Benicalap sigue sin existir, convirtiéndose, quizá, en uno de los barrios más invisibles y olvidados de la ciudad de Valencia. Es algo que llevamos viendo desde que comenzamos en Valencia Bonita, si bien cabe recalcar que no es nada nuevo y que todo viene de muy atrás, además de que parece ser que se mantendrá en el tiempo.
“Sin presente ni presencia, y todo gracias a, principalmente, unas instituciones autistas controladas por irresponsables, entre otras cosas”. Así define con estas palabras (y muchas más) Antonio Marín Segovia, presidente de la extinta Asociación Cercle Obert, la situación de Benicalap, quien tantos años ha luchado por su barrio intentando que se recuperasen espacios para el uso y disfrute de vecinos.
Por desgracia, nosotros hemos sido testigos de las falsas promesas de políticos que, quizá sin mala fe (porque después habrán visto que no podía ser), no han podido cumplir la palabra de sus manifestaciones en redes y declaraciones a la prensa. Ni el gobierno del tripartito, ni con Rita, ni el de ahora (este último, nada, de momento). Podríamos citar nombres concretos de personas que han pasado por la Concejalía de Desarrollo y Renovación Urbana, que era quien nos tenía tan mal acostumbrados a noticias frescas de proyectos, siendo Benicalap un barrio estrella, pero no pretendemos hacer un acoso y derribo a nadie, si no más bien intentar hacer ver que el vecino o ciudadano de Benicalap tiene más que derecho suficiente a quejarse (y con razón).
Y es que, durante la legislatura del tripartido del Ayuntamiento de Valencia (Compromís, PSPV y Valencia en Comú), para el barrio habían proyectadas muchas actuaciones, tantas que si se hubieran cumplido todas tendríamos, quizá, uno de los barrios más bonitos para visitar en la ciudad. Una de estas cosiñas era la ampliación del Parque de Benicalap de Valencia, el cual se iba a extender hasta el límite con la Ronda Norte. De esto, desde 2021, nada de nada, sin noticias (la última sobre el tema es de 2023 desde Las Provincias con el artículo un año y medio sin noticias de la ampliación del parque de Benicalap).
Dentro de este proyecto se preveía la recuperación de tres espacios únicos: la Alquería dels Moros (de la que únicamente se ha recuperado la Casa del Señor, una alquería rehabilitada en Valencia sin actividad ni proyecto museístico); la Alquería de la Torre, una verdadera joya de la huerta valenciana que esconde en su interior unas preciosas pinturas murales (en abril de este 2024 se ha dado a conocer el proyecto de rehabilitación. Ojalá sea verdad, veremos…); y el Casino del Americano, una villa indiana que sigue gravemente abandonada a su suerte, habiendo padecido esta butrones, ocupaciones, incendios y todo tipo de maldades. Pack completo y trío de ases ¡señores!
Pero esperen señores, que todavía falta la joya de las promesas: la Ceramo, una vieja fábrica de Valencia de estilo neomudéjar, en ruinas y sin proyecto alguno. Detrás del supuesto proyecto de su rehabilitación (desde 2016), nada de nada (seguimos esperando), siendo sus ultimas noticias de que en marzo de 2022 estaría listo finalmente el proyecto para su salvación y que para 2023 se destinarían 300.000 euros de los presupuestos de la Generalitat para salvarla. ¿Qué más se puede pedir? Pues oiga, no se vayan que después de cantar línea ¡seguimos para bingo!
Pero cuidado, que no es un bingo cualquiera. No señores. Se trata del especial, el que en este caso es el premio más gordo nunca antes cantado. ¿Saben cuál es? Pues sí, el Nou Mestalla, todo un pelotazo. Eso parece el cuento de nunca acabar. Qué triste agonía para el valencianismo con Lim. En fin.
Lo único que no está en ruinas en Benicalap es su huerta, la (poca) que queda formando parte de la idiosincrasia del barrio. ¿Correrá la misma suerte que el patrimonio en ruinas, o este patrimonio agrícola seguirá siendo ejemplo de supervivencia? Ojalá, señores, este artículo pueda ser rectificado en un tiempo para mencionar, aquí mismo, todo lo que se ha recuperado.
Sepa el político que haga todo esto (rescatar del olvido y devolver a la vida todo lo aquí descrito), que a los seguidores de Valencia Bonita les pongo por testigo que, servidor, le invita a usted (señor o señora valiente) a comer en el mejor restaurante de la ciudad (y esta sí que es una promesa que se cumplirá. Ojalá).
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