- Cada cierto tiempo, don Rafael Solaz (cronista de Valencia e hijo predilecto de la ciudad desde octubre de 2023) realiza visitas guiadas gratuitas para dar a conocer la arquitectura, historias y personajes enterrados en el llamado Museo del Silencio, una propuesta cultural para descubrir a través de cuatro rutas el Cementerio General de Valencia.
- Para acudir a estas rutas tan solo tenéis que pedirle plaza al mismo Rafael en la publicación de Facebook que haga anunciando una nueva ruta (hacer un comentario en esa publicación de una nueva visita guiada de que vais a acudir). También podéis mandar un correo a sercementerios@valencia.es e indicar que queréis asistir a la próxima ruta que haya. Una vez os confirme don Rafael la reserva para asistir a la ruta, tan sólo tenéis que acudir a la puerta principal del Cementerio General (la antigua, ubicada en calle Santo Domingo de Guzmán nº7) un poco antes de la hora prevista del comienzo del recorrido.
- También podéis hacer los cuatro recorridos por vuestra cuenta viendo las propuestas a través de https://www.museodelsilencio.com/, si bien al final de este artículo os adjuntamos unos vídeos con cada ruta.
Hace ya algún tiempo os hablamos en un artículo de los Museos curiosos en la Comunitat Valenciana, pero quizás nos faltó incluir, y en primer lugar, uno muy especial que puede que a muchos os de reparo visitar: el Museo del Silencio, o lo que es lo mismo, el Cementerio General de Valencia.
El respeto o miedo que puede imponer este lugar no debe de ser motivo para no descubrir, quizá, uno de los lugares que más requiere de estudio para entender la gran arquitectura de muchos de los monumentos que en él se erigen.
Se trata de un gran museo al aire libre que comienza tras cruzar su puerta de entrada, donde uno no puede evitar mirar a todos los lados para ver a la derecha dos inscripciones, una bella composición de colores en el techo por encima o, justo a los pies, el escudo de Valencia, aquel que da la bienvenida a un lugar de descanso y paz.



El maestro y artífice de la ruta y del llamado Museo del Silencio es, como ya hemos mencionado antes en la entradilla, don Rafael Solaz, quien hace a los asistentes más ameno el recorrido para descubrir curiosidades, historias y arquitectura de muchos panteones de aquellos aristócratas y burgueses con gran poderío o de suma importancia en la Valencia antigua.
El paseo, en todas y cada una de las rutas que hemos realizado con él, siempre es agradable y tranquilo, además de que casi siempre se goza de la compañía, en numerosas ocasiones, de la colonia de gatos protegida que habita en el interior del camposanto, donde en su gran mayoría, y como curiosidad, suelen encontrarse muy cerca del lugar donde descansa don Vicente Blasco Ibáñez.



Cabe decir que el Cementerio General de Valencia, considerada una obra del neoclásico español que se encuentra en el llamado antiguo camino de Picassent y que nace en 1807 un domingo 7 de junio, inició su construcción en 1805 con motivo de la Real Orden expedida por el Carlos III un 3 de Abril de 1787, que por así decirlo “desterraba los cementerios extramuros de la ciudad” o “…fuera de las poblaciones siempre que no hubiere dificultad invencible o grandes anchuras dentro de ellas, en sitios ventilados e inmediatos a las Parroquias y distantes de las casas de los vecinos y se aprovecharán para capillas de los mismos cementerios las ermitas que existan fuera de los pueblos”, tal y como dice parte de la Orden. La construcción fue llevada a cargo de Cristóbal Sales (1763-1833) junto con Manuel Blasco (+ 1823), arquitectos municipales y académicos de San Carlos.
Hasta entonces los cementerios se encontraban dentro de la ciudad de Valencia, en los parroquiales o sus anexos, donde a día de hoy todavía es posible ver alguno de ellos en numerosos mapas anteriores a la época de construcción del cementerio. Era normal que muertos y vivos convivieran en las cercanías y esto fue aceptado hasta que, por cuestiones de salubridad, se estableciera el actual Cementerio General en 1807, aunque no fue hasta 1812, por decreto de 5 de febrero de 1812, cuando cesaron los enterramientos en las iglesias parroquiales o en sus cementerios, disponiéndose un nuevo reglamento sobre los entierros por haberse cometido diversos abusos en la conducción de cadáveres.
La exclusiva de los entierros, tal y como cuenta Carmen Rodrigo Zarzosa en su publicación Monumentos funerarios en Valencia, fue concedida por don Agustín de Quinto, entonces Director General de Policía, a la Casa de la Misericordia cobrando por cada entierro 52 reales de vellón y por los párvulos 26 reales, obligándose a procurar los féretros, organizar la conducción de enterramientos y abonar los honorarios al capellán del cementerio. A cambio, estaban obligados a enterrar gratis a los pobres siendo pues afectados, como señaló Cruz Román, los miembros del antiguo gremio de sepultureros.
En el interior del Cementerio habitan y conviven numerosas obras de diferentes arquitectos, como por ejemplo las obras de José María Manuel Cortina Pérez (1868-1950), que fue arquitecto Municipal del cementerio y del cual se disponen una treintena de obras realizadas en su interior. Como bien podéis ver en nuestro artículo de la Paterna de Cortina, en sus obras fluye el modernismo y la fantasía medievalista, siendo, pues, éstas un claro ejemplo de la pomposidad de la clase alta de aquella Valencia antigua.
A lo largo de la historia el Cementerio General de Valencia, éste ha tenido que ampliarse en varias ocasiones, siendo la más destacada la que se inició en 1880 y que se demoró por culpa de la epidemia del cólera más grande sufrida en Valencia (la de 1885) de las 7 epidemias de “apestados” que ha sufrido el cap i casal. En memoria de aquellas más de 5000 personas fallecidas por el cólera de 1885 se erigió la gran Cruz del Cólera, cruz que fue restaurada debido a su mal estado.

Y es aquí, durante una ruta con don Rafael Solaz, donde vimos por primera vez un búho. Animal que en numerosas ocasiones vimos por el recorrido representando a la oscuridad por el hecho de su “vida nocturna”, relacionándose éste con la muerte.


Los numerosos panteones que se visitan son dignos de parada para conocer un poco más acerca de las personas que allí descansan.



Uno de ellos, por ejemplo, son los Panteones de los marqueses de Campo y Caro adosados a una capilla presidida por la Mare de Déu.


El otro, de obligada visita para nosotros, es el que está considerado como el monumento funerario más antiguo del lugar obra del arquitecto Sebastián Monleón y el escultor Antonio Marzo en 1846, para el joven de 20 años don Juan Bautista Romero Conchés fallecido en 1845. Este jovenzuelo era hijo del Marqués de San Juan, Juan Bautista Romero, aquel del que os hablamos en nuestro artículo ¿Sabías que los leones que fueron rechazados en Madrid están en un jardín de Valencia?, artífice de que llegaran los leones rechazados del Congreso de los Diputados de Madrid.

Otro panteón también de los que se visita en una de las rutas es el de la familia Moroder, obra del arquitecto A. Martorell y del escultor Mariano Benlliure en 1907, uno de los más admirados y más fotografiados de uno de los recorridos, una construcción claramente con connotaciones de Art Nouveau (modernista) y que por cierto ha sufrido diversos saqueos en los últimos tiempos debido al bronce de muchos de sus detalles. Curiosamente esta familia, la Moroder, fue, entre otras cosas, quienes introdujeron la comercialización de las cerillas marca “El Globo”, dado que hasta entonces en Valencia se utilizaban las pajuelas (pallús) vendidas por los “palleters”. Por cierto ¿os suena de algo un tal Vicente Doménech? Así es, el famoso palleter (si hubiera sobrevivido a la guerra), se hubiera quedado sin trabajo posiblemente.

Otro de los panteones más llamativos que visitamos en uno de los recorridos fue el que había cercano al del hijo del Marqués de San Juan, donde cabe destacar que es el único con luz artificial del cementerio y con su propio contador. ¿Os imagináis éste lugar del cementerio iluminado en medio de la oscuridad? Además, su lápida, contiene curiosos grabados que nos llamaron la atención, como un ángel apocalíptico tocando la trompeta y varios difuntos a su alrededor. Todo un misterio este panteón…


Las historias y anécdotas que recorren cada ruta son entrañables muchas de ellas, a la par que curiosas, donde en una de ellas nos hizo realmente gracia la de una familia de etnia gitana que enterraba a un familiar suyo y antes de dar plenamente la completa sepultura introdujeron un teléfono móvil en el interior del féretro alegando, además, que era «por si ellos tenían que llamar».
No menos curioso es el timbre que se encuentra ya en el interior del cementerio nada más cruzar la puerta de entrada principal, que bien podríamos decir que sirve por “si alguna vez te quedas encerrado, no temas…toca el timbre y todo solucionado”. Pero no temáis si esto os ocurre alguna vez, porque como bien nos dijo Rafael Solaz durante la ruta “el peligro está ahí afuera, con los vivos”.

Por cierto: entre la numerosa simbología que se ve repetida, se encuentran ángeles, cruces, todo tipo de simbología religiosa o la guadaña representando la muerte, al igual que los símbolos de “A y Ω” (Alfa y Omega), el principio y el fin. También marcas de masonería o decenas de extraños elementos hoy todavía sin explicación, como el de una mano en una tumba en forma de «no poder abrirse o impidiendo que ésta tumba sea abierta» o los del cementerio civil, un lugar donde además de encontrarse Blasco Ibáñez, el periodista Azzati o Constantí Llombart, entre otros, se pueden ver numerosas estrellas de David porque allí se inhumaron todo tipo de laicos, extranjeros o aquellos que simplemente no eran católicos y eran libres pensadores (incluidos musulmanes mirando hacia la Meca).
Sin duda alguna se podrían dedicar páginas y páginas a cada uno de los cuatro recorridos, cada uno de ellos de una hora y media, pudiendo visitar en cada uno de ellos tumbas como la de «El Titi», Nino Bravo o el nicho 1501, una historia de amor, obsesión y terror más propia de un relato enigmático o sacada de una película con tintes de misterio de la que os hablamos en nuestro artículo la historia de amor y obsesión del nicho 1501 del Cementerio General de Valencia.

Por último, casi en la misma puerta de entrada del cementerio, nada más entrar a la derecha, destacan dos tumbas muy curiosas. una es la de una pobre mujer que yace con una inscripción muy curiosa y extensa donde aparece su nombre aparece vagamente y, a continuación, todos los títulos que ostentaba su marido, al parecer, de familia de bien. Una inscripción donde casi no cabe tanta dedicatoria al marido de la enterrada. Curioso.

La otra tumba es la de un desconocido, alguien que ya no es visitado seguramente pero que, como bien dice la imagen, permanece allí enterrado con la siguiente inscripción: “Aquí yace el cadáver de D. Joaquín Gómez que fue asesinado alevosamente en la noche del 27 de noviembre de 1826. Sus hijos inconsolables suplican rueguen a Dios por su alma”.

Relativo a esto último, queridos amigos, 1826 fue un año recordado muy frecuentemente en la historia de Valencia debido a la última víctima de la “inquisición”: Gaietà Ripoll (Cayetano Ripoll). Y ponemos Inquisición entre comillas porque está discutido que esto fuera así, ya que la Inquisición se supone que fue abolida durante el Trienio Liberal pero “recuperada” en 1823 como las Juntas de Fe.
Fue precisamente una Junta de éstas, la Junta de Fe de Valencia creada por el entonces Arzobispo de Valencia Simón López, la que condenó a Gaietà Ripoll tras una denuncia. Su detención, dos años antes en 1824, supuso su encarcelamiento en la prisión de Sant Narcís, junto a las actuales Corts Valencianes. Por aquel entonces, durante dos años hasta llegar a 1826, Cayetano sufrió incomunicación y la negativa de que se le concediese un defensor.
Este maestro catalán, liberal y deísta, fue finalmente ahorcado en la Plaza del Mercado en vez de ser arrojado a la hoguera, para posteriormente introducirlo en un tonel (que llevaba pintado unas llamas curiosamente), y enterrado (más bien apartado) como si fuese un don nadie o un pordiosero fuera del Cementerio General de Valencia, frente a la puerta de entrada principal. Sus últimas palabras fueron “muero reconciliado con Dios y con los hombres”.
Gaietà Ripoll: la última víctima ajusticiada por herejía en España y que se produjo en Valencia

Después de este largo y extenso artículo queremos proponeros una reflexión la próxima vez que tengáis que visitar a un familiar o amigo, un ser querido o paséis cerca de la puerta del Cementerio General de Valencia: recordad que aquí yace Cayetano Ripoll, aquel que no tuvo la suerte de descansar dignamente como otros que sí lo pueden hacer en el interior del cementerio que nos corresponde en este artículo.

ACLARACIÓN IMPORTANTE: todo el recorrido que os hemos contado aquí en este artículo es, por así decirlo, menos de un 25% del “Museo del Silencio”, cuatro rutas muy curiosas y especiales donde se trata de destacar la arquitectura y la ostentosidad de muchos panteones y lugares de descanso del Cementerio General de Valencia. Podéis ver todos los detalles de las cuatro rutas en MUSEO DEL SILENCIO o a continuación en cada vídeo y enlace.
18 VIDAS, 18 SILENCIOS:
- Disponible en 18 vidas, 18 silencios | MUSEO DEL SILENCIO. A continuación, un vídeo.
MUJERES QUE DEJARON HUELLA:
- Disponible en Mujeres que dejaron huella | MUSEO DEL SILENCIO. A continuación, un vídeo.
PERSONAJES ILUSTRES:
- Disponible en Personajes ilustres | MUSEO DEL SILENCIO. A continuación, un vídeo.
PERSONAJES POPULARES:
- Disponible en Personajes populares | MUSEO DEL SILENCIO. A continuación, un vídeo.
Fuentes:
- Visita in situ (recorrido guiado a través de Rafael Solaz).
- Museo del Silencio.
- Monumentos funerarios en Valencia, Carmen RODRIGO ZARZOSA, El mundo de los difuntos: culto, cofradías y tradiciones, San Lorenzo del Escorial 2014, pp. 511-524. ISBN: 978-84-15659-24-2
- Cementerio General – jdiezarnal.com.
- La historia secreta de la iglesia católica, escrito por Cesar Vidal (Capítulo 24, el liberalismo es pecado).
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