Hoy la plaza de Lope de Vega es, sobre todo, un lugar de paso entre la plaza de la Reina y la del Mercado. Aquí se encuentra la fachada principal de la iglesia de Santa Catalina (con un curioso obispo decapitado en uno de los arcos ojivales), uno de los accesos a la plaza Redonda y la que fue la fachada más estrecha de Europa. Pero este pequeño espacio tuvo en el pasado mucha más actividad de la que hoy podemos imaginar. Sus distintos nombres son, de hecho, una buena manera de conocer qué podía encontrarse aquí hace siglos.
Durante mucho tiempo, esta plaza fue conocida como plaça de les Herves o de las Yerbas, por venderse allí hierbas medicinales, además de verduras y hortalizas. De hecho, según Vicente Claramunt en su web Calles y Plazas de Valencia, desde esta plazuela partía un pequeño pasadizo que recibía también el nombre de calle de les Herbes y que conducía hacia la antigua Pescadería, situada desde 1668 en la actual plaza Redonda, tal y como indica Vicente Ferrer Olmos.
Por su proximidad a este lugar, la plaza también fue conocida como de la Peixcateria. Pero no fue el único nombre relacionado con la actividad comercial de sus alrededores. También se la conoció como plaça dels Caps, por los puestos donde se vendían diferentes partes y despojos de las reses de cordero, como cabezas, manos, vientres o asaduras. Cerca de allí se encontraba además el carrer de Cabritters, donde se despachaba carne de cabrito.
La plaza formaba así parte de aquel enorme entramado comercial que durante siglos se concentró alrededor del Mercado, reuniendo también toda clase de establecimientos particulares. Pero si hay algo que nos muestra hasta qué punto este espacio estaba ligado al comercio valenciano es la presencia del mustaçaf.
El mustaçaf, mostassaf o almotacén fue un cargo, creado por Jaime I en 1238, cuyas funciones eran vigilar que se cumplieran las normas relacionadas con las ventas, los pesos y las medidas. En algún momento, su Llotgeta se instaló en la pared de la iglesia de Santa Catalina que da a la actual plaza de Lope de Vega. Curiosamente, todavía hoy pueden verse las argollas de piedra donde se colocaba su bandera.

La actual denominación de Lope de Vega no se adoptó hasta 1917. Ese año se debatió incluso la posibilidad de unir esta plaza con la cercana plaza de la Virgen de la Paz y dar a ambas el nombre de Lope de Vega. La propuesta no salió adelante y ambas conservaron su independencia. Finalmente, el 5 de octubre del mismo año se acordó que la antigua plaza de las Yerbas pasara a llamarse plaza de Lope de Vega. De este modo se recuperaba también el nombre de una calle desaparecida tras el derribo del antiguo barrio de Pescadores, donde se encontraba, y se evitaba la confusión con la cercana calle de la Yerba, junto a la plaza de la Seo.
A pesar de su nombre oficial, conforme a Luis Fernández Gimeno en Callejeando: Queremos el retablo de Lope de Vega de nuevo en su plaza, en la segunda mitad del siglo XX fue popularmente conocida también como plaza de los Caracoles, por ubicarse allí un establecimiento de venta de estos moluscos.
Décadas después, en 1962, se colocó en la fachada de Santa Catalina un cuadro cerámico con el nombre de la plaza y la efigie de Lope de Vega, realizado en Manises por Jaume de Scals a partir de un dibujo del grabador valenciano Fernando Selma. La pieza permaneció allí hasta que fue retirada durante una de las últimas restauraciones del templo, tras las cuales jamás se volvió a colocar en su lugar ni en otro punto de la plaza, aunque sí se conserva (la imagen de esta pieza cerámica se encuentra en CALLES Y PLAZAS DE VALENCIA: PLAZA LOPE DE VEGA).
Así pues, la plaza que hoy atravesamos casi sin detenernos conserva en sus antiguos nombres la memoria de un espacio estrechamente ligado durante siglos al comercio y a la vida cotidiana de la Valencia antigua.
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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