Entre los parajes agrestes de la Serra Vernissa, en un punto que conecta los términos municipales de Xàtiva y Novetlè, se alza la llamada Peña de San Diego o Penya de Sant Didac, el segundo pico más alto de esta sierra (a 388 metros de altura sobre el nivel del mar) y antiguo asentamiento de la Edad del Bronce. Este montículo, aunque se asocia con Novetlè por proximidad, pertenece realmente al término de Xàtiva, encontrándose en un entorno plagado de cuevas como la de la Araña, la del Carassol o la del Barranc de Fondo.
Una vieja ermita en ruinas a los pies de la Penya de Sant Dídac:
Allí, además, todavía es posible ver en la actualidad, aunque solo queden sus ruinas, los restos de una ermita que recuerda la devoción hacia San Diego de Alcalá, un santo cuya vinculación a la religiosidad popular valenciana también se encuentra en lugares como el antiguo convento de San Diego de Alfara del Patriarca; ermitas en Benigànim, Castielfabib o Ademuz; o por su patronazgo en Tuéjar (donde se conmemora su día, el 13 de noviembre, con actos religiosos y tradiciones locales) o en la misma localidad de Novetlè, que celebra sus fiestas patronales la última semana de agosto dedicadas a la Divina Aurora, el Cristo del Perdón, la Virgen del Rosario y precisamente Sant Dídac).
La elección de esta peña para situar la ermita (probablemente del siglo XVII) no fue casual: se trataba de un lugar de retiro y contemplación, acorde con el espíritu franciscano de San Diego. Además, desde aquí se domina gran parte de la llanura setabense y se entiende por qué fue considerado un espacio propicio para la oración y la veneración del santo. Esto fue lo que propició que durante siglos, vecinos de Xàtiva y Novetlè (además de otras poblaciones de la zona) subieran a esta ermita para rendirle culto, manteniendo viva la tradición hasta que el paso del tiempo y el abandono, tras la llegada de la desamortización de Mendizábal en la primera mitad del siglo XIX, acabaran reduciéndola a las ruinas actuales.



Los restos de la ermita, sin embargo, a simple vista se parecen más a una antigua casa que a los vestigios de un pequeño templo dedicado al santo. Aunque el edificio ya no existe como tal, el lugar, a los pies de la misma cima de la Penya de Sant Dídac, conserva su carácter evocador: un rincón cargado de memoria, en el que historia, fe y naturaleza se funden. La subida merece la pena, no solo por la devoción que encierra, sino también por las panorámicas que ofrece, convirtiéndose en un testimonio más del rico patrimonio espiritual y cultural de Xàtiva y su entorno.



Por cierto: muy cerca de la Penya Sant Dídac, a los pies de la ermita, encontramos una vieja casa particular en el desvío del camino de subida. Junto a ella, como podéis ver en la siguiente foto, hay un gran pino.

Cómo llegar a la Penya de Sant Dídac:
La subida más sencilla a la Penya de Sant Dídac para maravillarse con las vistas y conocer los restos de la ermita parte desde el cementerio de Novetlé, un recorrido suave que permite disfrutar del paisaje durante todo el camino.
El itinerario, como premio al llegar a la cima, regala al excursionista vistas extraordinarias de la Costera de Ranes (los pueblos de Vallés, Cerdà, Torrella, Llanera de Ranes, Rotglà i Corberà y La Granja de la Costera, todos ellos muy ligados al río Cànyoles y a las antiguas alquerías de Rahana o “Les Rahanes”), así como del Pla de Xàtiva y el inicio del valle de Montesa.
Os recomendamos seguir nuestra propuesta de ruta, de dificultad fácil y de poco más de 4 kilómetros ida y vuelta incluida, de Wikiloc | Ruta Penya de Sant Dídac y ermita de San Diego de Alcalá desde Novetlè.
Vida, muerte y canonización de San Diego de Alcalá:
Diego de San Nicolás, conocido como San Diego de Alcalá (1400-1463), fue un humilde fraile franciscano nacido en Sevilla y fallecido un 13 de noviembre en Alcalá de Henares (fecha que pasó a ser su festividad en el santoral).
En su juventud pasó por el antiguo convento de Santa Ana de Albaida, donde conoció la parte más antigua del conjunto, la ermita fundada en 1410, lugar por el que también pasó San Vicente Ferrer. Este episodio muestra la vinculación de San Diego con nuestra tierra y con la espiritualidad valenciana. Su vida sencilla, marcada por la humildad, la predicación y el cuidado de los enfermos, lo convirtió en una figura venerada ya en su tiempo, y su nombre sigue vivo como patrón de pueblos de la península, de localidades de Canarias y de ciudades de gran peso en América, como San Diego en California, además de estar muy presente en México.
Considerado santo por la Iglesia católica y recordado en numerosos lugares del mundo, fue el primer hermano lego canonizado en la Orden Franciscana (frailes que, sin ser sacerdotes, profesaban los votos de pobreza, castidad y obediencia, dedicándose a labores manuales y al sostenimiento de los conventos).
San Diego fue canonizado en 1588 por el papa Sixto V, culminando el proceso introducido por Pío IV a instancias de Felipe II, convirtiéndose en el primer santo español de la Edad Moderna y el único canonizado a lo largo del siglo XVI. La curación del príncipe Carlos fue el milagro más célebre aprobado en su proceso de canonización, aunque también se le atribuyen otros, como el haber salvado a un niño que dormía en un horno encendido en Sevilla, o la ayuda milagrosa en numerosas curaciones, siempre con la humildad de atribuir las intervenciones a la Virgen María.
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