El Salto de Chella es uno de esos enclaves donde el paisaje y la historia industrial del interior valenciano se entrelazan de forma casi inseparable. Situado junto al cauce del río Sellent, este paraje del municipio de Chella (Canal de Navarrés) combina una cascada de unos 50 metros de altura (formada por 2 escalones de 25 metros cada uno), un entorno de microclima húmedo y frondoso, y los restos de una antigua central hidroeléctrica que marcó el desarrollo económico de la zona a comienzos del siglo XX.
La ruta que conduce hasta su base es corta, sencilla y muy accesible, pero en su recorrido concentra algunos de los elementos más interesantes del patrimonio natural e industrial de la provincia de Valencia.
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Un mirador como punto de partida hacia el Salto de Chella:
La excursión comienza en el mirador del Salto de Chella, donde ya se obtiene una de las mejores panorámicas de la cascada. Desde este punto elevado, además del salto de agua, se divisan en la pared rocosa las conocidas Cuevas del Turco, un conjunto de cavidades excavadas en altura cuyo acceso resulta prácticamente imposible.
El acceso en vehículo puede realizarse hasta las inmediaciones del mirador, en la zona final de la calle Senda Peña, donde existen espacios para estacionar (en caso de no haber estacionamiento en este punto, se puede dejar antes de llegar al mirador en otras calles). Desde allí, el itinerario se inicia de forma muy clara.
Descenso hacia el río Sellent: escaleras, puente y primer contacto con el entorno.
Desde el mirador, el camino desciende mediante unas escaleras con barandillas de madera hasta alcanzar el entorno del río Sellent. En este punto aparece un puente que cruza el cauce, aunque la cascada deja de verse parcialmente debido al desnivel del terreno.
Es aquí donde el recorrido empieza a ganar interés, ya que la senda continúa descendiendo hacia la base del salto, adentrándose en un entorno cada vez más húmedo y lleno de vegetación.
La antigua fábrica de luz: un paisaje industrial integrado en la ruta.
Uno de los elementos más singulares de esta ruta es la presencia de las ruinas de la antigua fábrica de luz, integradas en el propio descenso hacia el río. Hoy en día, el complejo es completamente accesible a pie, permitiendo recorrer distintos espacios de lo que fue una de las infraestructuras hidroeléctricas más relevantes de la zona.
Tal y como recoge el capítulo “Lo que la riada se llevó”, incluido en la obra Filología Chellina del autor José Luis Ponce Palop, este entorno vivió su etapa de máximo esplendor a principios del siglo XX, cuando en él coexistían molinos harineros, fábricas de papel y la central hidroeléctrica de Valiente, Ferrando y Compañía.


La central fue inaugurada en 1909 y supuso un avance decisivo para Chella, ya que permitió sustituir la energía basada en petróleo por la producción hidráulica. Su actividad llegó incluso a abastecer de electricidad a municipios como Cárcer, Bolbaite, Alberic, Alginet o L’Alcúdia de Crespins, entre otros.
La riada de 1919: el punto de inflexión del Salto.
El punto de inflexión llegó con la conocida riada de San Miguel de 1919, que provocó graves daños en las instalaciones. Aunque la central fue posteriormente reparada, los elevados costes de mantenimiento hicieron inviable su continuidad económica.
Finalmente, la empresa fue vendida a Volta S.A., que acabó desmantelando las instalaciones para evitar competencia, iniciándose así el progresivo abandono del entorno.
A partir de entonces, el Salto fue perdiendo su actividad industrial, aunque la memoria local ha mantenido vivo su recuerdo a través de testimonios y relatos recogidos en obras como la mencionada Filología Chellina.
La ruta actual: entre ruinas, naturaleza y microclima.
En la actualidad, el recorrido permite atravesar distintos puntos del antiguo complejo industrial, donde aún se conservan estructuras en ruinas, restos de lavaderos y espacios que formaban parte del funcionamiento de la central.
En el entorno inferior del paraje, conocido popularmente como “El Paraíso”, la vegetación es especialmente densa, con zonas de humedad constante que generan un microclima muy característico. Y, por supuesto, el rincón estrella del paraje es la gran cascada del Salto.

Aunque el conjunto se encuentra en estado de ruina, tal y como hemos comprobado en nuestra visita de junio de 2026, la zona ha mejorado notablemente en cuanto a su mantenimiento en los últimos años, con trabajos de limpieza y desbroce (que parecen muy recientes) que permiten recorrer el espacio con mayor seguridad que en visitas anteriores.
Para llegar hasta «casi» la base de la cascada, la conocida “playa de El Salto de Chella”, tendréis que atravesar piedras del curso del río una vez hayáis llegado abajo del todo tras el final de la senda. En épocas de fuertes precipitaciones es posible que no podáis cruzar, por lo que simplemente os tendréis que conformar con verla cerca o desde el mirador (en ambos casos desde la distancia).
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El itinerario al Salto de Chella, tal y como proponemos, es un recorrido de ida y vuelta, sin carácter circular, de aproximadamente menos de 2 kilómetros en total. Cuenta con un desnivel positivo acumulado de 119 metros y se puede realizar en unos 35 minutos (alrededor de 2 horas con paradas y exploración, incluido si se desea baño en la gran poza y cascada). El recorrido lo podéis ver en Wikiloc | Ruta Ruta a las ruinas de la Fábrica y Salto de Chella desde Mirador del Salto (junio 2026).
Aunque el acceso es sencillo, conviene extremar la precaución en algunos tramos del descenso, especialmente en zonas cercanas a las ruinas, donde existen todavía algunas oquedades y desniveles. No es recomendable adentrarse en estructuras inestables ni fuera de los senderos marcados, especialmente en épocas de lluvias o con el terreno húmedo.
Un paisaje que combina agua, historia y memoria:
El Salto de Chella no es únicamente una cascada. Es también el testimonio de una época en la que el agua del río Sellent impulsó la economía local, dio vida a industrias hoy desaparecidas y dejó un legado arquitectónico que, aunque en ruinas, sigue formando parte del paisaje.
La combinación de naturaleza, patrimonio industrial y memoria histórica convierte esta pequeña y recomendable ruta en una de las más sorprendentes del interior valenciano. ¿Te atreves a descubrirla?
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