En Alberic, en plena comarca de la Ribera Alta, existe un lugar que no se entiende solo como espacio natural ni como enclave patrimonial, sino como una suma de capas históricas, culturales y emocionales. La Muntanyeta, a escasos metros del núcleo urbano, es hoy un pulmón verde de pinos, carrascas y murta, pero también un escenario donde se han ido acumulando siglos de usos, tradiciones y relatos que forman parte de la identidad del municipio.
Aquí, la naturaleza convive con la memoria agrícola, las festividades populares y uno de los templos más representativos del término: la ermita de Santa Bárbara, situada en lo alto de la elevación, vigilando el paisaje como referencia visual y simbólica de toda la población.
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Un paisaje con memoria agrícola y transformación del territorio:
La Muntanyeta no siempre ha sido como la conocemos hoy. Durante décadas, tal y como bien explica Sara Portero en La Muntanyeta | Alberic, el espacio se estructuraba entre lo que se denominaba “la Muntanyeta” (la zona donde se ubica la ermita) y la llamada “Muntanyeta Vieja”, un área entonces más despejada, sin apenas arbolado, donde se situaban los antiguos sequers, hoy conocidos como las eras.
Entre ambos espacios discurría el conocido camino de la tiza, una referencia todavía viva en la memoria oral de muchos vecinos, especialmente entre generaciones mayores que siguen utilizando estos nombres como parte natural de su lenguaje cotidiano.
Con el abandono progresivo del cultivo del arroz, los sequers perdieron su función original. A partir de ese momento, la vegetación fue recuperando terreno, transformando por completo el paisaje. Donde antes había un control humano estricto para favorecer el secado de los cereales, hoy predominan los pinos, carrascas y olivos, configurando un entorno natural que ha sido reapropiado como zona de paseo, encuentro y ocio.
Tradición, fiestas y una Semana Santa y Pascua con identidad propia:
La Muntanyeta está profundamente vinculada al calendario festivo de Alberic, especialmente a la Semana Santa y la Pascua. El Domingo de Ramos es uno de los días más significativos del año en la localidad, y gran parte de la actividad festiva se traslada hasta este enclave natural.
Durante esta jornada, el espacio y alrededores se llenan de vida con puestos de feria, el tradicional porrat y una de las singularidades más conocidas del municipio: el concurso de la lechuga (Concurs de l’Encisam), una celebración única que hunde sus raíces en la tradición agrícola local.
Lo que en origen fue una muestra de las mejores piezas cultivadas por los labradores, hoy ha evolucionado hacia una participación protagonizada por entidades festeras, culturales y sociales, siempre con el respaldo del Ayuntamiento. Un ejemplo claro de cómo la tradición se adapta sin perder su esencia.
Ese día, además, la visita a la ermita de Santa Bárbara a través de una romería se convierte en paso obligado, también por su relación con los “pasos” de la Semana Santa que se exhiben en su interior.
La Ermita de Santa Bárbara: historia, arquitectura y patrimonio.
En la cima de la Muntanyeta se alza la ermita de Santa Bárbara, uno de los elementos patrimoniales más destacados de Alberic. Declarada Bien de Relevancia Local, su construcción ya estaba en marcha en torno a 1740, según consta en el testamento de Jaime Lagrava, quien dejó prevista la financiación de la campana del templo.
Las obras concluyeron en 1759, año en el que se bendijo el edificio el 4 de diciembre, coincidiendo con la festividad de la titular. El proyecto definitivo fue obra del padre carmelita y arquitecto Fray José Alberto Pina, tras un primer intento constructivo que tuvo que ser demolido por problemas estructurales. Desde entonces, el templo ha experimentado diversas intervenciones, como la renovación de la torre en 1898 y una rehabilitación más profunda en 1995.
Arquitectónicamente, destaca por sus dimensiones poco habituales en este tipo de ermitas. Presenta una planta en forma de cruz griega, con cuatro naves y una cúpula de tejas azules sobre tambor que domina el crucero. La torre campanario, de planta cuadrada, incorpora aspilleras y está rematada por una cruz.


En su interior, la decoración es de estilo neoclásico, con la imagen de Santa Bárbara presidiendo el altar mayor, acompañada por las devociones de la Virgen de los Dolores y Jesús Nazareno en los brazos del crucero. El templo alberga además distintos pasos procesionales utilizados en Semana Santa, reforzando su vínculo con la vida religiosa y festiva del municipio.
Un espacio vivo entre naturaleza, ocio y simbolismo:
La Muntanyeta es hoy también un espacio plenamente integrado en la vida cotidiana de Alberic. Cuenta con zonas de paseo, parque infantil, circuito de calistenia, áreas de picnic y un quiosco-bar (abierto en fines de semana y momentos festivos clave) que refuerzan su función como lugar de encuentro intergeneracional.



El acceso a la ermita puede realizarse tanto por el calvario como por las escaleras situadas junto al antiguo edificio de la Cruz Roja, configurando un recorrido sencillo pero con cierta carga simbólica, especialmente para quienes lo han vivido como parte de su infancia o de su calendario festivo.

Durante nuestra visita al enclave, pudimos comprobar cómo la Muntanyeta mantiene intacto su papel como punto de encuentro para vecinos y visitantes, combinando naturaleza, ocio y tradición en un mismo espacio. A continuación, podéis ver una serie de 20 imágenes en nuestro Instagram (también podéis ver una visita virtual al lugar en Subida virtual Muntanyeta Alberic).
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Tradición oral, leyendas y memoria colectiva:
Más allá de lo visible, la Muntanyeta también forma parte del imaginario popular de Alberic. Leyendas como la de la princesa árabe vinculada al origen de la Mona, o espacios simbólicos como el Silló de la Reina, se integran en un relato donde historia y mito conviven sin una frontera clara.
También persisten relatos antiguos sobre gigantes convertidos en pinos o pequeños seres de luz visibles en la noche del 24 de junio, vinculados a las flores del entorno. Son narraciones que, aunque hoy formen parte de la tradición oral, ayudan a entender la dimensión simbólica que este espacio ha tenido para generaciones de alberiquenses.
Un lugar donde todo converge:
Por todo lo mencionado, la Muntanyeta de Alberic no es solo un enclave natural ni únicamente un punto de interés patrimonial. Es un espacio donde confluyen la transformación del paisaje agrícola, la evolución de las tradiciones festivas, la arquitectura religiosa del siglo XVIII y la memoria colectiva de un municipio que ha ido reescribiendo su relación con este entorno sin romper del todo con su pasado.
Un lugar, en definitiva, donde la historia no está encerrada en el tiempo, sino que sigue caminando cada día como espacio natural y donde cada Domingo de Ramos hay una particular romería, concurs de encisam y bullicio festivo junto a este enclave predominado por la ermita de Santa Bárbara.
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