En un punto del límite entre la provincia de Valencia y la provincia de Cuenca, en pleno Parque Natural de las Hoces del Cabriel, se encuentra un histórico puente del siglo XVI al paso del río Cabriel, un rincón digno de visita por su pasado (por conservar todavía su función de paso de la Cañada Real), por ofrecer al visitante una estampa única y por ser, en periodo estival, una zona de baño que, ojo, puede ser muy peligrosa.
Hablamos del Puente de Vadocañas, un enclave ubicado, en Google Maps, en las coordenadas decimales 39.445128, -1.522305 (en sexagesimales 39°26’42.5″N 1°31’20.3″W) que ejerce de separación de los términos municipales de Venta del Moro e Iniesta y que fue edificado en este rincón, sobre otro que hubo, para salvar del citado río, en una zona alejada de las hoces, el paso de un vado histórico (el puente, de hecho, aún mantiene su función de paso de la Cañada Real de la Mancha o San Juan en su discurrir desde la Meseta central castellana a la Albufera de Valencia como recuerdo de la trashumancia ganadera).
Tal y como menciona la cartelería del lugar, “este siempre ha sido uno de los escasos pasos accesibles del río Cabriel, cuya compleja orografía y frecuentes riadas ha dificultado siempre el tránsito entre la Meseta Castellana y la ciudad y Reino de Valencia. Por el vado siempre han discurrido sendas ibéricas y una calzada romana secundaria que permitían el intercambio comercial y el tránsito caminero, como ha quedado atestiguado arqueológicamente. Está documentado también su paso a través de barcas y frágiles puentes de madera en la primera mitad del siglo XVI”, antes de la construcción del protagonista del artículo.
En “Relaciones Topográficas” de Felipe II ya se habla del uso caminero del puente enlazando Toledo y Valencia. En el siglo XVI y XVII hubo una gran competencia por asegurarse el paso del Cabriel entre los puentes de Pajazo, Castilseco, Contreras, Ponseca y este, Vadocañas. Junto al puente, siempre han convivido diferentes elementos propios de la arquitectura del agua y caminera como molinos, batanes, presas, azudes e incluso ventas (ya documentadas en 1422), o un balneario del siglo XVIII.

Respecto al puente, decir que esta cuidada obra de canterería del s. XVI (de aproximadamente el año 1570) con arco de medio punto de 33 metros de luz y cimentado en las mismas rocas de las márgenes del río. El pretil está rematado con sillares troncocónicos y muchas marcas de cantero, conservando mechinales donde reposaban los palos del andamio en su construcción y utilizando el ladrillo en parte de su lienzo.
Podéis ver nuestra visita al puente en el siguiente vídeo/reel de Instagram.
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Por último, queremos avisar de que aunque nosotros indiquemos que se trata de, tradicionalmente, una zona de baño (no lo decimos nosotros únicamente, así se hace saber en las reseñas de Google Maps, lo saben las gentes del lugar y quienes aquí se han bañado, como por ejemplo nosotros o don Agustí Hernàndez, autor del libro “Tolls i salts d´aigua valencians”), hay que recalcar que se trata de un sitio peligroso, algo que se indica claramente en un cartel cercano que pone “Zona peligrosa para el baño”.

Con esto queremos decir que, aunque el baño no está prohibido, se trata de una advertencia. Como os hemos comentado ya en otros artículos, se antepone el derecho del usuario amparado en la Ley de Aguas en sus artículos 50 y 58. Sin embargo, la responsabilidad queda siempre delegada a quien ejerza este derecho sin tener en cuenta que la peligrosidad, la cual viene dada porque el río puede llevar mucha corriente por la apertura de puertas del Embalse de Contreras (esto se hace periódicamente), puede convertirse en una trampa mortal (como norma, la gente se baña en la parte de Iniesta, en un clareo de la roca que da acceso la piedra al río. Adjuntamos fotos a continuación. Hay quienes únicamente se mojan un poco junto a la orilla sin alejarse de ella; otros que nadan a contracorriente un poco y vuelven; y luego están los precavidos, los que atan su torso a una cuerda y el otro extremo, por si acaso, a una piedra).


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