¿Alguna vez te has preguntado cuál es el verdadero origen de las mandarinas y cómo llegaron a formar parte de la cultura agrícola valenciana? Aunque hoy son una fruta muy popular en nuestra querida provincia de Valencia, su historia comienza mucho más lejos: en China. Pero ¿Cómo llegaron a consolidarse en Valencia? La respuesta está en la figura de un valenciano visionario (algunos textos por internet afirman que fue introducida por el Conde de Ripalda, a través de la Sociedad Económica de Amigos del País, pero esto no es cierto. Veamos).
El responsable de introducir la mandarina en Europa fue José Polo de Bernabé i Borràs (nacido en la localidad de Quartell el 12 de diciembre de 1812), quien apostó en el siglo XIX por esta fruta exótica.
Su nacimiento fue en Quartell, donde su familia se había refugiado huyendo durante la guerra del Francés. Era hijo de Manuel María Polo de Bernabé y Fabra Mundina y de la dama saguntina Peregrina Borrás Berenguer d’Entença y Borrás Garcés de Marcilla.

Heredero de tierras familiares con cultivos tradicionales como algarrobos, vides y olivos, en 1835 decidió sustituir sus árboles por mandarinos. Poseía unas 2.500 hanegadas de cultivo en localidades como Burriana, Villarreal y Almenara, además de grandes plantaciones de arroz en diferentes municipios de la Ribera.
Desde muy joven, estudiante de Derecho en la Universidad de Valencia, se sintió atraído por la política, interviniendo en actos públicos y mítines de tendencia liberal en Vila-real, y en 1843 formó parte del Ayuntamiento de Valencia, como teniente de alcalde de la corporación presidida por José Campo.
De su matrimonio con la joven alcoyana Maria Piedad Josefa Almunia Rovira (4/5/1835, en la parroquia de san Esteban de Valencia) nacieron tres hijos: Roberto, Mª Araceli y Laura, la segunda de los cuales, conocida de forma popular como » la Pola», heredó y derrochó finalmente todas las posesiones familiares.
Aunque la mandarina ya era conocida en Europa desde hacía pocos años, fue Polo de Bernabé quien impulsó su cultivo de forma decisiva, especialmente en Villarreal. Desde allí, su cultivo se expandió a toda nuestra tierra, a otras provincias españolas y a varios países europeos como Francia, Inglaterra, Alemania o Suiza.
No solo le debemos que, a día de hoy, disfrutemos de esta jugosa fruta, sino también grandes adelantos en el ámbito agrícola valenciano. En 1850, fue uno de los primeros en utilizar guano de Perú, un fertilizante natural compuesto por excrementos de aves marinas. Este abono, especialmente eficaz para enriquecer la tierra, ayudó a aumentar notablemente la productividad de los campos valencianos. Pese a ser de los primeros en darle utilidad en los huertos valencianos, fue Francisco de Liano y Vague quien lo introdujo al ofrecer muestras del estiércol a la Sociedad Económica de Amigos del País para su estudio y experimentación en cultivos.
Además, fue innovador en la exportación de cítricos: introdujo el uso de papel de seda blanco para envolver las naranjas y cajas de madera de gran tamaño para su transporte, en colaboración con el naviero valenciano Josep Aguirre Mariol. Estas cajas, que superaban el metro de largo, podían albergar entre 420 y más de 1.000 frutas, dependiendo del tamaño. En un inicio se transportaban por mar, pero a finales del siglo XIX el ferrocarril tomó el relevo.
Polo de Bernabé impulsó la creación del puerto de Vinarós y supo forjar, desde el Grao de Burriana, el futuro del moderno comercio de exportación en París y en varios mercados ingleses. Una de las primeras marcas de cítricos patentada en España llevaba su nombre y a finales de la década del 60 del siglo XIX exportaba más de 50.000 cajas de naranjas.
Gracias a su visión y trabajo, el naranjo mandarinero dejó de ser una planta ornamental en jardines privados y se convirtió en uno de los pilares de la agricultura de exportación en la Comunitat Valenciana y en toda la cuenca mediterránea.
Entre otras de sus facetas cabe destacar que en 1870 fundó en Valencia la Compañía Anónima de Barrios Obreros, una promotora de casas baratas para trabajadores. Por entonces, ya era consciente del papel que debía representar el sector burgués ante las organizaciones obreras de corte internacionalista. En 1879 participó como copropietario de una fábrica de mostradores en Onda.
José Polo de Bernabé i Borràs, comerciante, escritor, terrateniente y político, falleció el 4 de octubre de 1889 en Villarreal. Allí, en 1949 se le rindió homenaje erigiendo una estatua a tamaño natural obra de José Ortells en el jardín de la Iglesia de San Pascual. En su mano sostiene unas mandarinas, símbolo de su legado. Una inscripción recuerda su contribución: «Por suscripción popular se ha erigido este monumento como recuerdo del ilustre economista y sabio agricultor que eligió esta ciudad para introducir el cultivo de la mandarina en España.


Por cierto: en su Quartell natal, localidad del Camp de Morvedre (Valencia), tiene una calle en su nombre: «carrer Polo Bernabé». Esta misma calle, como no podía ser de otra manera, también está en Vila-real (también un museo), e incluso hay una plaza en la ciudad de Valencia.

Este artículo está escrito por Marta Landete, colaboradora de Valencia Bonita que es periodista licenciada, directora y redactora de la revista cultural digital Top Valencia, además de ser autora de los libros ¿Cuánto sabes de la Comunidad Valenciana? y ¿Cuánto más sabes de la Comunidad Valenciana?.
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