La Llumenà no la puede vivir un hombre, por mucho de que os hagan creer que los varones también pueden tener ese sentimiento al paso por la plaza de la Virgen en la Ofrenda de Flores de las Fallas. No, esto es así. Y el hombre que llore o se emocione lo hará por otra cosa, pero no estará experimentando este fenómeno que únicamente lo viven mujeres, exclusivamente en la ciudad de Valencia (en la misma plaza de la Virgen), en el que muchas comparan a la sensación de nacer o de haber tenido un hijo (y si la vive un hombres es porque es Ome, hombre que conoce los ritos valencianos y no es borreguera).
En otro artículo, en concreto en el de la historia del verdadero origen de la Ofrenda de Flores a la Virgen de los Desamparados, ya os hablamos de ello al completo, y también de la historia y origen de la propia Ofrenda, donde comenzamos explicando que el origen o etimología de la palabra –ofrena en valencià– procede del latín medieval “offerenda” –ofrenda-, y que esta, a su vez, procede del latín “offerendus” -“que ha de ser ofrecido”-, gerundivo de “offerre”, que significa ofrecer.
Su significado no es otro que ofrecer, en señal de gratitud y desde la ignorancia de esta época de cansalà, un ramillete floral para a la nostre mareta, la Mare de Déu dels Desamparats, de ahí el nombre que justamente recibe la fiesta. Para la fallera, vestida de valenciana, su significado va más allá del agradecimiento, pues experimenta lo que en la cultura tradicional valenciana llaman la Llumenà, un fenómeno que vamos a tratar de haceros comprender y que emociona tanto a devotas como no creyentes, sin importar creencias.
Entonces ¿Qué es la Llumenà? Pues es, en realidad, el milagro que viven muchas mujeres que hacen la Ofrenda y que muchas callan por miedo a que les tomen por locas. En él reviven, durante unos instantes o segundos, lo más importante de su vida, como por ejemplo acordarse de seres queridos fallecidos o ver pasar toda la vida ante sus ojos al entrar en aquel lugar mágico como es la plaza de la Virgen. Milagro que, sin embargo, investigadores de la cultura tradicional valenciana, como So. Andrés Castellano Martí y otras fuentes de investigación que creen lo mismo, atribuyen no al Cadafal de la imagen de la Virgen, la propia Virgen o la Basílica, sino al lugar, tal y como ya os explicamos en nuestro artículo de historias y leyendas que te harán recorrer 10 lugares de la Comunidad Valenciana.
El rito de «Ofrenar» a la Mare una flor en petición o agradecimiento, en este caso en su basílica, esto conlleva un prodigio espiritual dado a las mujeres con fe en lo que hacen, pues en el trayecto que apenas dura segundos del caminar antes de llegar a la Plaza de la Virgen, a las mujeres Dona y también a los hombres Ome, la realidad espiritual les da que vivan Llumená. Derecho que tienen en estas fiestas todas las mujeres valencianas que lo deseen. Lo que no cuadra es la forma que lo organiza el ayuntamiento, que convierte el rito católico, y en natural valenciano, lo convierte en un acto folclórico donde lo que menos importa es la espiritualidad de lo que allí ocurre. Es imposible superar la poca vergüenza que tienen los organizadores.
So. Andrés Castellano

La Llumenà, por explicarlo de otra manera, es una experiencia emocional y espiritual que define uno de los momentos más intensos de las Fallas de Valencia: la Ofrenda de Flores a la Mare de Déu dels Desamparats.
En ella, muchas mujeres experimentan una epifanía, una oleada de emociones que las conecta con los recuerdos más significativos de sus vidas y se transforma en llanto. Este instante de éxtasis profundo ocurre cuando las falleras, tras haber recorrido la ciudad de Valencia con sus ramos de flores, llegan a la plaza de la Virgen y contemplan la imagen de la patrona. No se trata de una emoción pasajera, sino de una experiencia mística en la que la luz, el fuego y la devoción de siglos convergen en un solo instante, convirtiéndose en un milagro íntimo y silencioso.
En este último artículo mencionado que os hemos remarcado en rojo os contamos que la Real Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, erigida como templo para la imagen mariana de la patrona de Valencia en la misma plaza de la Virgen, es un espacio lleno de misterios y enigmas que despierta un gran número de interés en estudiosos del escepticismo religioso y de la cultura y ritos valencianos.
Resulta curioso, y bastante además, que el único mapa para descubrir lo que allí hubo antes de su construcción está totalmente intacto exceptuando esta zona, donde está borrado el edificio que allí se disponía. Este mapa se encuentra hoy en el Museo Histórico Municipal de Valencia.

Ante esto, debemos fiarnos de las palabras de Joseph Vicente del Olmo, secretario del Santo Oficio de la Inquisición por entonces (que por cierto, su familia fue una de las más influyentes del antiguo Reino de Valencia durante varias generaciones con el beneplácito de la Inquisición). Este hombre es quien deja testigo de las excavaciones, todos los tesoros romanos que allá se encontraron en su construcción y, lo más importante, que aquellas «casas», o conjunto, pertenecían al arcediano mayor, quien una de ellas disponía el escudo de los Mercader, tal y como se puede observar en el libro del mismo Joseph de 1653, el de «Lithologia o explicación de las piedras y otras Antiguedades halladas en las zanjas que se abrieron para los fundamentos de la Capilla de nuestra Señora de los Desamparados de Valencia».
«Las cafas que para efta obra fe derribaron era de la Dignidad de Arcediano de Valencia, vivia en ellas por leerlo en año mil quatro cientos cincuenta y feis el Dotor Matias Mercader, y las reparó entoces, como fe colige de aver hallado fus armas en la puerta principal».
En esta misma obra se dan todo tipo de detalles del inicio de los trabajos (abril de 1652), hablándonos que la construcción de la capilla sobre los terrenos de la vivienda particular del que fuera arcediano mayor de la Catedral fue debida a que dicho solar era el utilizado habitualmente por el Santo Oficio para sus celebraciones públicas en Valencia, y que era necesario buscar el traslado a un templo acorde a la devoción de la imagen gótica de la virgen que se encontraba en la Catedral desde 1623. La construcción fue debida a la gran devoción generalizada tras la epidemia de peste de 1646, cuando se le atribuyó el fin de la enfermedad y la curación del conde de Oropesa, virrey de la época, quien aceleró el proyecto de construcción de la basílica, el cual databa de 1644 y fue encargado finalmente al arquitecto Diego Martínez Ponce.
La realidad, según cuenta la leyenda popular valenciana, es que sobre este templo había una antigua caseta o morabito musulmán y que en su interior se guardaba una parihuela que transportaba a los muertos en su último viaje, siendo comandados estos enterramientos por una antigua cofradía de enterradores que, en buena voluntad, enterraba a los pobres y desgraciados que nadie enterraba.
Al parecer, aunque en este lugar solo se guardaba una parihuela en tiempos de Balansiya y, posteriormente, en la Valencia cristiana una caja para el transporte de los muertos, acudían las personas para hacer demandas de sufragio (ayuda, favor o socorro), aún habiendo infinidad de templos cristianos intramuros por toda Valencia. Esto se hacía porque las gentes de aquella época pensaban que este lugar era mágico, pues albergaba el trasporte que conducía a las ánimas hasta su último viaje. Lugar que, sin ser cristiano, concedía favores y peticiones a las personas que acudían hasta allá para rezar.
Es en ese momento cuando la Iglesia se daría cuenta de tal hecho y tiene que poner fin a este culto que para nada le beneficia, otorgando la divinidad del lugar a la Mare de Déu dels Desamparats con los hechos antes relatados tras la epidemia de peste, teniendo la oportunidad única de levantar un templo a la Mare, a pesar de que la lógica nos hace preguntarnos porque no se mantiene la capilla en el interior de la Catedral (una ampliación o mejora) o, en su defecto, se traslada al antiguo Hospital General (hoy c/Hospital, 13), lugar donde existía veneración a la Mare de Déu por ser la imagen venerada para la Cofradía y el Hospital, la llamada «imatge que va sobre los cosos» (1426) o «Imatge de la Verge María e ab los Jhs al bras ab la creu al coll e Ignocents al peus e dos angels» (1451). Incluso antes de la construcción de la basílica se recogen «sugerencias» en la época para el traslado de la imagen hasta el antiguo Hospital, con una clara negativa de la Iglesia por entonces.
Es esta misma leyenda la que explica que el fenómeno que se produce en la Ofrenda, donde tanto devotas como no creyentes que acuden viven la citada Llumenà, no es más que una extensión de lo que allí ocurría hace siglos, cuando las valencianas acudían en peregrinación a la caseta de los enterradores para sus peticiones.
Como todas las leyendas, es difícil saber si esta fue cierta o no (además de que nos es muy difícil intentar averiguar más cosas porque las actas de época están, en su mayoría, en latín y no dicen nada relevante), ya que como sabréis, las leyendas, que son narraciones populares que cuentan un hecho real o fabuloso, a veces son adornadas con elementos del folclore y transmitidas de forma mitológica. Lo que sí sabemos es que hay demasiadas casualidades, como el citado mapa «borrado», además de la poca información que hay (y que casualidad, que únicamente del Santo Oficio. Fíate…).
Mencionar, por último, que hace unos años la empresa valenciana de Santos Textil, encargados de la elaboración artesanal de manteletas, mantillas, puntillas y velos nupciales desde 1970 convirtiendo el bordado en arte, saco un preciso vídeo explicando esta devoción y sentimiento fallero con la participación de cuatro Falleras Mayores de Valencia de distintas generaciones.
La grabación, que adjuntamos a continuación y que fue bautizada como #BenditaPlorera, mostraba la sensibilidad extrema que incluso lleva a algunas falleras a rememorar las personas y episodios más significativos de su vida a su paso por la plaza de La Virgen.
A todas aquellas personas que digan que esto es un milagro mac*ista y nada inclusivo, o que este medio lo es, le aplicamos un San Bruno por ser buenos cansalà y borreguera.
La foto de portada pertenece a Vicente Rupérez Castrillo (Tamayo Fotografía). Podéis seguirlo en Instagram en @tamayo_fotos
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