En agosto de 1797, Valencia celebró la beatificación de san Juan de Ribera con procesiones, danzas, fuegos artificiales y todo tipo de festejos. Entre todos ellos destacó una enorme reproducción del Coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo antiguo que fue erigida hacia el año 280 a. C. pero que apenas sobrevivió unos 50 años hasta derrumbarse a causa de un terremoto en el 226 a. C. (el coloso de Rodas fue una gran estatua del dios sol griego Helios realizada por el escultor Cares de Lindos en la isla de Rodas, Grecia). En el caso de la valenciana, esta fue financiada por el Cos de Botiguers d’Especies y se levantó en plena plaza del Mercado.
Por entonces, Juan de Ribera había sido beatificado por el papa Pío VI el 18 de septiembre de 1796, pero las celebraciones se retrasaron hasta el año siguiente por falta de fondos en las arcas municipales.
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Conforme mencionan Paco Gascó Ferrer y la difunta Pilar Martínez Olmos en el artículo de Levante EMV Un Coloso de Rodas en la Plaza del Mercado, este monumento medía casi 16 metros de altura y fue construido por el escultor morellano Joaquín Doménech en los huertos del desaparecido convento de San Francisco, ubicado sobre la actual plaza del Ayuntamiento. Para realizarlo, se moldeó en cartón piedra, se dejó secar al sol y se pintó de color bronce para emular dicho material. Una vez terminado, el 21 de agosto, carpinteros y soldados lo trasladaron a la plaza del Mercado con motivo de las fiestas celebradas entre el 26 y el 28 de agosto.

La anterior ilustración publicada en 1797 para anunciar el monumento describe el Coloso como una «figura de 40 palmos», una medida que equivale aproximadamente a 9 metros y que hace referencia únicamente a la estatua. Sin embargo, la misma estampa indica que esta se alzaba sobre dos peñascos de 30 palmos de altura (unos 6,5 metros). De este modo, el conjunto alcanzaba unos 70 palmos, es decir, cerca de 16 metros, una cifra que coincide con la recogida por diversas publicaciones y fuentes modernas. No existe, por tanto, una contradicción entre las fuentes, sino una diferencia entre la altura de la figura y la del monumento completo que no se habría detallado en muchos casos.
La instalación del Coloso duró dos días: uno para colocar el cuerpo y otro para colocar la cabeza. Las piernas del gigante funcionaban a modo de arco triunfal y, a través de él, cruzaban los carros triunfales de la fiesta. Según las descripciones de la época, este llevaba una corona de laurel en la cabeza, un carcaj con seis flechas y un arco, e iba vestido con una banda rosa con una franja plateada atada a la cintura.

La colocación de esta figura despertó tanto admiración como críticas. Muchos valencianos quedaron sorprendidos por sus dimensiones, mientras que otros no entendían qué relación tenía el Coloso de Rodas con la beatificación de san Juan de Ribera, además de verlo como un gasto excesivo para un monumento que solo iba a permanecer expuesto tres días. De hecho, se conserva alguna queja, como un fragmento que dejamos a continuación, publicado en el Diario de Valencia, donde se cataloga al Coloso como «un figurón en pelota(s) (…) sin más habilidad de dexar pasar por debaxo sus calzones a las naves» (podéis ver más quejas en el maravilloso artículo de La efigie del Coloso de Rodas en la beatificación de Juan de Ribera).

Terminados los días de la fiesta, se dejó el monumento un día más y, el día 30, lo desmontaron. Aunque hoy algunas personas consideran esta construcción como la primera falla documentada, en realidad no lo fue. A pesar de que sus restos fueron quemados, la estructura en sí fue derribada mediante cuerdas atadas a sus piernas. Se trataba, en realidad, de una arquitectura efímera, una tradición heredada del Barroco que continuó levantándose durante las últimas décadas del siglo XVIII.
La figura trataba de imitar la desaparecida figura del Coloso llevando en su mano derecha un pebetero llameante y en la izquierda un carcaj con flechas con símbolos eucarísticos. Sobre su cabeza aparecen los rayos solares como alegoría del dios de la luz. El motivo de la representación era igualar y comparar al nuevo beato Ribera con el famoso Coloso de la antigüedad. La costumbre de confeccionar tramoyas, arcos triunfales, y todo tipo de artefactos e ingenios mecánicos que eran activados al paso de la procesión, servían para resaltar su carácter escenográfico, escenografía que ha acompañado desde entonces a las celebraciones festivas del pueblo valenciano.
La efigie del Coloso de Rodas en la beatificación de Juan de Ribera
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Durante dicho periodo fueron muy frecuentes los acontecimientos festivos de este tipo, una manera de distraer al pueblo. Tal como cuenta Cano Cuartero en Evolución histórica y estudio técnico de la tradición del cartón-piedra en la imaginería festiva valenciana, las fiestas eran casi una constante durante este periodo y se caracterizaban por su carácter extravagante y un gasto desorbitado. El engalanado de las calles, la colocación de luminarias, los fuegos artificiales y la construcción de arquitecturas efímeras de este tipo eran algo muy habitual.
Estas arquitecturas fugaces estuvieron muy presentes en los recorridos procesionales, en forma de carrozas o carros, por ejemplo, pero también de altares, arcos triunfales, pabellones y otras estructuras de carácter gigante, como en este caso fue el Coloso de Rodas, construido además con materiales «pobres», como era costumbre. El uso de la madera, la tela o el cartón simulaba el mármol, la seda o el bronce y permitía abaratar mucho los costes de las estructuras.
A este Coloso de Rodas de Valencia de 1797 se le ha atribuido erróneamente tiempo atrás ser la primera falla de la plaza del Mercado y, por tanto la primera falla conocida, de ahí a que, como curiosidad, la comisión tenga el número 1 del censo en Junta Central Fallera. Más cerca en en nuestro tiempo, en el siglo XX (1970 y 1971), dos fallas plantadas en la plaza del Ayuntamiento hicieron honor al Coloso de Rodas, tal y como cuenta El Coloso que resucitó | Distrito Fallas
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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