Las cuevas de Paterna

  • Las cuevas y sus chimeneas o respiraderos de Paterna forman un paisaje de gran interés patrimonial. Algunas de las cuevas de Paterna siguen habitadas en la actualidad y otras sirven de espacio expositivo local. En la localidad se localizan dos tipologías de cueva: les coves frontejades, con puerta y vivienda; y les coves enclotades, con plaza comunal y sin fachada a la calle.

En el casco urbano de Paterna se conservan varios conjuntos de casas-cueva, conocidas como las cuevas de Paterna, en donde llegó a residir a principios del siglo xx el 40% de la población de Paterna y de las que llegó a haber más de 500 hasta que comenzaron a deshabitarse bien entrada la década de 1950.​

En la actualidad, las cuevas de Paterna disponen de tres agrupaciones que siguen en pie; les Coves d’Alborgí se ubican al norte de la villa y constituyen todavía espacio de habitación; les Coves de la Torre se distribuyen en torno a la Torre de Paterna y fueron el conjunto más numeroso. En la actualidad muchas se han demolido por ruina y en su lugar se creó el espacio cultural La Cova Gran y, entre este y las restantes cuevas, un parque urbano; por último, en les Coves del Batà, ubicadas al sur de la villa en el camino que se dirigía a Campanar, se ha creado un espacio cultural que incluye un museo etnográfico.​ Estos últimos dos conjuntos de las cuevas de Paterna están declarados Bien de Interés Cultural por la misma disposición que la torre.


Las viviendas excavadas de las cuevas de Paterna a modo de cueva son de origen morisco, si bien en la población no se constatan en gran número hasta el siglo xix. Se pueden diferenciar dos tipologías: las excavadas directamente en un desnivel del terreno (coves de façana) y las que excavan un patio común que sirve de fachada a un grupo de dos a cuatro viviendas (coves enclotades). 

En 1824 se censan 38 cuevas, que se multiplicaron hacia 1850 hasta las 200, donde vivía el 35% de la población. En 1920 eran ya 365 las cuevas y alcanzaron su máximo histórico, 509, en 1945, aunque para entonces alojaban solo al 20% de la población.​ A partir de la década de 1950 se fueron abandonando progresivamente, de las 449 que todavía estaban habitadas en 1970, solo quedaban 106 en 1994. 

El ayuntamiento de Paterna ha promovido en las últimas décadas la conservación de las cuevas restantes, tras la consolidación de los espacios culturales, con proyectos como la «ciudad de los oficios perdidos» o la «cueva de los alfareros» que ceden espacios de las cuevas a artesanos locales.

Cuevas del Batán

Coves del Batá. Foto de 19Tarrestnom65 – CC BY-SA 4.0

Cuevas de Paterna

Coves de la Torre, Paterna. Foto de Enrique Íñiguez Rodríguez – CC BY-SA 3.0

“…Tanto las cuevas situadas en el entorno de la Torre, como las que se localizan a lo largo del antiguo camino del batán (también algunas diseminadas por otros puntos de la población), durante mucho tiempo concentraron gran densidad de población. Ambas, a pesar de haber visto parcialmente reducida su amplitud original, siguen ocupando un área bastante extensa en torno a la Torre y al Ayuntamiento y en dirección sudoeste.
Forman, junto con los Bien de Interés Cultural (BIC) de la Torre y el Palacio, un paisaje de gran interés patrimonial con los respiraderos y chimeneas blancas sobre el promontorio o colina donde se han excavado.

Además, las primeras, parte de las cuales siguen estando habitadas, configuran, junto con otros elementos, un lugar de esparcimiento de los habitantes de Paterna. Las condiciones históricas en que surgen están asociadas a tres factores principales, que son: aumento demográfico, un incremento de las rentas señoriales y un deterioro de las condiciones de los asalariados y jornaleros, lo cual hace que la mayoría de la población no pudiera acceder a la propiedad de una vivienda y optara por excavar su vivienda en la roca calcárea y arcillosa de escasa dureza de Paterna.

Los parámetros constructivos siguen dos de las tipologías de cuevas. La primera de ellas son las “coves afrontades o frontejades”, que presentan una fachada exterior con una puerta y una ventana
como si se tratara de casas urbanas, con enlucido de mortero o sólo encaladas, pero con un desarrollo interior excavado aprovechando un rebaje natural. La planta sigue el modelo de casa tradicional de una o dos manos, con un patio al fondo de ventilación. Al exterior son característicos sus pozos de ventilación y las chimeneas. La unión de ocho de ellas en la calle Pérez Galdós, ha configurado el “Espacio Cultural Coves del Batà”.

La segunda tipología sigue el modelo conocido como “cova enclotada”, articulada en torno a una plazoleta comunal para unas pocas cuevas, con acceso en rampa y sin fachada a la calle. Las dos morfologías de cueva crean unas condiciones de habitabilidad especiales con una temperatura interior agradable, templada en invierno y fresca en verano. Muchas de ellas fueron ampliándose desde una extensión reducida a medida que las necesidades familiares así lo demandaban, llegándose a configurar espacios con diversas habitaciones y estancias de dimensiones considerables.

La conservación de las cuevas exige una dedicación constante que va desde lograr una buena ventilación, ya que la humedad de una cueva cerrada disgrega los muros y provoca derrumbes, pasando por el blanqueamiento con cal una o dos veces al año. Estos bienes se encuentran integrados, a su vez, dentro del BRL del Núcleo Histórico Tradicional…”

Ernesto Manzanedo Llorente. Arqueólogo municipal. Director del Museo Municipal de Cerámica de Paterna.

 

 

 

Fuentes:

 

 

 

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