Si hay un lugar en Macastre (Valencia), con unas buenas vistas, casi espectaculares, por así decirlo, ese es sin duda el Castillo de Macastre, rincón de fácil acceso con escaleras y diversos miradores.

De origen musulmán, el castillo se encuentra situado en lo alto de la población, sobre los restos de lo que fue un poblado de la Edad de Bronce. Los restos que ahora se conservan del castillo, catalogados como Bien de Interés Cultural, pertenecen a varias fases arqueológicas que van desde el siglo XII hasta el momento en el que fue su abandono, en el siglo XVII, época que coincide con la expulsión de los Moriscos.

La cualificación de “castra sive villas” que ofrece el Repartimiento de Macastre, supone una equivalencia entre ambos términos, por lo que antes de la Reconquista, Macastre quizás fuese, al igual que Buñol y Montroy, un castillo-poblado. El descenso de la población al pie de la fortaleza, debió tener lugar después de la Reconquista convirtiéndose Macastre en un típico castillo feudal, objeto de repetidas enajenaciones.

Macastre fue donada, junto con Montroy y Buñol, por Don Jaime I a Don Rodrigo de Lizana, en 1238, por sus servicios. Tres años más tarde pasa a Hugo Folcadier, de la Orden de San Juan de Jerusalén. Pasó por diversos propietarios hasta que regresó a la corona, a través de Jaime II que lo adquirió a Bernardo Sarrió, tesorero de la Corte, el cual al ser acusado de retención indebida de dinero, se comprometió a pagar a la Corona con la entrega de los pueblos de Buñol, Macastre, Siete Aguas, Yátova y Alborache. En abril de 1315, los pueblos de la Hoya prestaron homenaje al rey Jaime II.

Por dificultades económicas y políticas en el gobierno del reino, obligan al Rey a vender de nuevo a D. Berenguer Mercader, familia que desde 1425 con Alfonso V, hasta 1836, año en el que vuelve a la Corona, está vinculada a la comarca de la Hoya de Buñol.

Al parecer Macastre permaneció siendo musulmana en su totalidad, puesto que después de la conquista no hay repoblación cristiana alguna. La etapa más moderna de ocupación del castillo coincide con la época de expulsión de los moriscos. En decenios posteriores, la fortaleza cae en desuso dándosele únicamente una ocupación ocasional.

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EL CASTILLO:

  • Se encuentra situado al sudoeste del pueblo, sobre un cerro destacado, situado al final de una cadena de cerros muy erosionados, sin apenas cubierta vegetal.
  • El recinto se adapta a las irregularidades del terreno, presentando por su parte meridional, un pronunciado cortado, recayente a la carretera de Macastre a Cortés de Pallás, y por su parte septentrional, una pendiente mucho más suave. Visualmente se comunicaba con los castillos de Buñol y Turís.
  • El castillo constituye una meseta de forma alargada con sendas torres en los extremos, la del extremo oeste es la mayor y mejor conservada en altura, faltando la esquina que da al interior del recinto. La más oriental es más pequeña y solo conserva las paredes este y norte. Se puede seguir el trazado de la muralla al norte, al sur se encuentra más deteriorada.
  • La excavación puso de manifiesto un conjunto de estructuras que habían sido objeto de numerosas refacciones y periodos de abandono que permiten reconocer la existencia de, por lo menos, tres niveles sucesivos de ocupación.
  • Las cerámicas recogidas proceden de rellenos producto del derrumbe de estructuras: piezas vidriadas con decoración en verde y manganeso sobre cubierta blanca, azul cobalto, escudillas con vidriado verde, otras con decoración de bandas de manganeso sobre cubierta blanca y varios fragmentos de cerámicas comunes con decoración en bandas de manganeso.

El conjunto es una fortificación de forma alargada, con restos de dos torres situadas en sus extremos y un aljibe junto a la zona del acceso principal. El conjunto se dividía en dos recintos mediante una muralla con puerta fortificada que convertía la torre mayor en el último enclave defensivo del castillo, defendido en su parte oeste por un pequeño foso tallado en roca y por otra torre en el este.

La torre mayor, elemento más antiguo y destacado del conjunto, llegaría a tener en su última fase de uso, con un aljibe situado en su parte inferior, dos plantas y una terraza.

El modelo constructivo del conjunto combina la tapia de tierra de la fase islámica con muros de cal y canto encofrados, propio de las obras de época feudal.

La población morisca ocuparía la vaguada que comunica con el pueblo actual, mediante un sistema de terrazas con la calle central que fue abandonado tras la expulsión en 1609. En la última fase de la ocupación cristiana, el espacio interno de la fortaleza fue ocupado por pequeñas viviendas y talleres.

El abandono de la fortaleza produjo su progresiva ruina, hasta que en el año 2000 se ejecutó un proyecto de consolidación de los restos, para integrarlos en el entorno natural.

Tras diversas campañas arqueológicas, en la actualidad se puede visitar tras llevarse a acabo en el año 2000 actuaciones que consistieron en: la creación de un itinerario peatonal, la creación de accesos, desescombro y refuerzo de taludes de mampostería, desescombro y desmonte parcial para su reconstrucción de la bóveda que se conserva en la torre mayor; y en el área perimetral exterior, desde el foso al área noroccidental de la necrópolis se remozaron varias acumulaciones de escombros procedentes de intervenciones anteriores.


Fuentes:

  • Panel informativo a los pies del castillo.
  • Este artículo, además, es una obra derivada de la disposición relativa al proceso de declaración o incoación de un Bien Interés Cultural según la Disposición Adicional Quinta de la Ley 5/2007, de 9 de febrero, de la Generalitat, de modificación de la Ley 4/1998, de 11 de junio, del Patrimonio Cultural Valenciano, texto que está libre de restricciones conocidas en virtud del derecho de autor de conformidad con lo dispuesto en el artículo 13 de la Ley de Propiedad Intelectual española. 

 

 

 

 

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