• Matet es una localidad enclavada en pleno corazón de la Sierra de Espadán en la provincia de Castellón pero a escasos kilómetros de la vecina Valencia. Al patrimonio verde se suma la riqueza arquitectónica, y el tesoro cultural y gastronómico de un pueblo pequeño, pero con una población de corazón inmenso.
  • Matet es uno de los municipios de la Ruta 99 de la Agencia Antidespoblación de la Generalitat Valenciana. Con una población inferior al centenar, los vecinos han sido capaces de plantar cara a la pandemia y garantizar la inmunidad de los vecinos.

Matet recibe al visitante con el abrazo familiar de la hospitalidad de sus gentes. Enclavado en la comarca del Alto Palancia, a 68 kilómetros de Castellón y a escasos 14 kilómetros de Segorbe, Matet se abre sencilla y singular entre la frondosidad del bosque mediterráneo del Parque Natural de la Sierra de Espadán.

Al visitante no le costará encontrar esta pequeña joya. Su acceso es fácil y directo por Segorbe, a través del valle del río Palancia, dejando a su paso las localidades de Vall de Almonacid y Algimia de Almonacid. Otra vía de enlace es la que parte de Navajas y Gaibiel, mientras que por Villamalur, Matet se descubre a través del centro del Parque de Espadán y por una pista asfaltada con Pavías. Para quienes dependan del transporte público, una línea de autobús conecta cada semana Matet con Segorbe.

Matet es un tesoro que crece a la sombra de la torre del Pilón, la colina en cuya falda se asienta el pueblo y protege a una población que no alcanza los 100 habitantes. Flanqueado por el barranco del Pilar y la rambla del Perrudo, el relieve, en algunos puntos escarpado y protagonista, no ha impedido el cultivo de frutales y hortalizas que los vecinos han cosechado generación tras generación en un municipio eminentemente agrícola y con una ganadería residual.

El olivo crece en los bancales de piedra seca compartiendo protagonismo con un regadío minifundista. Hortalizas y legumbres brotan en la zona de regadío más próxima al municipio y son la base de una gastronomía sencilla pero contundente. Manjares a los que no faltan frutos secos, como la almendra, también protagonista, y que se coronan con frutales como el cerezo, que cada primavera tiñe de rojo las cosechas.

Matet

A continuación, un pequeño vídeo con fotos de Matet.

Historia

Matet liga sus orígenes a la historia musulmana. Con una población sujeta administrativamente al castillo de Almonesir, no fue hasta 1245 cuando las tropas del rey Jaume I reconquistaron el municipio al entonces rey Zeit Abu Zeit.

A partir de esta fecha, Matet perteneció al Duque de Sessa, a los Urrea y posteriormente fue confiscado por el rey. Sería en 1582 cuando los Condes de Aranda, señores de Matet, otorgan la Carta Puebla al municipio. La primera documentada, puesto que la población fue poseedora de otra carta de privilegios que hoy está desaparecida.

Matet monumental

El visitante se reencontrará en Matet con el patrimonio musulmán que dio origen a estas tierras. Un casco urbano tejido por calles estrechas y sinuosas, adaptadas y modeladas por las curvas de nivel, nos devuelven a los orígenes árabes que tienen en el Pilón su máximo estandarte -una torre árabe del siglo XI corona una sencilla colina en cuya falda se extiende Matet-. Y lo hace imponente y orgulloso, porque tras siglos de historia la localidad ha puesto en valor este vestigio patrimonial, reflejo de sus orígenes musulmanes.

Árabes y cristianos dejaron su huella en este pequeño municipio que también ofrece al visitante la oportunidad de disfrutar del patrimonio sacro cristiano del siglo XVII en su iglesia parroquial de San Juan Bautista. Enclavada en la plaza de la Iglesia, el templo consta de una sola nave rectangular y cuatro capillas laterales.

El campanario arranca de la primera capilla para conducir al visitante hacia el altar mayor que acabó de completarse en el siglo XVIII. Madera policromada y plata, con profusos adornos y alegorías a San Juan Bautista, confieren al complejo arquitectónico una sencillez no exenta de valor.

La ermita de Santa Bárbara, situada en la cima de la colina y próxima a la Torre del Pilón, es otra buena muestra de la herencia cristiana que ocupó estas tierras tras la reconquista del rey Jaume I.

Matet singular

La actividad agrícola, base de la economía local, está presente en cada esquina de esta pequeña localidad. El municipio saluda al visitante con una antigua almazara o ruejo que antaño se movía por las aguas del barranco y junto al que todavía hoy opera el molino. La infraestructura donde se produce el aceite, el oro líquido que es sinónimo de riqueza para Matet.

Las fuentes están presentes en un municipio que ha vivido ligado al agua. En la plaza Comunidad Valenciana se abre con dos pintorescos cuadros y si el visitante continúa su recorrido por la plaza de la Iglesia, puede encontrar la fuente de los cinco caños atravesando la calle de la Purísima.

Callejear es la mejor forma de familiarizarse con un municipio generoso y solidario que muestra orgulloso los blasones de muchas viviendas que recuerdan la historia noble que la precede.

Naturaleza viva

Matet respira el aire de Espadán, el Espacio Natural Protegido más extenso de la provincia de Castellón y el segundo de la Comunitat Valenciana. Un privilegio que ofrece al visitante paseos por pinares de pino rodeno, bosque de ribera, encinas, pinos carrascos y alcornocales.

La vida a los pies del bosque está íntimamente ligada al agua, la fuente de vida que brota en parajes como la Fuente que Nace, en la que la localidad exhibe con orgullo una imagen de San Antón.

Próximo al paraje, el recorrido nos lleva hasta la Fuente de los Burros, con un merendero que invita a disfrutar del agua fresca. Y a quienes deseen continuar el camino, pueden hacerlo en dirección a Algimia de Almonacid, donde encontrarán la Fuente de Carro, que premia con unas vistas impresionantes. La fuente del Lentisco y la de Panoja completan este recorrido que además de refrescante asombra por la impresionante belleza de sus bosques.

Matet ofrece al visitante la posibilidad de adentrarse en la montaña, con imponentes picos como los de Monterico (862 m), el Rector (855 m) y el Carro (835 m). Y descubrir la historia de minas hoy abandonadas, de azogue y yeso, que bien merecen un desvío como el del antiguo depósito de nieve cerca de Cuatro Caminos.

Completar el recorrido con la visita al barranco de la Argotalla permite visualizar la abundancia de una vegetación mediterránea, propia de Espadán. Descubrir la armonía entre los bosques y los cultivos, e identificar otros barrancos que se abren entre bancales.

Festejar la tradición

Matet recibe el año con fiesta. Las fiestas de San Antón, como popularmente se les conoce, se celebran cada mes de enero en el fin de semana más próximo al día 17, festividad del patrón. La fiesta reivindica una tradición que forma parte del ADN de los matetanos. Abrazar al visitante y ofrecerle la solidaridad de un pueblo que planta cara a la despoblación con generosidad y espíritu de concordia.

El programa de fiestas, que arranca el sábado por la tarde, se compone de actividades cien por cien gratuitas, abiertas a la población y al visitante. Con el encendido de las hogueras, Matet recibe la noche con una cena de hermandad que congrega a toda la población.

La festividad se prolonga durante la jornada dominical, con una santa misa a la que continúa la bendición de los animales, los campos y las fuentes, y que culmina con una comida de hermandad en la Fuente que Nace y el tradicional reparto de congretes, pasta dulce típica.

En agosto, la localidad disfruta de las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Asunción y a San Juan Bautista. Durante quince días, la población se sumerge en actos religiosos, espectáculos taurinos, verbenas… y tiene lugar la multitudinaria romería a la ermita de Santa Bárbara, que congrega a toda la población.

Por último, en octubre, la Virgen del Rosario es motivo de fiesta en Matet. Una misa y una comida hermandad coronada por una serenata nocturna completan el calendario festivo del municipio.

Directo al paladar

El aceite de oliva virgen que de forma tradicional se produce en la almazara del pueblo vertebra la gastronomía de Matet. Es el oro líquido que está presente en un guiso típico, el conocido como Rustido, que se cocina con pollo y conejo.

La contundencia de la gastronomía local, propia de una sociedad agrícola, se muestra también en los bollos de sardinas y panceta, así como las gachas y la olla. Platos especialmente calóricos que garantizaban fortaleza a quienes pasaban el día en el campo garantizando el sustento de las familias.

Los postres que acompañan estos platos también parten de esta base. Pastas dulces, a base de huevos, harina y azúcar, obtienen como resultado las típicas regañas o congretes.

 

 

 

 

 

 

 

 

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