• La cebera es una construcción realizada con un fin agrícola. Se trata de un pequeño almacén, tradicionalmente de madera e inspirado en la barraca valenciana, que surgió como un elemento arquitectónico propio de la huerta valenciana.
  • Su fin era almacenar las producciones de cebollas de los campos hasta que el agricultor encontrase un comprador adecuado que se ajustase a sus pretensiones económicas, evitando así que se estropease el producto.
  • En su construcción, se preparaba el suelo, creando una pequeña elevación de un palmo aproximadamente para separarla de la humedad de la tierra. Después se construía el esqueleto de madera más grueso y se creaban pilares. A ellos se les unían los listones, con la misma separación en cada uno de ellos. Gracias a esta separación el interior disponía de una continua ventilación, útil para secar las cebollas.
  • En la actualidad, aunque quedan todavía algunas de estas construcciones en diferentes puntos de la huerta valenciana, este patrimonio tradicional de la huerta está en peligro de extinción.

La cebera es una construcción propia de la agricultura de l´Horta, en especial de l´Horta Sud -aunque puede encontrarse en otros puntos de la huerta valenciana- en peligro de extinción.

Estos pequeños almacenes de la huerta tradicional que se han incorporado como un elemento del paisaje agrícola, y que comenzaron a difundirse a finales del siglo XIX debido al auge de la producción del cultivo de la cebolla, son construcciones básicas al aire libre realizadas en los campos de la comarca de l´Horta para proteger la cosecha de cebollas cuando la producción era excesiva, mientras el agricultor buscaba un comprador que le ajustará el precio, evitando así que el producto se echara a perder. Por tanto, son elementos ligados estrechamente a un único tipo de cultivo -aunque conocemos, por palabras de un agricultor, que han sido utilizadas como almacén para otros productos de la huerta en menor medida-.


El auge de estas construcciones vino provocado porque la producción había dejado de ir dirigida al ámbito del autoconsumo local y al comarcal, para así centrarse en mercados mayores, debido a las mejoras socioeconómicas que se habían producido en la segunda mitad del siglo XIX. Esto, unido a la caída de la producción de productos tradicionales destinados al comercio como la morera para la obtención de seda, provocó que se abrieran paso nuevos cultivos en el mercado, como es el caso de la cebolla.

Tal y como menciona Adrián Cañada Bastida, licenciado en Historia y Máster de Patrimonio Cultural, en su artículo, de quien toma las palabras de Adrià Besó en su libro “Les Ceberes”, las ceberas solían construirse en los márgenes de las parcelas, orientadas en su construcción en una dirección determinada, que su eje longitudinal siguiera la dirección Norte-Sur. El objetivo era aprovechar los efectos de los vientos de Levante y Poniente que son los predominantes en la zona de la Huerta.

Estas modestas construcciones estaban hechas a base de madera, fundamentalmente, con tamaños variados en cuanto a la longitud, pero sin llegar a ser excesivamente grandes. Estos almacenes estaban inspirados en la barraca valenciana, ya que su morfología así lo sugiere al tener tejados inclinados y una base estrecha y rectangular. Las bases rectangulares tenían una anchura muy reducida que no pasaba del metro en casi ningún caso, a diferencia de la longitud, la cual sí era muy variable y dependía de la cantidad que se deseara almacenar.

Resulta curioso que las primeras ceberes tenían los tejados de paja, rasgo típico de la barraca, y las paredes de caña, con tamaños más diferenciados entre ellas, debido fundamentalmente a las distintas formas y tamaños de los pilares, los cuáles solían ser de chopo. Con el paso de los años el proceso de construcción empezó a estandarizarse, ya que con la entrada del siglo XX, la madera de los pilares pasó a ser la madera escuadrada, la cual procedía de las traviesas de la vía del tren que eran sustituidas.

 

Adrián Cañada Bastida (Licenciado en Historia y Máster de Patrimonio Cultural).

La estructura principal de la cebera, estaba formada por pilares de madera o traviesas verticales que sostienen el peso de la estructura, con un metro de separación entre ellos, y que se clavaban en el suelo consiguiendo buena estabilidad al cubrir los pies de las traviesas con cemento o piedras. Los espacios entre pilares reciben el nombre de tramos, los cuáles se cubrían bien con cañas en posición horizontal, clavadas o atadas a los pilares con unos pocos centímetros de separación entre ambas, o bien con pequeñas tablas o listones de madera clavados también y con similar separación.

La cebera tiene una estructura inspirada en la barraca valenciana, siendo una construcción elemental y frágil, hecha de madera, barro, paja y cañas, de planta rectangular que no sobrepasa el metro de anchura, y de longitud variable. El acceso se hacía mediante dos puertas situadas en los extremos de la cebera. La cebera estaba construida a base de módulos llamados dados, con unas medidas de 2 metros de altura por un metro o 1’10. cm de superficie, con lo que se tenía calcula la capacidad de un dado de la cebera, que correspondía a dos metros cúbicos. Así pues, en un metro cúbico caben cincuenta arrobas de cebollas, y el dado contenía cien arrobas, por lo que la cosecha almacenada en la cebera resultaba de lo más práctico para el agricultor.

Durante las primeras décadas del siglo XX, y coincidiendo con el apogeo de la producción de este producto, la cebera se difundió de manera rápida por gran parte de la huerta que rodea Valencia. Fue así como la cebera surgió como un elemento arquitectónico propio de la huerta.

Por desgracia, a causa de la caída del cultivo de la cebolla en las últimas décadas del siglo XX, la cebera ha ido desapareciendo como elemento propio de la huerta, al menos en la cantidad numerosa que antaño se pudo ver, lo que ha provocado que muchas de estas construcciones estén en desuso o, incluso, se derriben por su mal estado o no poder mantenerlas

En la actualidad, en la huerta de Xirivella, por poneros un ejemplo, quedan todavía un pequeño número de ceberes, aunque algunas se encuentran, por desgracia, en gran riesgo de derrumbe. El abandono de ellas es preocupante, aunque todavía hay quienes intentan visibilizar este tipo de construcciones históricas a través de rutas que vosotros mismos podéis realizar, como la que os podéis descargar en wikiloc.com.

Otra acción positiva es la que está llevando a cabo la concejalía de Huerta y Pueblos de Valencia, quien está tratando de recuperar los antiguos almacenes de cebollas que desde hace un siglo y medio han acompañado a los labriegos valencianos de la huerta de València. Y es que para quien no lo sepa, desde hace unos meses se está llevando a cabo un programa piloto del Ayuntamiento de Valencia en La Torre, con la construcción de dos ceberas en colaboración con la ciudad del Aprendiz y los alumnos del ciclo de madera y mueble.  En palabras de la concejal d’Horta i Pobles de València, Consol Castillo, “queremos consolidar la capacitación de alumnos formados en este proyecto, de manera  que se puedan convertir en técnicos especialistas en la rehabilitación de este tipo de patrimonio, con la idea de aumentar el empleo en un ámbito que en el futuro inmediato tendrá mucho recorrido, como es la restauración en general”.

Con este artículo, mencionando la ruta que se puede hacer en Xirivella o la buena iniciativa de la concejalía de Huerta y Pueblos de Valencia, queremos trasladaros nuestra preocupación a la vez que pretendemos concienciar a la gente del valor patrimonial que tienen estas construcciones, elementos tan característico de la huerta valenciana en peligro de desaparición.

Para conocer más sobre la historia de las ceberas y su configuración en la huerta valenciana:

 

 

 

Fuentes:

 

 

 

 

Compartir2K
Twittear
+1
WhatsApp
2K Compartir