En 1893, una réplica de la Lonja de la Seda de Valencia se convirtió en el pabellón oficial de España en la Exposición Mundial Colombina de Chicago, celebrada para conmemorar el cuarto centenario del viaje de Cristóbal Colón a América. La exposición reunió a cerca de medio centenar de países y mostró los principales avances y producciones de la época en ámbitos como la industria, la tecnología, el arte y la cultura.
El edificio oficial español se levantó en Jackson Park, en la zona reservada a las naciones extranjeras, junto a los pabellones de Canadá y Alemania. Para representarlo se escogió la Lonja de Valencia, aunque la reproducción fue parcial: se recrearon principalmente el Salón de Contratación y la torre.
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El encargado de realizarla fue Rafael Guastavino, arquitecto de origen valenciano que se había trasladado a Estados Unidos en 1881 y que ya era conocido allí por sus famosas bóvedas tabicadas de ladrillo. Su prestigio llegó a ser tal que también participó como jurado en la sección de Arquitectura de la exposición y fue invitado de honor al Congreso Internacional de Arquitectura celebrado con motivo de la feria.
La réplica de la Lonja medía aproximadamente 25,6 por 29 metros y su torre alcanzaba unos 20 metros de altura. Guastavino reprodujo también parte de sus elementos interiores, como las ocho columnas helicoidales que sostenían la bóveda y la escalera circular que conducía a la torre. El edificio costó alrededor de 45.000 dólares de la época.



Pero ¿por qué escogieron la Lonja?
Según el historiador estadounidense Hubert Howe Bancroft en “Marginalizing Spain at the Chicago Columbian Exposition of 1893”, la elección se debió a Enrique Dupuy de Lôme, representante diplomático español en Estados Unidos y natural de Valencia, que habría querido rendir homenaje a su ciudad. Sin embargo, la historiadora M. Elizabeth Boone, en cuyo estudio sobre la participación española en la exposición nos hemos basado en gran parte para esta historia, relaciona la elección con el significado comercial de la Lonja.
El edificio simbolizaba la importancia que había tenido Valencia en el comercio mediterráneo durante los siglos XV y XVI, precisamente en una época en la que las nuevas rutas atlánticas comenzaban a desplazar el centro del comercio hacia el otro lado del océano. Llevar la Lonja a Chicago permitía, por tanto, recordar aquel pasado de actividad comercial y proyectarlo en una exposición en la que España también buscaba mostrar sus posibilidades económicas.
La arquitectura tenía además un importante valor simbólico. Los organizadores españoles presentaban la Lonja como un ejemplo de la transición del gótico al Renacimiento, estableciendo un paralelismo con 1492, considerado también un momento de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna.
La Lonja no fue la única construcción relacionada con España que pudo verse en la exposición. También se levantó una reproducción del monasterio de Santa María de La Rábida, vinculado a los preparativos del viaje de Colón, y llegaron a Chicago réplicas de la Niña, la Pinta y la Santa María. En otros espacios se utilizaron elementos inspirados en edificios como San Juan de los Reyes de Toledo o el claustro de San Gregorio de Valladolid.
Era de esperar que España, el país en un aspecto más honrado por la Exposición Mundial Colombina, estuviera bien representada en las exposiciones y que su gobierno entrara en el amplio espíritu de la ocasión. El gobierno español mostró seriedad en su curso desde el principio, no solo ayudando a los expositores españoles, sino en direcciones especiales como la construcción del duplicado «Santa María», el buque insignia de Colón, el préstamo de reliquias preciadas expuesta en el Convento de La Rábida y el cuidado que se dedicó a crear algo típico del Edificio del Gobierno español. La estructura, que ocupaba un lugar cerca de la orilla del lago entre Alemania y Canadá, era la reproducción en diseño de Lonja de la Seda de Valencia, un edificio cuya construcción comenzó en Valencia, España, en 1492, el año en que Colón zarpó. Mostraba exactamente el estilo arquitectónico predominante en España en aquella época, y por ello tenía un interés peculiar y apropiado. Las dimensiones eran una fachada de ochenta y cuatro pies, una profundidad de unos noventa y cinco pies y una altura de unos cincuenta pies, con la torre elevándose quince pies más alto. Los ornamentos del interior representaban la iglesia, la magistratura y las artes militares, y el efecto general estaba acorde con la época representada. Aquí, por supuesto, se encontraba la sede del gobierno español en la Feria.
Texto redactado durante la exposición de 1893 en Chicago, traducido del inglés y tomado de El Edificio del Gobierno Español – La Exposición Universal de Chicago de 1893

La réplica de la Lonja, sin embargo, pese a ser el edificio oficial del Gobierno español, no tuvo el impacto esperado, según señala Óscar Calvé en La otra Lonja de Valencia que deslumbró al mundo en Chicago | Las Provincias. Parece ser que generó extrañeza por desentonar el gótico civil con el resto de construcciones de estilo neoclásico. También indica que la guía de la exposición apenas le concedió protagonismo, aunque incluyó un grabado del edificio.
A pesar de ello, durante 1893 la Lonja de Valencia se dio a conocer en una de las grandes exposiciones internacionales de finales del siglo XIX. La réplica desapareció después de la exposición, pero durante unos meses el edificio valenciano se encontró al otro lado del Atlántico, formando parte del gran escaparate internacional que fue Chicago en 1893.
Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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