La Senda del Bato es un itinerario corto y de baja dificultad, de menos de 2 kilómetros de recorrido, que nos sumerge en la historia de los llamados roders (roderos en castellano), aquellos bandoleros valencianos que durante siglos encontraron refugio en las sierras valencianas.
La ruta tiene como protagonista a uno de los más conocidos, Pasqual Ribes “El Bato”, quien encontró la muerte muy cerca del rincón hoy conocido como Escaló del Bato, en el término municipal de Montitxelvo.


A lo largo del recorrido, el cual puede puede recorrerse de manera independiente o bien como añadido en un desvío del sendero PR-CV 390, se disfruta de un típico paisaje mediterráneo, con pinos y un denso sotobosque en el que abundan el palmito y la coscoja. También aguardan formaciones geológicas de gran interés, como la Sima de Montitxelvo, y espectaculares vistas desde el mirador, con panorámicas sobre la Vall d’Albaida y rincones presididos por el imponente Cim del Benicadell o el Castell de Rugat, escenario ligado tanto al Cid como al rey Jaume I.
La Ruta del Bato fue recuperada en la primavera de 2025 gracias al impulso del Ayuntamiento de Montitxelvo y la colaboración de historiadores locales como Rafa Jordà. Este itinerario combina naturaleza, memoria oral y patrimonio histórico, permitiendo a los visitantes descubrir lugares singulares como la Penya de l’Ullastre, las Planisses o el Castell de Rugat, mientras se sumergen en la historia del bandolerismo valenciano a través de paneles interpretativos distribuidos a lo largo del camino.
El recorrido, de menos de 2 kilómetros y accesible para todos los públicos, culmina en l’Escaló del Bato, el lugar donde la tradición oral sitúa la muerte del bandolero, marcada hoy por una cruz. Durante la recuperación se han limpiado y protegido también espacios naturales como la Sima de Montitxelvo, transformándola en un atractivo seguro y visitable. La senda ofrece acceso gratuito y la posibilidad de realizar visitas guiadas en el marco de actividades culturales, convirtiéndose en una leyenda viva del patrimonio local.
Una sima añadida a la ruta, un aliciente:
Otro de los grandes atractivos de este recorrido es la Sima de Montitxelvo, un avenc o cavidad natural que se abre en la superficie a causa de la erosión kárstica o del hundimiento de galerías subterráneas con el paso del tiempo.
La sima se accede a través de un pozo en pendiente casi vertical que, según los estudios realizados por el Club Muntanyer i Espeleològic de Xeresa (año 2000) y el Centre Excursionista d’Alcoi, alcanza una profundidad máxima de 98 metros. Desde ese punto, el recorrido se prolonga en unos 140 metros de galerías, tanto horizontales como verticales.

Estos avencs siempre han sido lugares peligrosos, a menudo ocultos por la vegetación. A lo largo de la historia, no solo animales han caído en ellos, sino también personas, lo que ha dado origen a topónimos muy comunes en nuestras tierras, como la Cova o Sima de l’Home Mort.
Cómo realizar la ruta de la Senda del Bato:
El recorrido, de poco más de 1 kilómetro, se realiza desde las coordenadas decimales 38.878652, -0.326723 (en sexagesimales 38°52’43.2″N 0°19’36.2″W), donde hay sitio para aparcar un máximo de tres coches (ojo porque si ponéis estas coordenadas en Google Maps desde Valencia os hará salir por Terrateig e ir por pistas forestales durante más kilómetros. Recomendamos llegar hasta Montitxelvo y después poner estas coordenadas).
Junto a las mencionadas coordenadas que harán de parking hay un panel de información e inicio de la ruta que indica el camino a seguir, si bien, para más facilidad, podéis ver las indicaciones que os dejamos en Wikiloc | Ruta La Senda del Bato, Montitxelvo.
Antes de llegar al Escaló del Bato podréis disfrutar las vistas de la zona desde un mirador, cartelería incluida sobre los «roders», y pasaréis por la citada sima.


Quién fue “El Bato”:
“El Bato”, tal y como bien explican desde «Roders de llegenda: El Bato (Vilallonga)«, era el apodo de Pasqual Ribes Garrigós, natural de Villalonga, bautizado el 16 de mayo de 1820 en la iglesia de los Sants Reis. Era hijo de Vicent Ribes Cardona y Agustina Garrigós Morell, ambos también villalongueros.
Sus primeros problemas con la justicia llegaron cuando comenzó a relacionarse con Vicent Ascó Roig, conocido como el “Negre del Ferrer”. Este último ya había pasado por prisión al estar vinculado con la célebre Cuadrilla de Bandidos de Villalonga (véase: Manel Arcos i Martínez, La senda de los ladrones: bandolerismo en los alrededores de la sierra de Mostalla (1806-1839), Valencia: PUV, 2009, pp. 149-158). En 1839 ambos fueron procesados por el homicidio de Salvador Geli Escrivà, aunque en noviembre de ese mismo año obtuvieron el indulto.
Poco después, Pasqual Ribes volvió a ser juzgado por amenazas contra Baptista Roig: primero en julio de 1840, cuando lo atacó con un hacha, y más tarde en junio de 1841, cuando lo amenazó con una carrabina. Estas acciones lo llevaron a pasar un tiempo en los calabozos de Pego. En marzo de 1843 fue nuevamente condenado, esta vez junto con Francesc Vicent Rosselló, Josep Garrigós «menor», Josep Garrigós «major» y Josep Ros, todos de Villanova, por amenazar con armas de fuego a varios vecinos. En su caso, la pena fue de un año en un correccional de Alicante.
La historia de la muerte del Bato:
En Montitxelvo se cuenta que “El Bato” era un hombre de carácter desconfiado, siempre receloso de quienes lo acompañaban. Tanto era así que al caminar con su cuadrilla insistía en ir el último de la fila, convencido de que así evitaría traiciones.
Sin embargo, esa misma desconfianza acabó volviéndose en su contra. El grupo estaba cansado de su actitud y lo consideraba vengativo y poco fiable, por lo que decidieron acabar con él. La traición tuvo lugar en la Planissa, en junio de 1871, a los pies de les Penyes de l’Ullastre, muy cerca de la Sima de Montitxelvo y la Serra d’Aielo de Rugat. Aquel día, uno de los compañeros fingió detenerse para atarse la alpargata, dejando que le adelantase “El Bato”. Fue entonces cuando le disparó por la espalda. Ribes cayó al suelo y el resto de la cuadrilla lo remató.
Tiempo después, alguien grabó una cruz en una roca del lugar, todavía visible en la actualidad, como recuerdo de aquel ajusticiamiento y venganza. Desde entonces, ese paraje es conocido como el Escaló del Bato, sitio donde perdió la vida Pasqual Ribes Garrigós (la cruz es la que todavía hoy puede verse. Adjuntamos foto a continuación).

Su cadáver fue hallado con signos de violencia en la Mina de Montitxelvo, más conocida como «Alcavor de Remigio», pocos días después, en unas jornadas especialmente trágicas, pues casi al mismo tiempo un niño de trece años de Terrateig moría accidentalmente cuando otro muchacho disparó una escopeta junto al antiguo molinar de Baptista Climent.
Por cierto: los restos de “El Bato” descansan en el cementerio de Montitxelvo. Fue Nicolau Martínez, vecino de la Casa del Collado, quien recogió su cuerpo con ayuda de su burrita para darle sepultura digna, según recuerda su bisnieta Andrea Escrivá Vicedo. El Collado se sitúa en el límite de los términos de Montitxelvo y Aielo de Rugat, muy cerca del lugar donde exhaló su último suspiro.
Meses más tarde, en octubre, la Guardia Civil detuvo a varios implicados en el crimen: a Joan Baptista Climent en l’Orxa, a Miquel Climent en Montitxelvo y a Vicent Jàfer en Aielo de Rugat, todos acusados de participar en la muerte de “El Bato”.
Los “roders”, el bandolerismo valenciano:
Los roders o roderos fueron bandoleros típicamente valencianos. El nombre hace referencia a su modo de vida: siempre en movimiento, “rodando” de un lugar a otro, recorriendo montes, caminos y despoblados en busca de emboscadas o escondites. Su época dorada se dio entre finales del siglo XVIII y buena parte del XIX, en un contexto de crisis económicas, inseguridad en los caminos y continuos enfrentamientos políticos que sacudían toda la Península.
La actividad de estas cuadrillas se centraba en zonas montañosas e interiores de la Comunitat Valenciana: el Maestrat, Els Ports, la Serranía, la Vall d’Albaida o la Safor fueron sus principales escenarios. Para unos, no eran más que delincuentes que sembraban el miedo entre masías y viajeros; para otros, figuras legendarias que representaban la rebeldía frente al poder establecido.
El auge del bandolerismo tuvo su origen en un cóctel de factores: el crecimiento demográfico del siglo XVII, los bajos salarios y la abundancia de jóvenes sin recursos ni ocupación, lo que empujó a muchos a una vida al margen de la ley. Al principio, solían ser jóvenes que cometían un crimen en un arrebato y, a partir de ahí, quedaban condenados a vivir huyendo de la justicia.
Con el paso del tiempo, los roders se organizaron en cuadrillas más estructuradas e incluso en auténticos bandos mafiosos de familias aliadas, extendiendo el fenómeno hasta entrado el siglo XX. Entre los más recordados figuran Pasqual Ribes “El Bato”, activo en la Vall d’Albaida; Manuel Vida, “El Tort de Montaverner”; o el gandiense “Pep de la Tona”, todos ellos capaces de alterar la paz de pueblos enteros.
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