimeno, se procedió a la reconstrucción del lugar, modificando además la planta del convento, el cual fue reabierto de nuevo tres años más tarde, en 1947, con bendición del arzobispo Marcelino Olaechea).



Quien mejor nos habla de su historia es el bello artículo de Fernando Miñana para Valencia Plaza del pasado enero de 2022, una entrevista a uno de los franciscanos que vive en el convento, Juan Martí, que hace de guía al periodista. En el texto se menciona que “el convento es antiquísimo. Y durante cuatro siglos estuvo habitado por las monjas clarisas. Lo fundó el arzobispo Martín López de Ontiveros en 1661 y el 2 de agosto de ese año, de madrugada, trasladaron a las monjas mientras la ciudad dormía. Bajaron del coche de caballos y entraron en la clausura por la puerta de la iglesia. Allí estuvieron las monjas de esta orden hasta 2005. «Ya eran solo cuatro o cinco monjitas y ese año decidieron irse a otro convento porque este ya era demasiado para ellas», explica Martí sin caer, quizá, en que ellos ahora son seis en ese edificio de dos alturas y muchos metros cuadrados que se antoja desproporcionado. Los monjes llevan desde 2007, cuando el Arzobispado les ofreció el convento para que dejaran el de Sant Llorenç. «Nuestra función allí era más sacramental, de predicación, cuando éramos muchos frailes, pero poco a poco fue reduciéndose el número de miembros de la orden y ya nos vinimos aquí»».
El convento fue fundado el 11 de enero de 1661 por el arzobispo de Valencia Martín López de Ontiveros. El día 2 de agosto del mismo año, ocupan las casas compradas por el arzobispo y habilitadas como convento, seis monjas del convento de Jerusalén extramuros de la ciudad y no muy lejos de este. Se pone bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, festividad del día y se acogen a la regla de las hermanas descalzas de San Francisco de Asís, rama femenina de esta orden, conocidas como clarisas, por ser su fundadora Santa Clara de Asís. Fue su primera abadesa sor María del Santísimo Sacramento († 05-09-1662). En 1699 se termina la iglesia del convento.
La fundación del convento tenía como objetivo, dar acomodo a mujeres nobles pertenecientes a la diócesis valenciana y que siendo doncellas y honestas no disponían de dote para contraer matrimonio y por tanto corrían serio peligro de caer en pecado. El mantenimiento del convento corría a cargo del fundador, de las limosnas y de los legados caritativos. Las mujeres ingresaban a partir de los catorce años y como norma debían anteponer a su filiación escogida, el nombre de María.
En 2005 las pocas clarisas que residían en el convento se trasladaron a otro convento de la orden y en 2007 los hermanos franciscanos del convento e iglesia de san Lorenzo de Valencia ocuparon el monasterio. Una de las tareas que realizan los monjes franciscanos de este convento, es la organización de viajes a Tierra Santa, por ser la orden franciscana los encargados de la «Custodia de Tierra Santa».
En nuestra visita, aprovechando su breve apertura gracias al mercadillo solidario, de su interior únicamente conocemos su patio o claustro ajardinado lleno de plantas, donde destacan los arcos de medio punto en ladrillo, una terraza superior a la que no pudimos acceder o la escultura sobre pedestal de San Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana, que preside el lugar (el pedestal está dentro de una fuente con cuatro chorros de agua).
Puntualizar que el convento abre sus puertas alguna que otra vez, siempre que vecinos del barrio les piden a los monjes una sala o el patio para celebrar algún que otro evento o reunión, como por ejemplo un acto fallero.




Decir, por último, que en el exterior del convento, adosado a la iglesia, se encuentran dos mosaicos o paneles de cerámica de la Agrupació de Falles de Ruzafa, siendo el más importante de ellos el que fue colocado el 9 de octubre de 1985 recordando que en dicho lugar se realizó la firma de la rendición del rey moro Zayyán unos días antes de la entrada triunfal de Jaume I en la ciudad. El panel dice: “En este lloc de Russafa va estar situat el Real de Jaume I a on se signà pel Rei Zayyan la rendició de Valencia el 28 de Setembre de 1238. El Rei Jaume I, entrà triumfalment en la Ciutat el 9 d´Octubre, Dia de Sant Donis” (Zayyán ibn Mardanish o Zayán Ibn Mardanix, nacido en Onda y también conocido como «Zahén» o “Çaèn”, siendo descendiente del rey Lobo, fue el último rey musulmán de Valencia). El otro panel justo al lado fue colocado, recientemente, el pasado 9 de octubre de 2024 con motivo del 50 aniversario de la asociación cultural fallera.

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