En la plaza de la Rein de Valencia, en la esquina con el conocido como edificio Belda (calle la Paz), existió un curioso quiosco que, lejos de pasar desapercibido, acabaría provocando varios enfrentamientos con el Ayuntamiento. Primero fue considerado un elemento que «afeaba» la ciudad; después fue reformado y coronado con un llamativo reloj de cuatro esferas; y, finalmente, terminó desmontado y almacenado en unos depósitos municipales.
En 1890, don José Martínez Aparisi solicitó instalar dos quioscos en la ciudad, bajo el nombre de «Cicerone». La solicitud fue aprobada, con un permiso para explotarlos durante 20 años. Según Juan Luis, en su artículo Partículas del pasado de Valencia: El kiosco de la plaza de la Reina (quien reconstruye la historia a partir del Archivo Histórico Municipal y la Hemeroteca Municipal), uno se instaló en la plaza de la Estación (que imaginamos que podría corresponder a la actual plaza del Ayuntamiento, donde se encontraba la antigua estación del Norte, aunque no se especifica) y el otro en la plaza de la Reina.

No obstante, indica también que en 1895 los dueños de los establecimientos protestaron contra el quiosco por considerarlo muy feo, llegando a afirmar que «dicho trasto no sirve para nada práctico sino para afear los puntos más hermosos de la ciudad». Ese mismo año, la Comisión de Policía Urbana solicitó su desaparición, pero el Ayuntamiento desechó la propuesta y optó por solicitar una reforma para embellecerlo, comunicando esta petición a la empresa el 27 de junio.
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Como dice Rubén Fernández Domingo en su PROYECTO FINAL DE GRADO, el diseño del nuevo quiosco se encargó a Antonio Ferrer Gómez, arquitecto formado en la Real Academia de San Fernando (indica que «En 1895, este arquitecto proyectó el quiosco reloj, que durante muchos años caracterizó la fisonomía urbana de la plaza de la Reinal, entonces concurridísimo centro comercial»). Este fue arquitecto del Ayuntamiento desde 1890 y, posteriormente, del Ensanche, proyectando obras como la casa-palacio del Barón de Ariza, en la plaza del Conde de Carlet, o el frontón Jai-Alai, cerca de la Alameda, desaparecido en 2005.

Lo que más llamaba la atención del nuevo diseño era el reloj de cuatro esferas que lo coronaba, acompañado de una potente luz para iluminarlo, como podemos ver en el grabado y la fotografía que dejamos a continuación. Este quiosco-reloj caracterizaría durante años la fisonomía de la plaza de la Reina, que por entonces era un gran centro comercial.

Pese a los retrasos y a las sucesivas actuaciones para reformarlo, en 1898 la Comisión de Policía Urbana volvió a solicitar su eliminación. Además, se preveía que dificultaría el paso de carruajes una vez completada la apertura de la calle de la Paz. Pero la empresa G. Martínez y Cía. protestó, alegando que ya había invertido 14.000 pesetas en las reformas y que había estado pagando los arbitrios correspondientes al Ayuntamiento, por lo que no consideraba justo su desmantelamiento.
En 1901 el quiosco estaba inactivo y, en enero de 1902, la Comisión volvió a proponer que se retirara. De nuevo, los propietarios protestaron ante el Ayuntamiento, argumentando que su reloj ofrecía un servicio público y solicitando que se permitiera su continuidad en la plaza.

Finalmente, en 1902, pese a las reclamaciones de la empresa G. Martínez y Cía., el Ayuntamiento ordenó desmontar el quiosco y trasladarlo a los depósitos municipales de la calle de la Jordana, con un coste de 35 pesetas para la empresa. Tras requerirles que lo recogieran bajo amenaza de venderlo, los recursos presentados por Elías Martínez hicieron que permaneciera allí hasta, al menos, junio de 1904. Finalmente, el 12 de agosto de ese año, el Ayuntamiento dio por concluido el expediente y no admitió nuevos recursos.
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