El pasado domingo 19 de octubre, la semana gastronómica monacal del Monasterio de la Valldigna en Simat vivió un día muy especial. Tras las lluvias torrenciales que obligaron a posponer algunas actividades, los vinos y licores monacales se acompañaron de quesos artesanos, y entre todos ellos, un protagonista se llevó todas las miradas: el rulo de cabra madurado de Arte Láctico Caprino, de Chiva, ganador de la última edición del Concurso de Quesos Artesanos de la Comunitat Valenciana, evento que cada año se celebra en Montanejos.
La jornada también contó con los vinos Pitágora, elaborados a base de moscatel de Alejandría con efervescencia natural de Bodega Teulada; el cava Gran Cuvée Brut de Marevia, de Requena; el vino de consagrar San Leandro, de la Baronía de Turís; y el histórico Licor Carmelitano, todos ellos armonizados con quesos monásticos franceses y españoles.
Queso y ganadería propia: la filosofía de Arte Láctico Caprino.
La mayoría de los queseros artesanos valencianos trabajan con su propia ganadería, asegurando así la calidad desde la alimentación del rebaño hasta la producción final. Arte Láctico Caprino comenzó en 2007 en la Vall d’Uixó, elaborando quesos de coagulación láctica con leche de cabra murciano-granadina. Con el tiempo, desarrollaron nuevas presentaciones con coberturas y rellenos que incluyen mermeladas, frutas confitadas, ahumados y especias.
En 2013, la quesería se trasladó a Chiva, inaugurando modernas instalaciones bajo la dirección de Javier Senent Belenguer, heredero de la tradición familiar y alma del proyecto. Hoy, sus quesos triunfan en España y en el extranjero.
La maduración de sus rulos es un arte: temperaturas de 12-14 °C y humedad relativa del 85-90 % permiten que la pasta evolucione desde notas lácteas suaves hasta matices más complejos y terrosos, gracias a la acción de enzimas naturales y mohos superficiales.
El sabor del mejor queso artesano valenciano de 2025:
El rulo de cabra de Arte Láctico Caprino, de venta en Consum, Carrefour y tiendas gourmet especializadas, es un queso madurado con moho y corteza aterciopelada de color blanco, de pasta blanda, lisa, tierna y cremosa, más consistente en el centro. Su fina capa de penicillium, que aparece durante la maduración bajo condiciones muy concretas de temperatura y humedad, le aporta un sabor único, suave y ligeramente afrutado, con ese punto que lo hace diferente y delicioso.
Es ideal para ensaladas, con pan tostado, para tomar solo o incluso pasarlo por la plancha. Se puede encontrar en tiendas gourmet en formatos de 100 y 180 gramos, además de existir un formato especial de 1 kg. Podéis descubrir más de él a través de QUESOS MADURADOS ARTE LÁCTICO.

Un legado francés con raíces en España:
El rulo de cabra tiene su origen en el Saint-Maure-de-Touraine, un queso francés elaborado por monjes benedictinos desde el siglo VIII en el valle del Loira. La paja de centeno que atraviesa el queso no es solo decorativa: facilita el desmoldado y mantiene la estructura durante la maduración. Su corteza desarrolla mohos blanquecinos que evolucionan a tonos azulados y verdosos, mientras que la pasta pasa de cremosa a firme con sabores intensos.
Inspirado en este clásico, el rulo de cabra madurado español mantiene la forma cilíndrica característica pero incorpora técnicas propias de cada región, adaptándose a los gustos contemporáneos sin perder la esencia de la tradición.
Desde los monasterios franceses hasta las modernas queserías artesanas valencianas, el rulo de cabra madurado es un queso que demuestra que tradición e innovación pueden convivir armoniosamente. Y en Simat, su sabor se convirtió en la estrella de la semana gastronómica, conquistando a productores, expertos y amantes del queso por igual.
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