En el interior del Centre Cultural La Beneficència, espacio de la ciudad de Valencia ubicado en la calle Corona nº36 que fue en antiguo la Casa de la Beneficencia de la capital, se encuentran dos museos dependientes de la Diputación de Valencia que son dignos de visita (en concreto el MUPREVA, el Museu de Prehistoria de Valencia, y L’ETNO, el Museu Valencià d’Etnologia).
A pesar de estas menciones museísticas, el conjunto del Barrio del Carmen destaca mucho más (probablemente) por esconder en sus entrañas una capilla hoy desacralizada que formó parte del centro asistencial, rincón que es una explosión de colores y que únicamente se puede visitar (de manera gratuita) cuando hay conciertos, presentaciones o charlas, entre otros actos culturales, ya que es utilizada como salón de actos y para eventos varios (todos estos actos se promocionan en AGENDA | Centre Cultural La Beneficència).
Hablamos de la Sala Alfonso el Magnánimo, lugar ya sin culto que tiene su origen en el último cuarto del siglo XIX y que estuvo en funcionamiento hasta 1982. Sobre el conjunto, décadas antes, el hoy desaparecido Convento de la Coronación de Cristo (de ahí toma nombre homónimo la calle, pudiendo descubrir más sobre la historia del nombre de la calle en https://callesyplazasdevalencia.blogspot.com/2020/04/calle-corona.html), fue cedido en 1841 para Casa de Beneficencia con el fin de albergar servicios benéficos, de caridad y asistencia de la Diputación Provincial de Valencia.
El antiguo convento de agustinos, fundado en 1520 y ocupado posteriormente por religiosos franciscanos, fue dedicado en último a la veneración de la corona de espinas, de ahí el nombre de la calle Corona. Sobre la Casa de la Beneficència, esta institución se creó al amparo de la antigua legislación liberal decimonónica, que confería a ayuntamientos y diputaciones el papel principal en el socorro de la indigencia.
La planta del actual edificio se construyó sobre proyecto de 1876 del arquitecto Joaquín María Belda, quien por entonces ofrecía soluciones arquitectónicas consonantes con las nuevas ideas de control social e higienismo, sobre todo para ensanchar y reformar estructuralmente el edificio.
El caso concreto de la capilla lo explica muy bien don Esteban Gonzalo en la entrada del blog de https://valenciablancoynegro.blogspot.com/2022/04/el-salon-alfonso-el-magnanimo.html de don Julio Cob, donde menciona que fue construida entre 1882 y 1883, siendo diseñada por el arquitecto Joaquín María Belda Ibáñez y decorada, principalmente, por el pintor y escultor Antonio Cortina Farinós.
La construcción de la antigua Iglesia de la Beneficencia, que adoptó y adaptó una decoración ecléctica (con elementos neogriegos y neorománicos entre otros, y de estilo bizantino), fue realizada de acuerdo con el nuevo arte religioso promulgado desde Francia por Téophile Gautier y llevado a la práctica por Léon Vaudoyer en la catedral neobizantina de Marsella (1856-1893).
Esta maravilla llena de color tanto en techo como cúpula, laterales o vidrieras (de mayor altura y tamaño que muchas otras iglesias valencianas), comprende una amplia nave central con dos laterales sobre los que hay anchas balconadas y largos tramos con barandas, rincones desde los que en antiguo asistían a los diferentes actos religiosos los niños que fueron acogidos en el viejo centro.
Fue en este siglo cuando se ejecutó una restauración que terminó en 2003 por la Diputación de Valencia a cargo de las especialistas Alejandra Rísquez y Gloria Sánchez, una gran actuación coordinada con otros grupos de policromía y pintura con hasta un total de cuarenta artistas y artesanos trabajando en conjunto.
A la impresionante construcción de Joaquín María Belda se unen las pinturas de Antonio Cortina, semejante a algunas basílicas de Roma, siendo capaz de asombrar (aunque en mucha menor medida) sin necesidad alguna de viajar hasta templos tan altamente bellos de Estambul o Venecia como lo son Santa Sofía o Santa Madre Sofía y la Catedral de San Marcos.






De su pasado religioso sólo han quedado las imágenes de la cristalera de la pequeña cúpula (Beatos Gaspar Bono y Juan Esde, santos Nicolás de Fluxe, Luis Beltrán, Pedro Biaro, Vicente Ferrer, Tomás de Villanueva e Inocencio Mártir), así como ángeles y apóstoles en el techo y ángeles custodios en el interior de las balconadas, además de en la parte baja (donde estuvo el trasaltar) las pinturas de San Joaquín y Santa Ana, los padres de la Virgen María, o los frescos de la que fue la Capilla de la Comunión.
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