Jarafuel, un pequeño pueblecito de la provincia de Valencia con menos de 1000 habitantes conocido como villa de fuentes -por sus múltiples fuentes repartidas por todo el término municipal-, es uno de esos rincones dignos de visita si pasáis por la zona del valle de Ayora-Cofrentes.
Su casco antiguo, situado en la parte alta y a los pies del castillo, tiene un entramado enrevesado y está lleno de calles con cuestas empinadas -algunas de ellas llenas de flores, como la calle Medio-, además de contar con lugares tan curiosos como elcallejón de los Mudos, un estrecho paso de de unos 7 metros y medio de longitud, más o menos, y que cuenta con una anchura media de unos 50 centímetros -para ser más exactos, 48 centímetros en su parte más estrecha y 70 centímetros en la más ancha-.
Por eso, pasear por las callejuelas de los barrios de La Solana, la Peña o el Morchón es todo un deleite para los sentidos, barrios llenos de casitas antiguas y donde casi podría decirse que es más común encontrarse a más gatos por las calles del casco antiguo que a personas.
Curiosamente, la única industria autóctona y artesana que queda en Jarafuel es la del almez -de la que anualmente hay una feria artesanal y gastronómica en tiempos normales-, un material obtenido del Celtis australis y que sirve para la elaboración de mangos, astiles, horcas, garrotes y otros aperos agrícolas, entre otros usos.
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Por cierto, no os olvidéis de visitar el Parque de las Coníferas -muy cerquita del camping-, un parque dedicado al botánico Vicente Alfonso Lorente y Asensio que está dispuesto en forma de terrazas y donde se pueden observar una gran variedad de especies vegetales de la familia de las coníferas, originarias de diferentes partes del mundo.