¿Cuántas veces has ido a almorzar y te han sacado los típicos cacaos de aperitivo, los cuáles forman parte del llamado «gasto»? No es de extrañar que en Valencia tengamos la maravillosa cultura del almuerzo, en la que a mitad mañana te reúnes con familiares, amigos o compañeros de trabajo y te tomas un señor bocata y una bebida acompañado de olivas, ensalada y cacahuetes, pelados o mayoritariamente con corteza estos últimos, que corren a cargo de la casa.
Y es que, en Puçol, se plantó el primer cacahuete de Europa. Sin embargo, por desgracia no es el que hoy en día nos tomamos en bares y restaurantes, a no ser que lo compren en algunos supermercados, importados de Estados Unidos. Sé que no entiendes nada ahora, pero paciencia, al final del artículo lo acabarás entendiendo, aunque no por ello compartiendo.
Para conocer su historia y cómo acabó Puçol plantando el primer cacahuete de Europa nos tenemos que remontar al siglo XVIII, más concretamente al año 1778. Por entonces, Francisco Fabián y Fuero, Arzobispo de Valencia desde el año 1773 hasta 1794 (además de gran conocedor de la flora americana, dado que antes de ser obispo en la capital del Turia lo fue de México), ordenó traer de América, entre otros vegetales, el mencionado cacahuete para enriquecer un jardín botánico que formó parte de la antigua villa de Puzol, destacando que dicho huerto fue en su día fue el primero de carácter universitario en España, aunque por desgracia en la actualidad solo se conserva de él una parte de su muralla.
Francisco Fabián y Fuero creó en 1776 un Jardín de Aclimatación al que dotó con 14.000 pesos. El arzobispo aprovechó la circunstancia de que anteriormente a ser nombrado arzobispo de Valencia había sido obispo en Puebla de los Ángeles, Nueva España (Méjico) desde 1762 a 1772, lo que le brindó los contactos necesarios para hacerse enviar desde su anterior diócesis en Puebla, directamente a su jardín de Puçol, una gran cantidad de semillas y plantas americanas que eran aclimatadas y cultivadas en el jardín. Entre estas plantas llegaron a nuestro continente en 1778, entre otras, el cacahuete, la chirimoya y la papaya (fue Antonio José Cavanilles el encargado de plantar el primer cacahuete).
APUNTES PARA UNA HISTORIA DE PUÇOL: 1776. EL JARDÍN BOTÁNICO DEL PALACIO DEL ARZOBISPO
Este huerto primero y jardín botánico después, tal y como nos cuentan desde APUNTES PARA UNA HISTORIA DE PUÇOL: 1776. EL JARDÍN BOTÁNICO DEL PALACIO DEL ARZOBISPO, «formó parte de un palacio que fue utilizado por los arzobispos de la sede valentina como palacio de recreo y residencia temporal dada la cercanía a la capital y la benignidad del clima. El palacio, propiamente dicho, ocupaba parte de lo que hoy es plaza de San Juan de Ribera y sus jardines estaban limitados por un muro de cerramiento o muralla que se conserva hasta nuestros días».
@es_pucol ¿Sabías que, en España, los primeros cacahuetes se plantaron en el antiguo jardín botánico de Puçol? Fue el primer jardín botánico de Valencia y estaba rodeado por una muralla que sigue en pie a día de hoy ¡Síguenos para conocer más datos curiosos sobre Puçol! #puçol #valencia #historia #foryou #jardin ♬ sonido original – És Puçol
Antes de continuar, cabe resaltar un apunte importante: el arzobispo Andrés Mayoral (1737 – 1769) fue quien verdaderamente impulsó el espacio de Puçol, el primer modelo de huerto botánico que se vio en el antiguo Reino de Valencia, ya sin dicha categoría tras el Decreto de Nueva Planta que abolió las instituciones y fueros valencianos en 1707).
De esto nos habla bien Baltasar Bueno en «Puçol tuvo el primer Jardín Botánico valenciano en el siglo XVIII«, mencionando que «a pesar de que un monolito indica a pie de recinto que el Jardín Botánico fue obra de Fabiàn y Fuero, fue un antecesor suyo el arzobispo Mayoral el autor de la idea que comenzó a desarrollar en el huerto del palacio. Por entonces, los del pueblo estaban dedicados principalmente al cultivo del arroz, la extensión desde la villa al mar era zona marjal. Antonio Josef Cavanilles estuvo allí y dijo que era Andrés Mayoral (gobernó la Diócesis de 1737 a 1769), quien había formado “el primer modelo de huerto botánico que se vió en el reyno”.
Dado que al principio la cosecha era escasa, el canónigo Francisco Tabares de Ulloa decidió investigar sobre la calidad del aceite de cacahuete y posponer el estudio del alimento en sí para más tarde. Tras llevar a cabo varios ensayos se llegó incluso a pensar que era mejor que el aceite de oliva, pensamiento avalado por médicos y físicos, quienes aseguraban que no solo era preferible al de la aceituna, sino que no perjudicaba a la salud. Entre las pruebas realizadas se creó harina machacando cacahuetes, dando como resultado un pan que se conservaba después de 30 días en un cuarto sin enmohecerse ni agriarse. También puede usarse con fines medicinales y la pasta que se queda del cacahuete una vez prensado para extraer todo el aceite, es un excelente alimento para los animales.
Francisco Tabares de Ulloa, canónigo prebendado de la iglesia metropolitana de Valencia, había presentado en 1799 un folleto con el título «Memoria sobre las propiedades y cultivo del cacahuete ó maní», donde exponía algunos ensayos llevados a cabo probablemente en el Jardín Botánico de Puçol que había fundado en 1778 el arzobispo Francisco Fabián y Fuero.
La diversidad de opiniones sobre este trabajo publicado de forma anónima, impulsó la aparición de las «Observaciones prácticas sobre el cacahuete, o maní de América: su producción en España, bondad del fruto, y sus varios usos, particularmente para la extraccion de aceyte; modo de cultivarle y beneficiarle para bien de la nacion. Publicado en la Oficina de Joseph de Orga (año 1800)», ya bajo su nombre y con un contenido más explícito describiendo la planta, su método de cultivo, modo de extraer el aceite y beneficios de su uso. Podemos decir que éstos son los primeros ensayos sobre el cultivo del cacahuete en Europa, presentados en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia.
Carmen Farré Fiol expobus.us.es/america/textos/248.htm
El cacahuete tiene una forma de cosecharse peculiar. Los labradores valencianos inventaron, incluso, una herramienta especial para él. Se trata de la «barqueta», artefacto semicircular de unos 80 centímetros que va por debajo del caballón, con un cortante detrás y diversos cortantes laterales e inferiores de unos pocos centímetros, que siega la hierba y deshace los terrones hasta dejar la tierra limpia, fina y suelta, perfecta para su cultivo.
Durante 150 años fue un alimento emblemático en Valencia, pero en la década de los años setenta del siglo XX la producción local cayó en picado debido a las importaciones. Pese a que los ejemplares que llegaban de fuera no tenían ni punto de comparación con el sabor del “cacau del collaret”, estos eran más gruesos, aparentes y más baratos. Una pena, dado que en la época dorada del cacahuete, más del 80% se producía en nuestras tierras.
¿Por qué se llama “cacau del collaret? Tiene dos granos por vaina y se caracteriza, además de por la piel ligeramente rugosa y de color rojizo adquirido por la tierra donde se cría, por disminuir su tamaño en la zona central entre un grano y otro. Esto forma como un collar apretado, y de ahí su nombre.
Ahora este, el de toda la vida, ha reaparecido con fuerza desde hace unos años cuando esta variedad ya se daba por perdida. Gracias a la implicación del movimiento internacional Slow Food, y a agricultores como la familia Alepuz o Toni Montoliu (entre otros), comenzó a restablecerse el cultivo en la zona que históricamente lo había producido: Almussafes, Alginet, Benifaió, Silla, Sollana, Meliana y Foios. El más conocido, sin duda alguna, es Ca Climent.
Como curiosidad, respecto al jardín botánico de Puçol, una epidemia de cólera en el siglo XIX obligó a transformarlo en un huerto.
Este artículo está escrito por Marta Landete, colaboradora de Valencia Bonita que es periodista licenciada, directora y redactora de la revista cultural digital Top Valencia, además de ser autora de los libros ¿Cuánto sabes de la Comunidad Valenciana? y ¿Cuánto más sabes de la Comunidad Valenciana?.
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