Frente al número 22 de la calle Huertos de Sagunto, junto a un parquecito ubicado en la calle Remei, se esconde una auténtica joya que puede pasar desapercibida a los ojos del caminante y que se encuentra vallada para su protección contra el vandalismo. Hablamos de los únicos restos hoy visibles del Circo Romano de Sagunto, un trozo de muro datado de mediados del siglo II y que corresponde, en verdad, a parte de la puerta meridional y estructuras anexas correspondientes a la tribuna.
El circo romano de la Saguntum Imperial estaba situado en el área noroccidental de aquella urbe romana. Cabe decir que la zona fue, un siglo atrás, espacio funerario en el siglo I, donde más de 100 años después, desde mediados del siglo II y con la construcción del circo, se convertiría en área monumental apta para la representación del poder local e imperial.
Existe la certeza de que el circo aún se conserva debajo de las edificaciones anexas a los restos, una zona cuyo proceso de destrucción avanzó de mayor manera en la década de los sesenta del pasado siglo al construirse sobre donde estuvo el circo los bloques de edificios que existen en la actualidad.
Cabe decir, además, que en las inmediaciones hay un parque más grande -frente al 19 de la calle del Remei o el número 33 de calle de los Huertos- que recibe el nombre de Parque Arqueológico, lugar donde pueden verse los restos de dos importantes construcciones: parte de un gran recinto romano de carácter público fechado en el siglo II –se trata de la esquina noroeste de una inmensa plaza porticada-; y parte de los vestigios del Convento de la Trinidad, construido en el siglo XIII, así como, al fondo del parque, elementos constructivos de una ampliación de los siglos XVII y XVIII formando parte de las medianeras de las casas vecinas.
Su historiografía se inicia con las descripciones ilustradas del siglo XVIII que constan en Miñana (1715), Palos (1793) y Laborde (1811), y siguen en el XIX con Ceán Bermúdez (1832) y Valcárcel (1852). Sin embargo, el solar del circo siguió siendo propiedad privada y nunca fue declarado monumento histórico, con lo que quedó al margen de la protección legal del patrimonio que hubieran facilitado su conservación, sentenciada cuando fue clasificado como suelo edificable en la década de 1960.
El primero en realizar excavaciones metodológicas en el circo fue Chabret (1888, II, 80-87) que documentó la porta triumphalis (2,84m de luz) en el extremo oriental del edificio y observó que las carriladas marcadas en su pavimento de piedra tenían una distancia entre las ruedas de 1,70m. También descubrió la spina con el euripus así como algunas conducciones hidráulicas. Pero, sin duda, la mayor aportación a su conocimiento se debe a Brú i Vidal (1963: 207-226) cuyo trabajo aprovechó Humphrey (1986: 344-350). Después de la edificación de viviendas modernas, el único testimonio visible es una puerta secundaria que abre a la calle Huertos (Chiner 1990: 160). Se trata de una puerta meridional secundaria (1,20m de luz), construida con sillares de gran tamaño, no documentados en el resto del edificio. A lo largo de 6,70m y con una altura conservada de 5,20m, aparece la estructura a través de la cual se entraba a una tribuna del circo, pasando por un corredor de 2,10m de longitud. Sobre la puerta aparecen dos basas con una moldura en forma de kyma reversa relacionadas con el alzado de la fachada.
Las últimas excavaciones permitieron actualizar el estado de la cuestión y dieron lugar al estudio de Pascual (2002: 155-174) que cierra, de momento, la bibliografía sobre el circo, precisando técnicas constructivas, crono-estratigrafía y, sobre todo, añadiendo una tribuna (tribunal iudicum) descubierta en las excavaciones de 1997, que amplía la documentación de un monumento al que Pascual (1960-2001) dedicó sus últimos esfuerzos como arqueólogo.
El Circo Romano de Sagunto
Fotografía de portada Angel Polo Escalona para una publicación en el grupo de Facebook de ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA (ESPAÑA).
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