- El ayuntamiento de Valencia restituye en la plaza del Barón de Cortes la placa en memoria del maestro, la última víctima ajusticiada por herejía en España, hecho que ocurrió en Valencia.
- Dicha restitución viene como demanda popular para recuperar la memoria del maestro por la placa que estuvo situada entre los años 1906 y 1939, en la antigua plaza del Mercat de Russafa (actual calle del Pare Perera), pero que fue sustituida por las autoridades franquistas al término de la Guerra Civil española.
- Cabe mencionar que el maestro ya disponía de una calle con su nombre cerca a la avenida de Blasco Ibáñez.
La plaza del Barón de Cortes recupera desde hoy la placa histórica que conmemoraba la figura del maestro Gaietà Ripoll i Pla, condenado a muerte por hereje en Valencia, y ahorcado el 31 de julio del año 1826. La concejala de Cultura, Glòria Tello, ha asistido hoy a la reposición de la placa en memoria del librepensador, según la iniciativa impulsada por diversas entidades ciudadanas en el marco de la celebración del 9 de Diciembre, Día Internacional de la libertad de Conciencia y de Pensamiento.
Acompañada por varios miembros de la Corporación Municipal, la concejala ha defendido la memoria y la figura de este maestro “culto, librepensador, ajeno a dogmatismos, que es todo un símbolo de la enseñanza laica para formar hombres y mujeres libres”.
Gaietà Antoni Ripoll i Pla, nacido en Solsona en el año 1778, y muerto en Valencia en 1826, fue maestro de escuela en nuestra ciudad, donde se le acusó de no creer en los dogmas religiosos. Como consecuencia de ello, fue condenado a muerte por hereje, sentenciado por la Junta de Fe de la diócesis de Valencia, y ahorcado.
La Inquisición fue abolida durante el Trienio Liberal pero “recuperada” en 1823 como Juntas de Fe. Fue precisamente una Junta de éstas, la Junta de Fe de Valencia creada por el entonces Arzobispo de Valencia Simón López, la que condenó a Gaietà Ripoll tras la denuncia.
El proceso y ejecución de Gaietà Ripoll causó un gran escándalo en toda Europa. Fue el último ejecutado en España por el llamado delito de herejía.
Según consta en el informe que el arzobispo de Valencia envió al nuncio papal, Gaietà Ripoll se había establecido con el encargo de maestro de escuela en la parroquia de Ruzafa. Fue denunciado por vecinos de la zona y detenido en octubre de 1824, y durante los dos años que permaneció en una antigua cárcel inquisitorial de la ciudad de Valencia no se retractó de su postura personal y ética.
Gaieta Ripoll fue denunciado por vecinos de la zona, analfabetos en su mayoría, que no entendían por qué no seguía los rituales tradicionales del catolicismo, a pesar de la bondad, el desprendimiento y el amor a sus semejantes de que siempre hizo gala, según los testimonios recogidos por algunos de sus coetáneos, siendo pues la última víctima ajusticiada por herejía en España.
Tras ser detenido en octubre de 1824, permaneció durante dos años en una antigua cárcel inquisitorial del Cap i Casal (Sant Narcís, junto a las actuales Cortes Valencianas) donde no quiso “rectificar en su alma las verdaderas ideas de nuestra santa religión, para restituirla a la creencia católica”, según el informe del presidente de la Junta de Fe de la diócesis de Valencia, Miguel Toranzo, antiguo inquisidor. Por aquel entonces, hasta llegar a 1826, Cayetano sufrió incomunicación y la negativa de que se le concediese un defensor. En el informe que envió al nuncio el arzobispo de Valencia decía que Ripoll:
“No creía en Jesucristo, en el misterio de la Trinidad, en el de la Encarnación del Hijo de Dios, en el de la Sagrada Eucaristía, ni en la Virginidad de María Santísima, ni en los Santos Evangelios ni en la infalibilidad de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana; no cumplía el precepto pascual, impedía a los niños dijesen ‘Ave María Purísima’ y que hiciesen la señal de la cruz, que no era necesario oír misa para salvarse y retraía a los mismos a dar la debida adoración al Señor Sacramentado, cuando era llevado para administrar el viático a los enfermos”.
La Audiencia de Valencia, a pesar de no contar con la autorización del rey, dictó y ejecutó la sentencia el 31 de julio de 1826. Fue ahorcado y, por orden del tribunal, el cadáver fue metido en una cuba, pintada con unas llamas y el cuerpo fue enterrado fuera del cementerio, lugar destinado a los reos condenados por herejía. Actualmente existe una plaza, la Plaça del Mestre Ripoll, dedicada a su figura al final de la avenida Vicente Blasco Ibáñez.
Este maestro catalán, liberal y deísta, fue finalmente ahorcado en la plaza del Mercado en vez de ser arrojado a la hoguera el 31 de julio de 1826, para posteriormente introducirlo en un tonel (que llevaba pintado unas llamas curiosamente), y enterrado (más bien apartado) como si fuese un don nadie o un pordiosero fuera del Cementerio General de Valencia, frente a la puerta de entrada principal. El motivo de que finalmente no fuese arrojado a la hoguera es por el escándalo que el Arzobispo produjo en toda Europa, viéndose obligado a sustituir la forma de hacer morir al hereje.
Se dice que su “último paseo” público (en burro, vestido de negro y esposado) fue desde la prisión de Sant Narcís por calle Salvador, Serranos, Cavallers, Tossal, de la Bosseria (Bolseria) hasta llegar a la plaza del Mercado, donde fue ahorcado. Sus últimas palabras fueron “Muero reconciliado con Dios y con los hombres”.
El acto en memoria del mestre Ripoll ha contado con las intervenciones, entre otros, del investigador, bibliófilo y documentalista Rafa Solaz; y de la concejala de Cultura, Glòria Tello, que ha cerrado el acto.
La delegada ha asegurado que la colocación de esta placa en memoria del maestro Gaietà Ripoll «es una reparación histórica en esta ciudad que, el 31 de julio de 1826, se convirtió en el último lugar del mundo donde se quitó la vida, se asesinó un ser humano, por el denominado delito de herejía».
Tello ha concluido manifestando el orgullo del Ayuntamiento de “dar respuesta a una iniciativa ciudadana que pretende recordar a un hombre consecuente y firme en sus creencias, el maestro Ripoll, de cuyas ideas que no quiso retractarse nunca, aunque en ello le iba la vida”.
En marzo del pasado año, 2016, diversas organizaciones se entrevistaron con el alcalde para informarle de dos iniciativas que se gestaron en el encuentro que dichas asociaciones mantuvieron con motivo de la celebración del día 9 de Diciembre. Todas ellas solicitaron al Consistorio un acto de reconocimiento al mestre Ripoll y la restitución de una placa que estuvo situada entre los años 1906 y 1939, en la antigua plaza del Mercat de Russafa (actual calle del Pare Perera), pero que fue sustituida por las autoridades franquistas al término de la Guerra Civil española.
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