El Paraje de El Salto de Chella es, sin duda, el lugar más emblemático de todo el municipio de Chella (Valencia). Se trata de un pequeño microclima en el que destaca una impresionante cascada de 25 metros de altura localizada a las afueras de la población de Chella, justo en un extremo.

Si bien, podemos decir, que la belleza de la cascada es el principal atractivo de este paraje, formando parte de nuestra particular lista de las cascadas más bonitas de la Comunidad Valenciana, no se puede obviar los encantos que encierra los alrededores de la cascada, como pueden ser las ruinas de la antigua central hidroeléctrica y la casa de veraneo, un viejo molino, “la Cueva que Llueve” o “El Paraíso”.

Nosotros, fieles a recorrer cada rincón de la provincia de Valencia, nos aventuramos a conocer todos los puntos de este recorrido fácil que hemos llamado “la ruta del Salto de Chella”, una ruta sencilla, de apenas poco más de 45 minutos de ida y vuelta (parándonos a hacer fotos), que hemos iniciado junto al parque de la Fuente, justo al lado de la calle de la Bajada de la Fuente -lugar donde nos indica a su entrada la dirección al salto-.

Desde allí, iniciamos un recorrido a pie dejando el polideportivo a la izquierda, por lo que parece una carretera, hacia el puente/mirador del salto, donde justo al pasarlo veremos las ruinas de una antigua casa, justo al lado del puente.

Justo en esas ruinas iniciamos el descenso por una senda zigzagueante/serpenteante para conocer: un antiguo molino del s. XX; una pequeña cueva llamada “la cueva que llueve”, lugar donde gracias a las innumerables goteras y las filtraciones de la cascada, pueden verse estalactitas y estalagmitas; las ruinas de la central eléctrica y la casa de los Ferrando; y el rincón llamado “El paráiso”, pequeño humedal protegido de forma natural, con abundante vegetación, donde existe un pequeño microclima a su alrededor y desde donde podremos observar la cascada en su base.

Cabe decir que, si bien la cascada no es del todo natural, ya que toma caudal de la depuradora y, la otra otra parte, del río Sellent, bien vale la pena la visita, a pesar de que el entorno, por desgracia, está bastante deteriorado. El río y la cascada baja con agua más limpia tras continúas lluvias.

Para cruzar a la base de la cascada, o “playa”, tendréis que atravesar las grandes piedras que hay junto a las ruinas de la central, ya una vez hayáis llegado abajo del todo tras el final de la senda. Lógicamente, en épocas de fuertes lluvias puede que no podáis cruzar por aquí, por lo que tendréis que hacerlo por un camino alternativo que podéis ver en la siguiente imagen (bien sencillo).

Existe un mirador desde la población, llamado Mirador del Salto de Chella, desde donde se ven unas vistas impresionantes del salto y por el cual baja un sendero hasta el río. Este camino o sendero es muy peligroso, y poco recomendable, porque apenas hay espacio para caminar y la caída es bastante considerable. Por desgracia, desde este punto y desde otros cercanos se vierte basura y escombros, algo que resta puntos al entorno. Una pena.

Ojo con adentrarnos en las ruinas de las construcciones que están a pie de los restos de la central, ya que allá hay pozos sin cegar de bastantes metros considerables de altura, por lo que os podéis quedar atrapados además de haceros daño. Por supuesto que mucho cuidado también con el descenso zigzagueante, pues aunque para nosotros puede ser sencillo, hay tramos que no, siendo incluso desaconsejable con niños

Ver esta publicación en Instagram

Hoy hemos estado en el Salto de Chella, una impresionante cascada de 25 metros de altura localizada a las afueras de la población de Chella, justo en un extremo. Se trata de una ruta sencilla, de apenas 45 minutos de ida y vuelta, que hemos iniciado junto al parque de la Fuente, justo al lado de la calle de la Bajada de la Fuente. 💧 Desde allí, iniciamos un recorrido hacia el puente/mirador del salto, donde justo al pasar las ruinas de una antigua casa, justo al lado del puente, iniciamos el descenso para conocer un antiguo molino, las ruinas de la central eléctrica, una pequeña cueva llamada “la cueva que llueve” (donde hay estalactitas y estalagmitas) y el llamado “paráiso”, lugar desde donde existe un pequeño microclima y donde podremos observar la cascada en su base, además de disfrutar de unos cuantos mosquitos. 🦟 Si bien la cascada no es del todo natural, ya que toma caudal de la depuradora y la otra parte del río Sellent, bien vale la pena la visita. Ojo con adentrarnos en las ruinas del viejo molino, ya que hay pozos sin cegar que están a la vista. Mucho cuidado también con el descenso, pues aunque es sencillo, hay tramos que no. Hay un tramo que tenéis que atravesar piedras para llegar a la “playa” creada por la cascada. Muy cerquita también tenéis Bolbaite y Anna, por lo que podéis complementar. 🙈 Fotos #valenciabonita #Chella #cascada #comunitatvalenciana #Valencia #naturaleza #rutas #senderismo

Una publicación compartida de Valencia Bonita (@valenciabonita_insta) el

Si queréis ver un completo álbum de fotos de nuestra visita a El Salto de Chella, podéis ver nuestra galería de Flickr.

Por cierto, la historia de este lugar bien vale la pena contarse, tal y como podemos leer en turismo.lacanaldenavarres.es, haciendo referencia a las palabras del poeta don Valeriano Bellver Costa en el libro de fiestas de Chella del año 1987,

“A principios del pasado siglo XX, todo el entorno donde hoy se sitúa el Salto de Chella vivió su edad de oro al servir de base para fábricas de papel, molinos y la ya desaparecida fábrica de la luz. Allá, en ese rincón, se estableció en primera instancia la familia Soler de la localidad de Ontinyent, quienes durante bastantes años trabajaron en la población, echando raíces incluso -sus descendientes, quienes viven en Chella, se les conoce hoy en día por el apodo de “Papeleras”-.

Poco tiempo después, se fundó la desaparecida Fábrica de Luz de Valiente, Ferrando y Compañía, cuya central fue inaugurada en el año 1909, una construcción que permitió a Chella obtener energía hidráulica prescindiendo del petróleo, el cual abastecía al pueblo hasta entonces. La central fue un núcleo importante de suministro de energía, pues llegó a abastecer a poblaciones cercanas como Cárcer, Bolbaite, Alginet, L´Alcudia, Alberic o Villanueva de Castellón, entre otros pueblos cercanos.

La familia Ferrando llegó a construir, junto a la fábrica, una casa de verano, lugar donde invitaban -durante las vacaciones- a sus amigos de la población, celebrando allá, incluso, fiestas con fuegos artificiales. Todo eso fue hasta la conocida Riada de San Miguel, ocurrida en el trágico día del 29 de septiembre de 1919, fecha fatídica de una riada que provocaría innumerables daños a las instalaciones de la central hidroeléctrica. Pese a que fue reparada, los elevados costes de la reparación y mantenimiento dieron como resultado que la central ya no fuera rentable, por lo que fue vendida a Volta S.A., quienes la desmantelaron para evitar la competencia. Después de eso, Ricardo Giner “Chavas” adquirió los terrenos construyendo allí un molino, quien además se hizo cargo, durante un tiempo, de limpiar y mantener la zona de lo que hoy conocemos del entorno del salto, recuperando así todo lo que no estaba demasiado deteriorado. Desgraciadamente, la zona cayó en el olvido y se teme por ella desde entonces, algo que ya dijo Valeriano Bellver a través de sus palabras con “otra vez se ha hundido todo, y esta vez parece que para siempre.”.

3K Compartir
Compartir3K
Twittear
WhatsApp
Email