El 17 de abril de 1871, en la actual plaza de San Vicente Ferrer, tuvo lugar uno de los intentos de atraco más memorables de la historia de Valencia: el intento de asalto a la antigua sucursal del Banco de España.
La sucursal del banco estuvo ubicada en un edificio de dicha plaza. Si bien es cierto que en el plano realizado por Manel Arcos, estudioso del bandolerismo en Valencia y de los hermanos Seguí, se identifica la sucursal con el edificio que actualmente alberga las oficinas de la Diputación de Valencia, no consta que este se usase como banco, pues había sido construido en 1860 como residencia de los marqueses de Valero. En cambio, autores como Julio Cob, dueño de la página Valencia Blanco y Negro, identifican como la sucursal el edificio que hay al otro extremo de la plaza, que corresponde a la imagen que colocamos más abajo.
A pesar de que algunas fuentes identifican como la antigua sucursal el edificio ubicado frente al de la Diputación, al otro extremo de la plaza, nos hemos basado en este caso en el mapa realizado por Manel Arcos, estudioso del bandolerismo en Valencia y de los hermanos Seguí. No hay que confundirse con la posterior ubicación de la sucursal, que a partir de la década de los sesenta del siglo pasado se encontró en la calle Barcas, lugar que ocupa ahora el BBVA.
Cómo fue el asalto:
A las nueve de la noche del 17 de abril, un grupo de bandoleros se atrevió a asaltar la sede del Banco de España en Valencia. Los asaltantes eran, al menos, una decena y estaban liderados por Josep Ramon y Enric Seguí, dos roders valencianos muy temidos en la época.
Los hermanos Seguí formaron parte de las cuadrillas más peligrosas del momento. Eran tres hermanos originarios de Gayanes, en la comarca de El Comtat, al norte de Alicante. El tercer hermano, Camil, no participó por hallarse en la cárcel de Cartagena en ese momento.
Los famosos bandoleros nunca habían delinquido en la capital valenciana, así que concibieron este golpe como el más ambicioso de su carrera. De hecho, el intento de robo fue muy sonado en la prensa de la época por su complejidad y por ser avanzado a su tiempo.
El plan fue ideado dos meses antes. Para acceder a la cámara acorazada, los asaltantes alquilaron un bajo en la entonces plaza de las Barcas (actual entorno de la calle Pintor Sorolla) y excavaron un largo túnel subterráneo que, según la reconstrucción realizada por Manel Arcos, discurría por la calle de la Universidad, pasando por la calle de la Nau, y seguiría por la calle de las Comedias, hasta llegar a la entonces plaza de la Congregación. Allí seguirían excavando una galería hasta la sucursal.

La fecha escogida por los asaltantes coincidía con la festividad de San Vicente Ferrer, para poder aprovechar el ruido que había por las calles y pasar desapercibidos. Todo apuntaba a que sería el plan perfecto; sin embargo, la noche del asalto ocurrió algo que no esperaban.
Sin embargo, las excavaciones no pasaron completamente desapercibidas. Tal y como recogió la prensa de la época, el portero de la sucursal, Santiago Organista, que residía en el edificio, comenzó a escuchar ruidos subterráneos ya en febrero. Tras informar al director, este dio aviso a la Guardia Civil.
Tras el aviso, se colocó un cuerpo de la Guardia Civil de forma permanente en el edificio, que no abandonó la cámara acorazada en ningún momento, desde finales de febrero hasta la noche del asalto. Las Provincias (1871) relató:
«(se) ordenó al sargento primero, alférez graduado, D. José Esplugues, que quedase oculto en el Banco, con algunos guardias, para esperar la llegada de los ladrones, y en la nuche del 28 penetraron á deshora y disfrazados en aquel edificio, para no llamar la atención, permaneciendo en a peí punto hasta anteanoche, esto es. cuarenta y nueve días.»

Llegado el día, los asaltantes ejecutaron el plan, con la sorpresa de que, cuando entraron a la cámara, se toparon con la Guardia Civil, que les esperaba como todas las noches. Lo que siguió fue un intenso tiroteo entre los guardias y los asaltantes, dejando a uno de los asaltantes herido. El resto, sin embargo, pudo escapar, aunque perdió casi todo el dinero en la huida.
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El único detenido fue Josep Torregrossa Borràs, que, sorprendentemente, sobrevivió aun habiendo recibido 21 disparos de bayoneta y arma de fuego. Su confesión permitió identificar y capturar al resto de implicados, recuperando el dinero, aunque parece ser que únicamente el mencionado acabó en la cárcel.

Este artículo está realizado por Eva Genova, guía oficial de turismo y, además, creadora de contenido y propietaria de Valencia más allá (@valenciamasalla), un perfil que habla sobre curiosidades e historia antigua de la ciudad de Valencia. Además, una pequeña parte de él, los resaltados, son un añadido de la redacción para complementar el artículo.
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