En 1807, François Arago, matemático, físico y astrónomo francés, viajó a Valencia por un motivo muy distinto al de un simple viajero. Este joven científico había llegado a España junto a Jean-Baptiste Biot para continuar una operación científica que consistía en medir con precisión el meridiano que atravesaba Europa. Años después, en su «Histoire de ma jeunesse», dejó una anécdota muy curiosa y divertida sobre el viaje realizado a nuestra ciudad, que ha sido recogida posteriormente en diversas fuentes en español.
Arago cuenta que para poder realizar sus operaciones geodésicas por distintos puntos del territorio, necesitaban conseguir la colaboración de los habitantes y, especialmente, de los párrocos. Por ello, fue a visitar al arzobispo de Valencia, Joaquín Company y Soler, para solicitarle recomendaciones que les facilitaran esos trabajos. A esta entrevista le acompañaron Biot y el vicecónsul francés en Valencia, M. Launusse. Lo que probablemente no imaginaban era que aquella visita acabaría con Arago a punto de perder los dientes.

Arago describió al obispo, general de los franciscanos, como un hombre muy alto, que iba vestido con una austera túnica gris manchada de rapé, contrastando con la magnificencia del palacio en el que residía.
La recepción fue amable y fructífera, pero, a la hora de despedirse, la situación dio una vuelta de tuerca. Tras terminar la reunión, los acompañantes de Arago, Biot y Launusse, abandonaron la recepción sin besar la mano del arzobispo, quien se la había ofrecido a cada uno de ellos previamente.
Por lo visto, Arago pagó las consecuencias del acto de sus acompañantes, pues describe que después de esto Company, escandalizado por la mala educación de estos, le propinó un golpe en la boca que casi le rompe los dientes y que, tal y como escribe en sus memorias, podría catalogar como puñetazo.
El científico optó por no quejarse ni reaccionar por el maltrato, pues tenía que velar por sus operaciones trigonométricas. Y, aun así, termina la historia con humor, hablando sobre el gran anillo pastoral que decoraba la mano de la autoridad:
«Por otra parte, en el momento en que el apretado puño del arzobispo se aplicó sobre mis labios, estaba pensando en los estupendos experimentos de óptica que hubieran podido realizarse con la magnífica piedra que adornaba su anillo pastoral. Confieso que esta idea me había preocupado durante todo el tiempo que duró la entrevista».

Aunque Arago no guardó precisamente un recuerdo agradable de aquel encuentro, aquella curiosa visita al arzobispo de Valencia quedó recogida años después en sus memorias, permitiéndonos conocer una pequeña y peculiar escena de la Valencia de comienzos del siglo XIX en nuestro Palacio Arzobispal.
A continuación os dejamos el fragmento en francés y, justo después, la traducción de esta curiosa anécdota:
Pour réussir dans nos opérations géodésiques, pour obtenir le concours des habitants des villages voisins de nos stations, nous avions besoin d’être recommandés aux curés. Nous allâmes donc, M. Lanusse, vice-consul de France, M. Biot et moi, rendre visite à l’archevêque de Valence, afin de solliciter sa protection. Cet archevêque, homme de très-haute taille, était alors général des franciscains ; son costume, plus que négligé, sa robe grise, couverte de tabac, contrastaient avec la magnificence du palais archiépiscopal. Il nous reçut avec bonté, et nous promit toutes les recommandations désirables : mais, au moment de prendre congé de lui, nos affaires semblèrent se gâter. M. Lanusse et M. Biot sortirent de la salle de réception sans baiser la main de Monseigneur, quoiqu’il l’eût présentée à chacun d’eux très-gracieusement. L’archevêque se dédommagea sur ma pauvre personne. Un mouvement qui faillit me casser les dents, un geste que je pourrais justement appeler un coup de poing, me prouva que le général des franciscains, malgré son vœu d’humilité, avait été choqué du sans-façon de mes deux compagnons de visite. J’allais me plaindre de la brusquerie dont il usait à mon égard ; mais j’avais devant les yeux les nécessités de nos opérations trigonométriques, et je me tus.
D’ailleurs, à l’instant où le poing serré de l’archevêque s’appliqua sur mes lèvres, je songeais encore aux belles expériences d’optique qu’il eût été possible de faire avec la magnifique pierre qui ornait son anneau pastoral. Cette idée, je le dis franchement, m’avait préoccupé pendant toute la durée de la visite.
Para llevar a cabo con éxito nuestras operaciones geodésicas y asegurar la colaboración de los habitantes de las aldeas cercanas a nuestras estaciones, necesitábamos cartas de presentación dirigidas a los párrocos locales. Por ello, el señor Lanusse (vicecónsul de Francia), el señor Biot y yo fuimos a visitar al arzobispo de Valencia para solicitar su patrocinio. El arzobispo —un hombre de imponente estatura— era por aquel entonces el superior de la Orden Franciscana; su atuendo era sumamente descuidado y su hábito gris estaba cubierto de polvo de rapé, lo que contrastaba vivamente con la magnificencia del palacio episcopal. Nos recibió con amabilidad y prometió facilitarnos todas las cartas de presentación necesarias; sin embargo, justo cuando nos disponíamos a marcharnos, la situación pareció torcerse. Los señores Lanusse y Biot abandonaron la sala de recepción sin besar la mano del arzobispo, a pesar de que este se la había ofrecido muy gentilmente a ambos. El arzobispo descargó su frustración sobre mí. Un movimiento que estuvo a punto de romperme los dientes —un gesto que bien podría describir como un puñetazo— demostró que el superior de los franciscanos, pese a su voto de humildad, se había sentido ofendido por la falta de formalidad de mis dos compañeros. Estuve a punto de quejarme por aquel trato brusco, pero las exigencias de nuestras operaciones trigonométricas primaban en mi ánimo, así que opté por callar.
Es más: en el preciso instante en que el puño cerrado del arzobispo golpeaba mis labios, yo seguía pensando en los fascinantes experimentos ópticos que se habrían podido realizar con la magnífica piedra que adornaba su anillo pastoral. Esa idea —lo reconozco con total franqueza— había ocupado mis pensamientos durante toda la visita.
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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