En lo alto de la Serra de la Solana de la localidad alicantina de Alfafara, a unos 606 metros de altitud y en un entorno de relieve abrupto, se localiza la necrópolis de la Masía del Pou (Mas del Pou), uno de esos enclaves arqueológicos que sorprenden por su discreción y, al mismo tiempo, por la magnitud de lo que conserva. No es un lugar evidente ni de paso habitual: hay que buscarlo con intención y ascender hasta una pequeña meseta con vistas a una antigua cantera y paisaje montañoso.
Allí, excavadas directamente en la roca, aparecen decenas de fosas funerarias que conforman un conjunto singular dentro del patrimonio arqueológico del interior de la Comunitat Valenciana. Un espacio que hoy se entiende mucho mejor gracias a los estudios y hallazgos documentados en las últimas décadas, y que ha ido dejando atrás interpretaciones populares que lo alejaban de su realidad histórica.
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Un conjunto funerario de época tardoantigua:
La necrópolis está formada por 63 sepulturas excavadas en la roca, todas ellas con orientación este-oeste y tipología trapezoidal, de carácter pseudo-antropomorfo. Se trata de un modelo funerario relativamente homogéneo, vinculado a comunidades rurales de época tardoantigua, con cronologías que se sitúan aproximadamente entre los siglos V y VII d.C.
El conjunto estaría asociado a un pequeño asentamiento cercano, estimado en no más de 200 habitantes, ubicado en las inmediaciones de la actual zona de cantera, a escasa distancia del área funeraria. La elección del emplazamiento no es casual: el cerro ofrece protección natural y un dominio visual del entorno, algo habitual en asentamientos de este periodo.
Las sepulturas presentan unas dimensiones bastante regulares. La media se sitúa en torno a 176 centímetros de longitud, 41 centímetros de anchura y unos 27 centímetros de profundidad, con una particularidad frecuente: la cabecera es más ancha que la zona de los pies, adaptándose a la forma del cuerpo inhumado.
Hallazgos y reinterpretación histórica:
Durante años, este conjunto fue conocido popularmente como “tumbas fenicias”, una denominación que hoy se descarta completamente a la luz de los estudios arqueológicos.
Los materiales recuperados en el entorno ayudan a contextualizar correctamente el yacimiento: fragmentos cerámicos, un borde de tegula romana, una base de cerámica tipo Hayes 99 (datada entre los siglos VI y VII), así como dos anillos de bronce, uno de ellos con inscripción y otro decorado con motivos que podrían representar figuras zoomorfas como una esfinge o un grifo, elementos habituales en la iconografía tardoantigua.
Este conjunto de evidencias sitúa la necrópolis dentro de un marco claramente tardoantiguo, probablemente vinculado a una comunidad íbero-romana en proceso de transformación hacia modelos sociales y funerarios de la Antigüedad tardía.


En un artículo anterior ya analizamos este enclave en Valencia Bonita, cuando todavía se ofrecía un itinerario de acceso inicial que hoy ha sido ligeramente revisado para adaptarse a la señalización actual del terreno y a la presencia de zonas de propiedad privada. Puede consultarse aquí.
El rito funerario en la necrópolis:
El ritual documentado es el de la inhumación, es decir, el enterramiento del cuerpo en posición de decúbito supino (boca arriba), amortajado dentro de la fosa.
En muchos casos, los difuntos eran acompañados por objetos personales o elementos simbólicos relacionados con su identidad o estatus dentro de la comunidad: cerámica, joyas, utensilios o pequeños objetos de uso cotidiano.
Las dimensiones de las fosas reflejan también aspectos demográficos de la época. La estatura media no superaba los 1,60 metros en hombres y era algo inferior en mujeres, mientras que la mortalidad infantil era elevada, lo que explica la existencia de sepulturas de menor tamaño, en algunos casos inferiores al metro de longitud.
El sistema original de cierre consistía en dos losas de piedra que cubrían la fosa, selladas posteriormente con una capa de mortero de cal. La erosión, la reutilización de algunas tumbas y posibles intervenciones posteriores explican la desaparición de estas cubiertas.
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Acceso y recorrido actualizado:
El acceso a la necrópolis se realiza desde el entorno de la carretera que conecta Ontinyent con Bocairent, tomando el desvío hacia Alfafara antes de llegar a esta última localidad. A pocos metros aparece una bifurcación de caminos junto a una masía, conocida como Mas del Pou.
En este punto es importante señalar que el itinerario habitual ha sido ligeramente actualizado respecto a trazados difundidos en el pasado, evitando el paso por zonas actualmente señalizadas como propiedad privada. El recorrido propuesto mantiene el acceso al yacimiento de forma segura y respetuosa con el entorno.
Desde la zona de estacionamiento, el itinerario continúa a pie, bordeando la masía y tomando una pista de tierra y de piedra que asciende progresivamente hacia la cima, tardando unos 10 minutos más o menos. El camino se estrecha a medida que se avanza, orientándose hacia las torres de telecomunicaciones visibles en lo alto del cerro. Una vez en la zona superior, es necesario buscar con atención los dos principales conjuntos de sepulturas excavadas en la roca.
Podéis seguir nuestra ruta realizada en Wikiloc | Ruta Necrópolis íbero-romana del Mas del Pou, Alfafara (abril 2026)
Un yacimiento discreto, pero de gran valor patrimonial:
La necrópolis del Mas del Pou no es un enclave monumental al uso ni un espacio musealizado, pero sí un ejemplo muy significativo del poblamiento rural y los rituales funerarios en época tardoantigua en el interior de Alicante.
Su estado de conservación, su ubicación en altura y la cantidad de sepulturas documentadas la convierten en un punto de interés arqueológico relevante. Un lugar que no solo conserva huellas del pasado, sino que también ayuda a entender cómo enterraban a sus muertos las comunidades que habitaron este territorio hace más de mil años.
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