El 3 de enero de 1456 se emitió en la ciudad de Valencia una crida o pregón que convocaba a los ciudadanos a una procesión para el día siguiente, desde la Catedral hasta el convento del Carmen, en el barrio de Roteros. El motivo era rogar a Dios por la llegada de lluvias.
Esta fue una de las 37 procesiones que se convocaron en la que se cree la mayor sequía de la Valencia medieval, que comenzó el 31 de octubre de 1455 y terminó el 15 de abril de 1457. Así lo dejó por escrito el cronista Melcior Miralles en la Crónica del Capellá d’Alfons el Magnànim (ca. 1470), quien contó que los ríos, las fuentes y los lagos se secaron, que incluso murieron los peces de la Albufera y que se perdieron los cultivos, las mercaderías y algunos oficios. «Tot perdut e acabat».
Sigue nuestro canal de Telegram en @valenciabonitatelegram o el de WhatsApp a través de whatsapp.com/valenciabonita para descubrir los mejores planes, eventos y actividades de Valencia. También puedes seguir a Valencia Bonita en Google o nuestro canal de YouTube para ver vídeos de los rincones que visitamos, suscribirte por correo electrónico al final del artículo para recibir lo que publicamos, añadir a Valencia Bonita como fuente preferida en noticias destacadas de Google o seguir a Valencia Bonita en Google News
Melcior Miralles es citado por Orts Ruiz en “Tot perdut e acabat”. Las procesiones por la gran sequía de Valencia a través de las crides del Municipio (1455-1457), estudioso de esta etapa histórica y, sobre todo, de las crides o pregones que los poderes municipales empleaban para hacer llegar estos mensajes a la población. Así, en el caso del pregón del 3 de enero que recoge Orts, el pregonero hizo llegar a la población: «Que per recaptar gràcia e misericòrdia de nostre senyor Déu, que per sa clemència infinida nos vulla donar pluja sobre la terra mitjançant la qual los splets (cosechas) que acomanats li son puxen fructificar e aconseguir la fi que deben haver».
La procesión convocada tenía como fin poner término a la grave sequía que asoló Valencia, cuya magnitud puede apreciarse tanto en el testimonio de Miralles como en las numerosas procesiones celebradas durante aquellos años. Con ellas se suplicaba la llegada de lluvias que permitieran recuperar las cosechas.
El origen de estas procesiones estaba en la antigua creencia de que las catástrofes naturales eran un castigo divino por los pecados de la población. Por ello, durante mucho tiempo se consideraron una forma de expiar esos pecados y pedir que cesaran las calamidades.
Orts explica que las crides eran una de las herramientas de comunicación más efectivas de las autoridades, ya que, además de proclamarse de viva voz, también se dejaban por escrito en distintos puntos de la ciudad. Era el crida públich o pregonero municipal el que daba el comunicado, además de ser trompeta y encargado de coordinar los músicos de la ciudad que, en ocasiones, podían acompañar el mensaje. Los convocantes eran el Justicia y los Jurats de la ciudad.
Las 37 romerías convocadas para pedir lluvia generalmente tuvieron partida y regreso en la Catedral. Desde allí se dirigieron a distintos conventos y monasterios de la ciudad, elegidos por su importancia religiosa. Uno de los más visitados fue el convento de San Agustín, por encontrarse allí la imagen de Nuestra Señora de Gracia, que gozaba de una gran devoción en la ciudad. De hecho, también fue destino de las procesiones celebradas en acción de gracias por la llegada de las precipitaciones.
Otros templos que fueron visitados en las procesiones fueron el monasterio de la Trinidad, los conventos de Santo Domingo, de San Vicente Mártir, de San Francisco y el ya mencionado convento del Carmen. Una de las procesiones de enero de 1456 recorrió las plazas de las Cortes y de San Bartolomé, la calle de Serranos y la carnicería de Roteros hasta llegar al convento. A continuación, pasó por la iglesia de Santa Cruz y se dirigió de nuevo a la Catedral por las calles de los Tejedores y Caballeros.
Aunque la mayoría de los recorridos transcurrieron dentro de las murallas, algunas procesiones se dirigieron a lugares extramuros. Una romería celebrada entre el 29 de agosto y el 4 de septiembre de 1456 llegó hasta el monasterio de Santa María de la Murta, en Alzira.

Lo cierto es que esta sequía golpeó todo el cuadrante nororiental de la península. En el sur de Aragón la situación no fue mejor. A ello se sumaba que, tal y como explica Morales Gómez en Sequía e ingeniería. El incremento del aforo del Turia con los caudales de la laguna de Tortajada (Teruel) en 1457 y el maestro Rodrigo Marquina, “experto” hidráulico | Medievalismo, Valencia no contaba en época medieval con muchos recursos hidráulicos, más allá del río Turia, cuyo caudal era más bien escaso.
Esta dura sequía motivó que Valencia impulsara en 1457 el desagüe de la laguna de Tortajada (Teruel) hacia el río Alfambra para incrementar, aguas abajo, el caudal del Turia y paliar las deficiencias de riego de la huerta valenciana. Sin embargo, según el autor, los resultados de esta iniciativa debieron de ser limitados, pues el proyecto tuvo un recorrido muy corto y cayó rápidamente en el olvido.
La sequía de 1455-1457 fue, por tanto, una de las grandes crisis que tuvo que afrontar la Valencia medieval, que recurrió tanto a la fe, con la convocatoria de numerosas procesiones, como a medidas para intentar aumentar los recursos hídricos disponibles. Sin embargo, las dificultades para conseguir agua suficiente para los cultivos evidencian las limitaciones que tenía la ciudad para hacer frente a una sequía de estas características, que dejó una profunda huella en la sociedad valenciana.
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
Descubre más desde Valenciabonita
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
















