En el año 1743 una gran desgracia se produjo en la plaza del Mercado de Valencia durante un festejo taurino: una de las almenas de la Lonja cayó a la calle y varios espectadores quedaron muertos y otros heridos.
Por aquel entonces, Valencia todavía no tenía plaza de toros fija, por lo que se montaban graderíos provisionales en distintas partes de la ciudad, siendo uno de estos espacios la plaza del Mercado. Para las corridas se desmontaban las paradas de venta y se levantaban estructuras provisionales de madera, llamadas cadafals, que servían como graderíos y asientos. Según explican en el tomo II de Historia Viva de Valencia (publicado por Las Provincias), este coso se colocaba entre les Covetes de Sant Joan y la Lonja. Había una tribuna especial para autoridades y se cubría al menos una parte mediante lonas para proteger, al menos en parte, del sol.

Estos toldos precisamente estuvieron en el origen de la tragedia. Estos se amarraban con maromas a los edificios cercanos, entre ellos, las almenas de la Lonja de la Seda. Siguiendo la descripción que ofrece la fuente mencionada, el día del espectáculo (un 19 de agosto de este presente año de 1743), un fuerte viento se desató en mitad de la corrida y el toldo comenzó a sacudirse de forma violenta. Con la fuerza del viento, una de las maromas atadas a la almena que hace esquina en la Lonja con carrer Cordellats la arrancó de cuajo, cayendo junto con muchos escombros sobre la multitud que estaba en los cadafals y en la calle misma.
Este incidente, unido al pánico, ocasionó muertos en la estampida de gente, que quedaron atrapados por la vela desplomada. Entre atropellos, caídas y huidas se contaron más de 10 heridos y un total de 9 personas fallecidas según un texto de la época, un romance cuyo documento original se conserva digitalizado en la Biblioteca Valenciana Digital (BIVALDI) para descargar y que resumimos a continuación.
El relato de lo sucedido quedó recogido en un impreso publicado en el mismo año de la tragedia, en 1743, bajo el título Lamentable tragedia que ha ocasionado una almena que se desmoronó del cuartel llamado el Principal (situado en la plaza del Mercado de la ciudad de Valencia) el día 19 de agosto de este presente año 1743, a las tres y media de la tarde, a tiempo que la gente subía a los tablados para ver la corrida de toros. Su autor fue Salvador Vilata, quien narró los hechos en forma de romance.
Según este testimonio, la corrida se celebraba en la plaza del Mercado, donde se había instalado un gran tablado conocido como el de la Vela. Recibía este nombre porque se cubría con una lona para proteger al público del sol, sujeta mediante tirantes. Una de las cuerdas se había amarrado a una almena del cuartel del Principal, un edificio de piedra situado junto al tablado. Aunque el viento soplaba con suavidad, la tensión de la cuerda fue desplazando la almena hasta arrancarla de su emplazamiento.
El derrumbe provocó una auténtica catástrofe. El romance cifra en ocho hombres y una mujer las personas que murieron en el lugar, mientras que otras doce o trece resultaron heridas. El impacto también alcanzó a dos personas que se encontraban junto al remate de la almena. La violencia del golpe causó heridas tan graves que, según describe el autor, algunos familiares tuvieron dificultades para reconocer a las víctimas, a las que identificaban por sus ropas.
El documento también relata la conmoción que se extendió entre los asistentes y la llegada de personas de Valencia y de otras localidades. Dos hombres recogieron los cuerpos y los trasladaron al cementerio de San Juan para su entierro. Al día siguiente, los fallecidos fueron conducidos solemnemente a distintas parroquias, colegios y conventos, según correspondía a cada uno. El romance termina con una reflexión religiosa sobre la fragilidad de la vida y el deseo de que no volvieran a producirse desgracias semejantes.

Este no fue el primer accidente que sucedía durante este tipo de espectáculos. Conforme a Ariño Villarroya et al., en un trabajo publicado por la Universitat de Valencia (el cual sirvió como informe para rechazar la declaración como BIC de las corridas de toros y bous al carrer en nuestra tierra), el 20 de septiembre de 1472 un cadafalch se hundió por el peso del público, muriendo doce personas. En Historia Viva de Valencia recogen dos casos más: en 1614 se hundió el tablado llamado «de la vela», con un total de 60 muertos; y en 1718 ocurrió otro más grave, cuando se hundió el «cadafal dels cegos».
Tras lo ocurrido, y no siendo la primera vez que se producían accidentes de este tipo, las autoridades dieron orden de que las corridas de toros no volvieran a celebrarse en la plaza del Mercado, sino en la plaza del Convento de Santo Domingo.
La elección de la plaza del Mercado para celebraciones no era casual, pues era de los pocos espacios amplios de la ciudad. Queda documentado desde 1459 espectáculos taurinos en la plaza del Mercado cuando se levantó una tribuna de madera con cubierta, llamada cadafalch o naia, para que se sentaran el rey, sus acompañantes, oficiales y magistrados, tal y como se explica en Informe al voltant de la festa dels bous. Comisión técnica, Universitat de Valencia, 2012 (Coord. Ariño Villarroya, A. et al.).
Antes de que se desplazasen a esta zona, el informe indica que que anteriormente los torneos o juegos se celebraban fuera de las murallas, delante del portal de Serranos. Los cadafals tenían carácter temporal y los carpinteros los construían adaptándose a las particularidades de cada plaza y a la disposición de las edificaciones.
La historia de las plazas de toros en Valencia:
Desde el año 1085 se tiene constancia de festejos taurinos en Valencia. Durante siglos, la ciudad no contó con una plaza de toros fija, por lo que las corridas se celebraban en distintos espacios, como la plaza del Mercado, frente a la Lonja (protagonista de este artículo), la plaza de Tetuán, el Llano de Zaidía, la plaza del Palacio del Real y la Ronda. Para organizar estos espectáculos se instalaban estructuras provisionales de madera, conocidas como cadafals, que los carpinteros construían adaptándose a la disposición de los edificios y a las características de cada emplazamiento.
La celebración de estos espectáculos también estuvo vinculada a la financiación de la beneficencia. En 1739, nuestro «querido» Felipe V concedió al Hospital de Valencia los derechos de explotación de las corridas celebradas en estas plazas desmontables. Sin embargo, el aumento de la afición y los problemas de seguridad de unas instalaciones que no siempre ofrecían garantías suficientes hicieron que, a finales del siglo XVIII, comenzara a plantearse la construcción de una plaza permanente.
En 1798, el intendente Urdaniz encargó a los arquitectos Claudio Bailler y Manuel Blasco la construcción de una primera plaza fija extramuros, junto a la puerta de Ruzafa. El recinto, levantado en parte con mampostería y en parte con madera, tenía 74 metros de diámetro. No obstante, en 1808, durante la ofensiva napoleónica, las autoridades ordenaron derribarlo debido a su ubicación junto a la muralla, que podía comprometer la defensa de la ciudad.
Durante la primera mitad del siglo XIX volvieron a celebrarse corridas en instalaciones desmontables. En 1850, el gobernador Melchor Ordóñez recuperó la idea de construir una plaza permanente y encargó un proyecto a Sebastián Monleón. La propuesta inicial contemplaba un recinto de enormes dimensiones, con capacidad para 20.000 espectadores, pero tuvo que abandonarse por su coste y por diversos problemas, entre ellos los relacionados con la seguridad y la epidemia de cólera de 1854. Finalmente, la actual plaza de toros de Valencia se inauguró en 1859, con unas dimensiones más moderadas que las previstas en aquel primer proyecto.
Este artículo está realizado en colaboración con Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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