- Una colección de fósiles procedentes de Sudamérica, que estuvo a punto de terminar en Copenhague, llegó a Valencia en 1889 gracias a un ingeniero nacido en Manises.
Puede que muchos valencianos no sepan que, en la ciudad de Valencia, se conserva una auténtica ventana a la prehistoria de Sudamérica. No hablamos de unos pocos fósiles, sino de una extraordinaria colección formada por más de 5.000 huesos y 20 esqueletos de grandes mamíferos que habitaron el continente durante el Pleistoceno.
La historia de esta colección es, además, tan curiosa como los propios animales que la forman. Sus fósiles viajaron desde Argentina hasta Valencia a finales del siglo XIX gracias a José Rodrigo Botet, un ingeniero nacido en Manises que desarrolló buena parte de su carrera en América del Sur y que terminó convirtiéndose en una figura clave para la paleontología valenciana.
Una colección de gigantes que estuvo a punto de acabar en Copenhague:
Para conocer el origen de este singular tesoro hay que viajar hasta Argentina y retroceder hasta las últimas décadas del siglo XIX.
Una parte fundamental de los fósiles fue recolectada entre 1880 y 1888 por el naturalista catalán Enrique de Carles, durante diferentes expediciones por depósitos de la cuenca del Río de la Plata. En aquellas tierras aparecían restos de una fauna desaparecida formada por enormes mamíferos que habían habitado Sudamérica durante el Pleistoceno.
Rodrigo Botet conoció aquella colección y supo de los planes de su amigo de donarla a un museo de Copenhague. Fue entonces cuando decidió intervenir: adquirió la colección y optó por regalarla a la ciudad de Valencia.
Los fósiles llegaron finalmente a la ciudad en 1889. Y aquella decisión acabaría cambiando para siempre la historia de la paleontología valenciana.
La existencia de esta colección resultó de la iniciativa del ingeniero valenciano José Rodrigo Botet, quien la regaló a la ciudad en 1889, “llevado del noble y generoso deseo de dotar a su patria de un Museo tal vez único en su género en Europa” según nos dicen las crónicas.
La expectación producida al llegar la colección a Valencia se hace pública en la prensa los días 9, 10 y 11 de agosto de 1889, que nos habla de la asistencia a su recepción de los personajes de más relevancia de la sociedad valenciana, además de los cargos más altos del mundo académico e intelectual.
Una colección para Valencia: Los mamíferos fósiles de Rodrigo Botet
El regalo que dio origen a un museo:
La donación de Rodrigo Botet no fue simplemente la llegada de una colección de fósiles a Valencia. Aquellos restos se convirtieron en el germen de la creación del Museo Paleontológico de Valencia, considerado el primer museo paleontológico de Europa.
Tras llegar a Valencia, el Ayuntamiento se hizo cargo de la colección y confió su gestión al naturalista Eduardo Boscá, que comenzó a trabajar en su identificación, reconstrucción, conservación y divulgación. Tras pasar por distintos emplazamientos, en 1896 fue trasladada provisionalmente al desaparecido Hospital de San Pablo, aunque las condiciones no eran las más adecuadas y apenas podía visitarse.
La importancia científica de la colección volvió a ponerse de manifiesto durante el cuarto centenario de la Universitat de València, en 1902, lo que impulsó al Ayuntamiento a buscar un espacio más digno. Finalmente, en 1908, los fósiles fueron instalados provisionalmente en L’Almodí, donde Boscá y su equipo continuaron con el montaje de los esqueletos. Entre 1910 y 1911, además, Boscá y su hijo estudiaron otras colecciones paleontológicas europeas para mejorar la conservación y presentación de la colección valenciana.
Una colección para Valencia: Los mamíferos fósiles de Rodrigo Botet
Durante décadas, la colección permaneció expuesta en en el Almudín, uno de los edificios históricos más singulares de la ciudad.

Posteriormente pasó por otras dependencias municipales hasta que, en 1999, se trasladó a su actual ubicación en los Jardines del Real, donde abrió sus puertas el Museo de Ciencias Naturales, ahora reconvertido en El Paleontològic.
El primer emplazamiento del Museo fue en el Convento de San Gregorio de la calle San Vicente, cuando su fundación en 1889 donde permaneció hasta 1896, año en el que fue trasladado al antiguo Hospital de San Pablo, jesuita (cercano a la Cárcel Modelo que se iba a inaugurar en 1901) donde se estableció hasta que en 1908 se acordara su traslado al Almudín, por ser más céntrico y de adecuado aspecto, con la denominación de Museo Municipal de Paleontología bajo la dirección de Eduardo Boscá, quien había sustituido al antiguo dueño de la colección Sr. Rodrigo Botet. Museo que permaneció en la antigua alhóndiga hasta 1991, con su traslado a los bajos del Ayuntamiento en la calle Arzobispo Mayoral, a la espera de su emplazamiento definitivo en los Viveros en 1999.
Más de un siglo después, aquella colección histórica continúa siendo el núcleo de uno de los grandes tesoros científicos que conserva la ciudad.
Más de 5.000 huesos de gigantes prehistóricos:
La dimensión de la colección impresiona cuando se ponen cifras sobre la mesa. El conjunto reúne más de 5.000 huesos y 20 esqueletos, pertenecientes a más de veinte familias diferentes de mamíferos del Pleistoceno sudamericano.
Son restos de animales que vivieron hace miles de años, cuando buena parte de Sudamérica estaba habitada por una espectacular megafauna que poco tenía que ver con la que conocemos actualmente.
Entre aquellos gigantes había enormes armadillos, gliptodontes, toxodontes y otros grandes mamíferos desaparecidos. Pero hay uno que, por su tamaño y aspecto, se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la colección valenciana.
El gigantesco perezoso que puedes ver en Valencia:
Se trata del Megatherium americanum, un gigantesco perezoso terrestre que habitó Sudamérica durante el Pleistoceno. Y no, no se trata del pequeño animal que hoy asociamos a la palabra “perezoso”. El megaterio era un auténtico gigante.
Este enorme mamífero forma parte de la llamada megafauna sudamericana y podía alcanzar varios metros de longitud. Caminaba sobre sus cuatro extremidades y se alimentaba principalmente de vegetación, aunque su enorme tamaño lo convertía en uno de los animales más impresionantes de los ecosistemas en los que vivió.
El ejemplar conservado en Valencia procede de la cuenca del río Samborombón, en Argentina, y es uno de los ejemplares más completos recuperados de esta especie.
Su montaje tampoco fue algo inmediato. Aunque los fósiles habían llegado a la ciudad décadas antes, el complejo montaje del esqueleto no quedó completado hasta 1928.
Así, un animal que desapareció de Sudamérica hace miles de años terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de la colección valenciana.
Un viaje de miles de kilómetros que empezó hace más de un siglo:
La historia resulta todavía más curiosa si se piensa en el recorrido que hicieron aquellos restos. Primero fueron descubiertos y extraídos en tierras argentinas. Después fueron reunidos en una colección científica que estaba destinada a viajar hasta Copenhague. Finalmente, gracias a Rodrigo Botet, cruzaron el Atlántico y llegaron a València en 1889. Desde entonces han pasado más de 135 años.
La colección sobrevivió a diferentes cambios de sede y a la propia evolución de la institución hasta llegar a las instalaciones actuales de El Paleontològic-Museu de Col·leccions Naturals de Valencia, museo dentro de los Jardines de Viveros que reabrió al público en 2025 tras una renovación museográfica (el horario de apertura del museo es de martes a domingo de 10:00 a 19:00 horas. Más detalles en EL PALEONTOLÒGIC-MUSEO DE COLECCIONES NATURALES – Ayuntamiento de Valencia).
Hoy, los visitantes pueden volver a encontrarse cara a cara con aquellos gigantes que caminaron por Sudamérica hace miles de años en la llamada Sala Rodrigo Botet.

Un tesoro científico escondido en Valencia:
Como ya hemos mencionado, la colección Rodrigo Botet está considerada de gran importancia para el estudio de los mamíferos fósiles sudamericanos conservados en Europa. Su valor no reside únicamente en la espectacularidad de los esqueletos, sino también en la información científica que proporcionan sobre la fauna, los ecosistemas y la evolución de los grandes mamíferos que habitaron aquel continente.
Y todo comenzó con una decisión tomada a finales del siglo XIX por un ingeniero nacido en Manises. Rodrigo Botet pudo haber dejado que aquella colección viajara a Copenhague. Sin embargo, decidió comprarla y regalarla a Valencia. Más de un siglo después, su regalo sigue aquí, algo que debemos conservar y poner en valor.
Miles de huesos, 20 esqueletos y algunos de los animales más extraordinarios que caminaron por la Tierra forman parte de un tesoro que, probablemente, muchos valencianos todavía no saben que tienen tan cerca.
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