En el término municipal de Sant Mateu, en la comarca del Baix Maestrat, se alza una construcción que llama la atención por su imponente silueta y su aspecto de fortaleza. Se trata de la Torre del Palomar, también conocida como Torre El Palomar o palacio fortificado, una masía de origen moderno que conserva una arquitectura singular, con cuatro torreones en las esquinas, almenas y elementos defensivos que la convierten en uno de los edificios más llamativos del patrimonio rural de la zona, tal y como pudimos comprobar en nuestra visita.
Aunque se la ha denominado de distintas maneras a lo largo del tiempo, su tipología está vinculada a las casas fuertes y las masías fortificadas. Su construcción se sitúa entre finales del siglo XVI y principios del XVII, y su valor patrimonial está reconocido con la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de monumento.
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Una construcción de finales del siglo XVI o principios del XVII:
La Torre del Palomar fue levantada en una finca rural vinculada a Cristóbal Gil de Palomar. Según la documentación recogida por Rodríguez Culebras en el Catálogo de Monumentos y Conjuntos de la Comunidad Valenciana, publicado en 1983, su construcción se atribuye al maestro de obras Bernardo Cumba, de quien se presume un origen francés.
La referencia histórica relaciona la torre con los trabajos de este maestro en el santuario de la Mare de Déu dels Àngels de Sant Mateu. En concreto, la publicación señala que Cumba firmó en 1609 el contrato para concluir las obras de la iglesia santuario, después de haber terminado la torre de la finca de Cristóbal Gil de Palomar. Este dato permite situar su construcción en el cambio del siglo XVI al XVII.
Una masía fortificada de aspecto casi cúbico:
Uno de los rasgos más característicos de la Torre del Palomar es su volumen compacto. El edificio presenta una planta cuadrada de aproximadamente 18 metros de lado y una considerable altura, lo que le confiere una apariencia casi cúbica. En cada una de sus esquinas se levanta un torreón que refuerza visualmente su aspecto de fortaleza y le proporciona una silueta fácilmente reconocible en el paisaje rural.
Los torreones están rematados por cornisas y almenas, algunas de ellas de carácter decorativo. En las esquinas también destacan los garitones, mientras que las cubiertas planas de las torres contrastan con la cubierta central, de teja árabe y dispuesta a cuatro aguas. El resultado es una composición arquitectónica que combina la imagen defensiva de un castillo con las características de una residencia señorial rural.
Las fachadas presentan una disposición de huecos aproximadamente simétrica, aunque con diferencias y elementos añadidos que evidencian las transformaciones experimentadas por el edificio a lo largo de los siglos. La fachada principal destaca por el uso de sillares, mientras que en las otras predominan los muros de mampostería colocada en hiladas más o menos regulares. También se empleó sillarejo en los cerramientos, con sillares en las esquinas y en los marcos de las ventanas y puertas, que son adinteladas y de dimensiones reducidas.



Almenas, matacanes y otros elementos defensivos:
Más allá de su aspecto exterior, la Torre del Palomar conserva elementos arquitectónicos que refuerzan su carácter fortificado. Sobre las puertas de acceso se pueden observar matacanes, estructuras voladas que permitían vigilar y defender los puntos de entrada. También destacan los balcones amatacanados de algunas fachadas, situados en la parte alta del edificio.
Estos elementos, junto con las almenas y los torreones de las esquinas, forman parte de una arquitectura concebida para transmitir solidez y ofrecer protección. No obstante, su presencia no permite afirmar por sí sola que la construcción participara en conflictos bélicos concretos. Su interés reside precisamente en esa combinación de funciones residenciales y recursos defensivos propia de determinadas casas fuertes y propiedades rurales de la Edad Moderna.
La distribución interior ha sufrido modificaciones con el paso del tiempo, hasta perder buena parte de los rasgos que debieron caracterizar su organización original. A partir de la descripción arquitectónica disponible, se ha planteado que la planta baja pudo destinarse a accesos y dependencias de servicio, mientras que las plantas superiores habrían tenido un uso residencial vinculado al señor de la finca. Se trata, en cualquier caso, de una hipótesis sobre su distribución primitiva, no de una organización interior que pueda darse por plenamente documentada.
Un Bien de Interés Cultural en el paisaje rural del Maestrat:
La importancia de la Torre del Palomar va más allá de su arquitectura. El edificio está protegido como Bien de Interés Cultural, con categoría de monumento, e inscrito en los registros patrimoniales correspondientes. Además, en 2009 se publicó en el Boletín Oficial del Estado una resolución que amplió y reguló su entorno de protección.
Esta protección no se limita al inmueble, sino que también atiende al paisaje rural en el que se integra. La normativa contempla la conservación de los campos, los caminos, el arbolado y otros elementos tradicionales del entorno, con el objetivo de evitar intervenciones que alteren la imagen histórica de la masía y su relación con el territorio.
La catalogación como BIC reconoce el valor del edificio, pero también implica que las intervenciones sobre él deben ajustarse a un régimen específico de protección y contar con las autorizaciones patrimoniales que correspondan. Esta circunstancia hace especialmente importante encontrar fórmulas que permitan compatibilizar la conservación del monumento con su mantenimiento y uso.
Cómo llegar a la Torre del Palomar de Sant Mateu:
Para quienes quieran conocer esta maravilla, la Torre del Palomar se encuentra a unos dos kilómetros del núcleo urbano de Sant Mateu, en dirección a Xert. Para aproximarse a ella, la referencia indicada es la carretera CV-132 y el desvío conocido como camino de la Torre, por el que se accede a la finca.
Al tratarse de una propiedad privada y habitada (aunque se puede visitar sin problema el exterior de la masía fortificada), es importante respetar a sus moradores y observar la torre sin molestar a quienes viven allí y sin comprometer la conservación del inmueble.
La Torre del Palomar es, en definitiva, una muestra singular de la arquitectura fortificada rural de la provincia de Castellón. Su silueta, sus cuatro torreones y sus elementos defensivos permiten comprender la presencia de construcciones señoriales que, sin ser necesariamente castillos militares, adoptaron una imagen de fortaleza. Su conservación constituye un reto patrimonial en el que la protección legal debe ir acompañada de los medios necesarios para mantener vivo este legado arquitectónico del Maestrat.
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