Entre la calle de la Nau y la calle del Mar transcurre, perpendicularmente, la calle de las Comedias. Recibe este nombre porque aquí existió el que podemos considerar el primer teatro público estable de Valencia: el Corral de las Comedias, también conocido como Corral de la Olivera o Corral de Comèdies de L’Olivera.
Antes de 1584, Valencia no contaba con un espacio fijo para las representaciones teatrales. Estas se celebraban en distintos lugares y escenarios provisionales que variaban también según la clase social del público: algunas tenían lugar en palacios y casas nobiliarias, mientras que otras se organizaban en calles o plazas.
La llegada del primer Corral de les Comèdies de Valencia (1584):
Conforme explica Eduardo Juliá Martínez en Nuevos datos sobre la casa de la Olivera de Valencia, con el objetivo de reunir el teatro en un único espacio, el Hospital General obtuvo en 1582 un privilegio del virrey por el que los cómicos debían representar únicamente en el local que la institución designase. Poco después construyó, en el barrio de la Olivera, la Casa de les Representacions e Farses, terminada en 1584. Desde entonces, el Corral de las Comedias se convirtió en el único espacio autorizado para las representaciones públicas en Valencia.
Los corrales de comedias, a cielo abierto, fueron el precedente de los teatros actuales. Aprovechaban el patio interior o corral de una casa, donde se levantaba un tablado para los actores y alrededor se distribuían bancos y asientos para los espectadores. Según los planos conocidos, la portada principal del teatro daba a la actual calle de las Comedias, hoy número 15, mientras que la entrada lateral se abría a la calle de la Tertulia.

Tal y como explica Pilar Sarrió Rubio en su libro «La vida teatral valenciana en el siglo XVII», el Hospital General no solo era propietario del teatro, sino que también obtenía parte de los beneficios de las representaciones, que contribuían al mantenimiento de la institución. Además, a través de su clavario, contrataba a las compañías teatrales que actuaban en la ciudad. Durante los primeros años estas acudieron con frecuencia, aunque con el paso del tiempo comenzaron a imponer sus propias condiciones. Valencia llegó a convertirse en una ciudad muy atractiva para los actores, hasta el punto de que algunos decidieron establecerse aquí definitivamente tras abandonar los escenarios.
La elección de este lugar tampoco fue casual. Antes de construirse el teatro, el barrio de la Olivera ya era una zona de ocio popular, con tabernas, bodegones, juegos y patios donde actuaban compañías ambulantes. Con el tiempo, el Corral de la Olivera acabaría convirtiéndose en el principal escenario teatral de Valencia y en uno de los más importantes de España. En él se representaron obras de autores tan destacados como Lope de Vega, quien residió durante un tiempo en Valencia tras su destierro de la corte.
De este primer corral de comedias poco sabemos. En 1619, y después de un incendio que destruyó el edificio, se levantó sobre el mismo solar un nuevo edificio ya dedicado expresamente a la actividad teatral y que si que se puede considerar como heredero directo de los actuales teatros valencianos. Este nuevo corral de comedias, o ya teatro, tenía tres entradas o puertas que abrían a la calle Comedias, la puerta central llevaba directamente al patio de butacas a través de un vestíbulo, una de las puertas laterales llevaba al segundo piso del teatro que estaba reservado a las mujeres, mientras que la otra puerta llevaba al primer piso donde se ubicaban «reservados» para las familias nobles o personajes importantes de la ciudad o el clero.
La gran transformación (1619):
El edificio original sufrió un incendio, siendo reconstruido e inaugurado de nuevo el primer cuarto del siglo XVII (la primera función tras la reforma se realizó en 1619). La ubicación exacta del primer Corral de las Comedias sigue siendo objeto de debate. Algunas fuentes lo sitúan en el solar de la actual parroquia de Santo Tomás, aunque esta hipótesis no está consensuada, por lo que se da como válida la hipótesis de que el segundo edificio se levantara sobre el mismo emplazamiento del primero, aprovechando parte de su estructura. La nueva Casa de Comedias fue muy moderna para su época, incorporando la organización y la estética propias de los teatros italianos, si bien no era una adaptación del modelo italiano debido a que su escenario seguía siendo un escenario de corral. Eso sí: ahora sí que tenía cubierta.



La última gran reforma y su final:
Tras casi un siglo de funcionamiento, el edificio comenzó a mostrar un importante deterioro. Según recoge el investigador François Suréda en Le théâtre dans la société valencienne du XVIIIe siècle, a partir de la documentación conservada en el Archivo del Hospital General de Valencia (como libros de cuentas, deliberaciones de los administradores, inventarios y protocolos notariales), una inspección realizada el 28 de agosto de 1715 concluyó que tanto la cubierta como parte de los muros se encontraban en un estado que hacía peligrosa la celebración de representaciones. Los administradores del Hospital debatieron si bastaba con reparar el edificio o si era necesario levantar uno nuevo. Finalmente optaron por su demolición y reconstrucción, ampliando además el escenario y parte del aforo tras adquirir una vivienda contigua. Las obras comenzaron en 1716 y, en menos de un año, el Corral de la Olivera reabrió sus puertas convertido en un coliseo completamente renovado, con una nueva distribución interior y mejoras inspiradas en los teatros de la época.
El final del Corral de la Olivera llegaría varias décadas después y, según la documentación estudiada por Suréda, fue bastante más complejo de lo que suele afirmarse. Aunque tradicionalmente se ha señalado que el teatro desapareció a causa del terremoto de 1748, el investigador francés sostiene que el seísmo no fue la causa directa de su derribo. El arzobispo Andrés Mayoral, firme opositor a las representaciones teatrales, aprovechó la conmoción provocada por el terremoto para defender que las comedias habían atraído la ira divina y redobló la presión sobre la Corona para conseguir su prohibición. Ese mismo año se vetaron las representaciones públicas y, pese a los intentos del capitán general, el duque de Caylús, y de los administradores del Hospital por conservar el edificio y destinarlo a otros usos, Mayoral continuó insistiendo mediante una intensa correspondencia con el ministro José de Carvajal y Lancaster.
Finalmente, en 1750, el arzobispo logró su objetivo y el Corral de la Olivera fue demolido. Sin embargo, el teatro no desapareció por completo de la ciudad. Las representaciones continuaron durante algunos años en espacios privados, toleradas por parte de las autoridades civiles y militares, lo que dio lugar a un nuevo enfrentamiento entre el poder eclesiástico y el civil. No sería hasta 1755 cuando una nueva orden real prohibió también las funciones celebradas en domicilios particulares, poniendo fin, al menos temporalmente (durante unos años), a la actividad teatral en Valencia.
Todavía hoy varias calles conservan el recuerdo de aquel teatro. La calle de la Tertulia toma su nombre de la portada lateral del edificio, mientras que la calle Vestuario tradicionalmente se ha relacionado con el lugar donde los actores se cambiaban antes de las representaciones.
¿Te gustaría saber más detalles sobre este teatro y una recreación de como fue a partir de la reforma de 1618? A continuación, os adjuntamos un vídeo explicativo que muestra el trabajo de reconstrucción de «La Casa de Comèdies de L’Olivera» (Valencia, 1618-1750), un completo reportaje llevado a cabo por medio de un equipo interdisciplinar de la Universitat de Valencia dirigido por Joan Oleza en el que han participado Jaume Segura García, Sebastià Mirasol Menacho, Mario Montagud Climent, Ana Planells, Elena de Oleza y Francisco Pomares.
Este artículo está realizado en colaboración con Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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