Quizás los más mayores recuerden un baldaquino que llegó a ubicarse en el interior de la Catedral de Valencia. Esta obra fue realizada por don Vicente Traver Tomás, autor del proyecto de ampliación ganador de la Real Capilla del que ya os hablamos en nuestro artículo El «Vaticano valenciano», la fallida gran cúpula de 100 metros en Valencia para la Mare de Déu.
Para la realización del baldaquino, Taverner trabajó como arquitecto diocesano en la Catedral de Santa María para este cometido entre el 10 de julio de 1940 y el 11 de junio de 1941, una de sus etapas.
Durante este tiempo, restauró el Altar Mayor en el centro del crucero añadiendo un baldaquino nuevo, además de trasladar el coro al presbiterio. Años más tarde, en 1945, el propio Vicente llevó a cabo la restauración de los dos órganos de Catedral, donde al parecer, además, tal y como se indica en la tesis de José Carlos Pérez Morales para la Universidad de Sevilla (Departamento de Historia del Arte), llevó a cabo una reforma en la capilla del Santísimo Cáliz.
Para el que no lo sepa, un baldaquino es una especie de templete formado por cuatro columnas que sostienen una cúpula o dosel plano, destinado a cobijar el altar cuando tiene posición aislada. De sus columnas y arquitrabes pendían en la Edad Media cortinas preciosas, que siempre ocultaban por completo de la vista del pueblo el altar y los celebrantes, práctica seguida en las iglesias de Oriente por medio del iconóstasis, cuyas puertas se cierran en el acto más solemne de la celebración.
El de Valencia, que estuvo en la Catedral de Valencia durante poco más de 30 años (entre 1941 y 1974), fue construido tras la Guerra Civil española y está hecho de mármol. Y decimos está hecho porque a pesar de ya no encontrarse en la Catedral, si puede verse hoy ubicado en el altar de otra iglesia, en concreto en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Llíria.


La razón de su traslado, allá en los 70, fue por decisión del Cabildo cuando se llevó a cabo la repristinación de la Catedral, cuando se hizo una restauración integral de la Seo. Esta empresa se comenzó a realizar desde 1972, significando la retirada de casi todos los elementos clásicos para recuperar el aspecto gótico original, quedando tan solo la decoración clásica de la mayor parte de las capillas laterales y de la girola, además de algunos elementos puntuales como, por ejemplo, las esculturas sobre las pechinas del cimborrio.





Mención especial a PEDRO GUILLEM VIGUER, pintor decorador que pintó todo el interior, sobre todo el techo, de esta maravilla.
Nacido en Valencia en el año 1874, tras cursar estudios de artes plásticas en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos, pasa a ejercer desde 1901 el cargo de auxiliar supernumerario de la clase de pintura mural hasta convertirse en ayudante meritorio de la sección artística de la Escuela de Artes y Oficios de Valencia.
Pronto se distingue en la reproducción de tapices antiguos, así como en la restauración de retablos y de pinturas modernas. Sin embargo, es su faceta de pintor- decorador la que más le caracteriza y la que mayor número de premios le aporta (tercera medalla de oro en la Exposición Regional de Bellas Artes de 1901 y 1904 y Premio de Honor en la sección de arte decorativo de la Exposición Regional de Barcelona de 1935).
Entre sus obras destacan el templete neo – barroco de la Catedral de Valencia (actualmente en la Iglesia Arciprestal de Liria) y las decoraciones del salón pompeyano del Ayuntamiento de Valencia (actualmente usado para recibir visitas importantes, como anexo al despacho del Alcalde), y del salón de actos de la Cámara Agrícola, así como del nuevo palacio del Monte de Piedad de Valencia (Glorieta).
SOBRE EL ILUSTRE CASTELLONENSE DON VICENTE TRAVER TOMÁS:
Vicente Traver nació en Castellón el 23 de septiembre de 1888 en la calle de La Magdalena nº8 (hoy Escultor Viciano), siendo bautizado el 27 del mismo mes, donde llegó a vivir en su infancia en Barcelona, durante dos años al terminar el bachillerato, y en Madrid, durante cinco años, donde acabó la carrera, a los 23 años, un 16 de diciembre de 1911 obteniendo el título de arquitecto de la Escuela Superior de Arquitectura de la capital del Estado el 9 de marzo de 1912.
Al acabar sus estudios, desarrolló gran parte de su actividad profesional en Sevilla, donde permaneció hasta 1933, fecha en que se asentó de forma definitiva en Castellón. Traver es, sin duda alguna, uno de los más prestigiosos arquitectos levantinos del siglo XX, cuya prolongada estancia en Sevilla (entre 1913 y 1933) no solo resultaría trascendental para su carrera artística, sino para la configuración de la propia urbe hispalense, en uno de los momentos más recordados, por emblemático, de su historia contemporánea.
Ya en su etapa castellonense, curiosamente, en abril de 1939 tras finalizar la Guerra Civil, fue nombrado alcalde de su ciudad natal, permaneciendo en el cargo hasta el año 1942. Toda su gran obra y legado, además de su biografía, se puede consultar en dos impresionantes tomos on-line gracias a la Tesis Doctoral de José Carlos Pérez Morales o comprar el libro de «Vicente Traver Tomás: un arquitecto entre Sevilla y Castellón», del propio autor de la Tesis Doctoral, publicado por la Universitat Jaume I: Diputació de Castelló en 2011 con ISBN: 978-84-8021-804-7.
Como curiosidades, el pintor valenciano Joaquín Sorolla regaló al protagonista de nuestro artículo, Vicente Traver y a su esposa, dos obras, dedicadas personalmente a ellos, con una mujer con un clavel en el cabello, que puede verse en otras obras del pintor, y otra mujer vestida de valenciana, ambos cuadros mediante la técnica del gouache sobre cartón de madera. Además, puede uno encontrarse por la red un sello conmemorativo bajo «castellonenses iluestres» para colección. Dicho sello se puede encontrar en algunas páginas de compraventa como todocolección.
Descubre más desde Valenciabonita
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




















