La Floresta de Viver es un precioso parque natural y urbano de 40.000 m2 de extensión situado en el singular cauce del barranco Hurón a su paso por la población, con acceso a su interior desde la calle Cazadores a la altura del número 44. Es de obligada visita si vais a Viver, como también lo es el paraje natural de las Cuevas del Sargal.

La acción de las aguas y las características geológicas del terreno, donde predomina la piedra arenisca (tosca) y las diversas formaciones calcáreas, han configurado este insólito y sobrecogedor paraje, casi mágico. Se trata de un enorme hueco excavado en el terreno, de altísimas paredes rocosas, cubierto de una variada y frondosa vegetación, y surcado por hermosos saltos de agua y cascadas.


Históricamente, La Floresta de Viver fue un lugar salvaje, casi inaccesible; a modo de enorme foso, constituía un elemento defensivo primordial de la población, donde se construyeron las casas colgadas al feraz desfiladero del Hurón, hecho que le confiere hoy a Viver un pintoresco perfil urbano y paisajístico.

Pero esto no fue siempre así, pues parece ser que este lugar esconde restos de una singular instalación de la época romana, un vivero de peces de agua dulce. Tanta ha sido la influencia de este hecho en el lugar que el mismo topónimo del municipio deriva de esta singular actividad, quedando constancia de ello en el escudo histórico de la Villa con la presentación de unos peces sobre unas líneas de agua.

El parque dispone de numerosas cuevas y galerías, un gran conjunto de toscas donde encontrar oquedades, agujeros, pequeños refugios, covachos y formaciones típicas de este tipo de rocas, incluso algún que otro refugio que fue utilizado durante la Guerra Civil española.

La Floresta Viver

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Tras días de lluvias, el parque ofrece una imagen sobrecogedora y mágica, ya que podréis ver diversos saltos de agua y 2 preciosas cascadas en su interior, procedentes de aguas de diferentes manantiales. Estos saltos y cascadas pueden verse mermados en épocas estivales, sequía o en largos periodos sin lluvia. Nosotros tuvimos la suerte de encontrarlas en plena acción tras las lluvias torrenciales de octubre de 2018. 

Destaca un túnel de unos 28 metros de largo realizado con paredes de mampostería y una bóveda con losas verticales que la cierran, el cual discurre paralelo al mismo cauce del barranco Hurón y finalizando justo donde se halla un pequeño salto del agua, antes de dos balsas. Su final interior está actualmente cerrado, aunque hay un goteo de agua, y las raíces de los árboles lo cruzan verticalmente, limitando el acceso al final. Al parecer, este túnel, según cuentan, forma parte de un antiguo conjunto de túneles subterráneos que comunicaban el pueblo -otros cuentan que tan solo fue utilizado para el riego- y que fueron utilizados para refugio de la población, como Fernando de Aragón, Duque de Calabria y Virrey de Valencia, el cual tomó posesión de la población en el siglo XVI y utilizó las galerías para protegerse de los enemigos y escapar por la Floresta.

Las casas colgantes, como se indica en uno de los paneles del parque, fueron casas que se construyeron cuando el parque era simplemente barranco, configurando hoy una estampa atípica a quien visita el rincón protagonista de nuestro artículo. Se sabe que, al menos dos de esas casas colgantes, fueron en época carlista torres avanzadas, cuyas casas hoy en día corresponden a los números 45 y 47 y los 25 y 27 de calla del Castillo.

“Aunque en varias partes del reyno de Valencia hay moles considerables de piedra tosca, en ninguna se ven tantas como en las cercanías de Viver, señaladamente en el distrito llamado Floresta, donde se hallaero de 200 palmos de altura, compuesto en otro tiempo de tierra, y hoy de tosca, desde la cumbre hasta más de 140 palmos de profundidad”. Cavanilles (1795).

Durante las últimas décadas, el municipio de Viver se ha volcado en la adecuación de este espacio para el uso y disfrute público del mismo, el cual constituye hoy un importante recurso natural, de ocio y educativo al alcance de todos los ciudadanos y visitantes.

La Floresta de Viver, que antaño fue un sitio donde habían bancales de cultivo y que, además, sufrió abandono del lugar -llegó a ser vertedero-, fue finalmente acondicionado como parque con jardines, pistas deportivas y otras instalaciones, el cual además es utilizado para la realización de diversos eventos. Su inauguración tuvo lugar en el verano de 1991, cuya placa a la entrada del parque indica, como agradecimiento, la fecha de la visita del entonces presidente de la Generalitat y las ayudas de ésta para hacerlo realidad.

 

 

 

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