Hasta agosto de 2014, los amantes del buceo y del snorkel en la Comunitat Valenciana tenían que ir a Castellón o Alicante para poder disfrutar de bellos fondos marinos. Sin embargo, desde ese año, Valencia no solo contó con un espacio para los submarinistas, sino que también fue pionera en tener en la Malvarrosa el primer arrecife artificial para uso recreativo de España.
En la actualidad (julio de 2025), está operativo y abierto al público, aunque con la concesión caducada desde 2018, por lo que el Ayuntamiento de Valencia trabaja para regularizarlo.
Esta iniciativa surgió desde la Fundación Deportiva Municipal del Ayuntamiento de Valencia en colaboración con el Equipo de Arrecifes Valencia formado por gran variedad de técnicos expertos en varias materias. Entre ellos cabe destacar a catedráticos de la Universidad Politécnica de Valencia, a la academia de buzos profesionales Politsub, al C.A.S Amigos del Buceo, a la Asociación Marina Esplai, y al grupo de biólogos marinos y técnicos deportivos y agentes de turismo coordinados por la directora del proyecto Natividad Domingo García.
La puesta en marcha del arrecife tuvo como objetivo favorecer la regeneración de las playas y preservar la biodiversidad del fondo marino, además de atraer a aficionados del ecoturismo y la práctica del buceo recreativo.
Fue un proyecto que llevó varios meses de trabajo pero sin duda valió la pena. El arrecife artificial, compuesto por tres estructuras de hormigón, no nació en la playa de la Malvarrosa sino que se creó en el fondo de la Marina Real Juan Carlos I para generar un hábitat marino y después fue trasladado.
Las piezas, de entre 18 y 20 toneladas cada una, fueron reflotadas desde su lugar de origen, donde habían fondeado los primeros cuatro meses, hasta la playa a unos 180 metros de la orilla. Para ello fue necesaria la ayuda de 14 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) del Ejército Español coordinados por Óscar Noguera; de Salvamento Marítimo; de la Marina Real Juan Carlos I y del Grupo Especial de Actividad Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil. Y te preguntarás, ¿tanta parafernalia con tales dispositivos?
Fue una operación muy compleja dado el peso de las estructuras y las dos millas marinas aproximadamente (3,2Km) de recorrido. Se llevó a cabo en tres días sucesivos con la ayuda de cuatros globos de aire que elevaron las plataformas de 20.000 kilos a la superficie. Se colocaron a lo largo de un frente que mide alrededor de 200 metros de largo, separadas 100 metros una de otra, a 3,5 metros de profundidad.
Dicha cifra parece corta pero a más profundidad el efecto sobre la playa sería nulo. Si fuese de 15 o 20 metros su función sería únicamente de submarinismo o pesca. Sin embargo, si además de eso se busca que sea un modelo de ensayo para poder aplicarse como barrera de protección de playas tiene que estar relativamente cerca.
Están instalados también pensando en la seguridad de los visitantes: a poca profundidad, cerca de la línea de playa y dentro de la zona delimitada para baño sin tránsito de embarcaciones.
Las piezas de hormigón fueron diseñadas escrupulosamente por el catedrático Pedro Serna de la Universidad Politécnica de Valencia para dotarlas de un cierto atractivo tanto para las personas como para los peces. Uno de los arrecifes tiene forma de ánforas, otro recrea el Oceanogràfic y por último un tercero reproduce los aros olímpicos.
El proyecto ha sido un éxito rotundo. Apenas dos años después de su instalación ya se había observado una notable recuperación de la biodiversidad marina. En la playa de la Malvarrosa comenzaron a verse estrellas de mar, pulpos, bancos de peces y algas, algo impensable en los fondos arenosos de la ciudad antes del arrecife.
Dada la buena acogida del proyecto, el equipo de Arrecifes Valencia inició el diseño de un segundo arrecife con un enfoque más ambicioso: no solo fomentar el buceo y el ecoturismo submarino, sino también proteger el cordón dunar del Parque Natural de la Albufera y estabilizar las playas del sur de Valencia, especialmente zonas en peligro de desaparición como la playa de la Garrofera, que ya mostraba un alto grado de degradación. Asimismo, se proyectó su uso como barrera contra la recesión en playas como El Saler, Pinedo o La Devesa.
Este nuevo arrecife se planteó como parte de una estrategia para revitalizar el turismo en la zona de El Saler, reactivando instalaciones científicas, medioambientales y deportivas. A la vez, se pretendía fomentar la práctica de actividades acuáticas y subacuáticas, con un enfoque más sostenible.
En este proyecto de arrecife artificial en las playas del sur de Valencia (El Saler, Pinedo o la Devesa) trabaja la Universidad Politécnica con el fin de acabar con la regresión que presenta esa parte del litoral. Más detalles en «A 200 metros de la orilla y tres de profundidad: así es el arrecife artificial que València quiere instalar en el litoral sur | Sociedad | Cadena SER«
En julio de 2025, El Ajuntament de Dénia ha iniciado los trámites para instalar el primer arrecife artificial de su litoral. Se ubicaría frente a la playa del Blay Beach, en Les Marines.
Quizá esta sea una solución para llevar a cabo una repoblación natural de tanta flora y fauna que el ser humano con sus intromisiones ha debilitado e incluso ha hecho que se extinga. Deberíamos ser un poco más conscientes del daño que causamos al medioambiente antes de que ya no se pueda hacer nada para remediarlo.
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